Los dos finalmente eran esperados para el almuerzo en casa de sus queridos jóvenes que los recibieron con una mesa llena de los productos de la huerta: la máxima diversidad de ensaladas posibles dada la estación: varias clases de lechuga, cebollas, puerros, chauchas, papas con perejil y huevos, zanahorias tiernas y olorosas, repollo, brócoli y enormes tomates con albahaca, que eran orgullo de los cooperativistas de la Bendición. Todo esto se acompañaba con unas jugosas chuletas de lechón ¡Todo surgido del mismo esfuerzo cooperativo!
Quedó maravillado el cura al ver la mesa mesa servida en esa cocina que día a día se volvía más maravillosa por mano de Flora que le iba agregando cosas propias del habitar. Los estantes nuevos se iban llenando de frascos y latas con dulces y frutas desecadas. También tomates confitados y también transformados en salsa para las otras estaciones. Los aceites que compraban y más y más comenzaban a canjear en la sierra ya por dulces de propia factura. Predominaba el rubio color del durazno en los frascos y le seguían varios matices del dulce de leche pero la ciruela no faltaba tampoco. Todavía era poca la cantidad pero estaban en camino de considerable aumento. Además carneaban pavos, conejos, lechones que eran objeto de canje. Le seguían las botellas del vino regional de las soleadas sierras.
Bernardo y Rosendo estaban muy activos en todo esto con sus familias. Y lo que hay que destacar eran los fines: desterrar toda miseria, enriquecer la pobreza, promover la salud por los buenos y variados alimentos y sobre todo engordar la autoestima con cada nuevo producto añadido. Claro está: el fin último había sido señalado por Tobías y Florencio: el hogar y su plenitud.
"Bien y verdaderamente veo" -dijo Mateo con entusiasmo- que la miseria es producto de la falta de organización cooperativa, medida por el verdadero bien. La predicación en favor de los pobres debe ser llenada de contenido: cómo hacer la promoción humana de los pobres está a la vista porque ya ha sido practicado en el mundo (cooperativismo de la primera Europa) pero que fue cayendo en el olvido conforme las ciudades fueron creciendo junto con la gran industria ¡Qué índole liviana la de los hombres que por un progreso destinado a subvenir a las necesidades demográficas hayan de olvidar todas las artesanías y el habitar que las sostiene!
Para no hablar de la técnica moderna que provoca la esencia del hombre y de la naturaleza -dijo Florencio- según me le explica mi amigo desde Friburgo.
¡Ah tu amigo estudió con Heidegger! -contestó Mateo- Yo le he conocido antes de partir: es mi compatriota, de quien he confirmado no pocas cosas de mi pensamiento regido por la fe.
¿Pero cómo podrá ser tal cosa? -dijo extrañado Tobías- siendo él ateo?
¡Así es sin embargo! -contestó Mateo mientras iba probando cada una de las ensaladas con agradecimiento al creador que todo lo hizo bien- Pero nada hay fuera del Verbo en el universo como sabemos por Dante. Además su padre fue sacristán de la iglesia de Messkirch y él tocaba de niño sus campanas.
Mi amigo con todo tiene un maestro que fue discípulo del gran pensador de este siglo que es una maravilla de precisión y justicia con los pensamientos de cada filósofo y viene avanzando con pies de paloma y por cierto que es católico -dijo Florencio.
¡Buena la tenemos aquí en nuestro rincón! Bien abastecidos de todo podemos navegar hacia el glorioso fin para el cual hemos sido creados -dijo con entusiasmo el cura mientras terminaba con su costilla acompañada con un pan casero hecho por Amelia que era insuperable.
A los postres, un flan casero con el dulce de leche de la Bendición, bendijo y se retiraron a la siesta obligada por el calor que aumentaba por momentos.
Flora recogió todo ayudada por su esposo satisfecha por el agasajo a su querido tío y admirado confesor.
Quedó maravillado el cura al ver la mesa mesa servida en esa cocina que día a día se volvía más maravillosa por mano de Flora que le iba agregando cosas propias del habitar. Los estantes nuevos se iban llenando de frascos y latas con dulces y frutas desecadas. También tomates confitados y también transformados en salsa para las otras estaciones. Los aceites que compraban y más y más comenzaban a canjear en la sierra ya por dulces de propia factura. Predominaba el rubio color del durazno en los frascos y le seguían varios matices del dulce de leche pero la ciruela no faltaba tampoco. Todavía era poca la cantidad pero estaban en camino de considerable aumento. Además carneaban pavos, conejos, lechones que eran objeto de canje. Le seguían las botellas del vino regional de las soleadas sierras.
Bernardo y Rosendo estaban muy activos en todo esto con sus familias. Y lo que hay que destacar eran los fines: desterrar toda miseria, enriquecer la pobreza, promover la salud por los buenos y variados alimentos y sobre todo engordar la autoestima con cada nuevo producto añadido. Claro está: el fin último había sido señalado por Tobías y Florencio: el hogar y su plenitud.
"Bien y verdaderamente veo" -dijo Mateo con entusiasmo- que la miseria es producto de la falta de organización cooperativa, medida por el verdadero bien. La predicación en favor de los pobres debe ser llenada de contenido: cómo hacer la promoción humana de los pobres está a la vista porque ya ha sido practicado en el mundo (cooperativismo de la primera Europa) pero que fue cayendo en el olvido conforme las ciudades fueron creciendo junto con la gran industria ¡Qué índole liviana la de los hombres que por un progreso destinado a subvenir a las necesidades demográficas hayan de olvidar todas las artesanías y el habitar que las sostiene!
Para no hablar de la técnica moderna que provoca la esencia del hombre y de la naturaleza -dijo Florencio- según me le explica mi amigo desde Friburgo.
¡Ah tu amigo estudió con Heidegger! -contestó Mateo- Yo le he conocido antes de partir: es mi compatriota, de quien he confirmado no pocas cosas de mi pensamiento regido por la fe.
¿Pero cómo podrá ser tal cosa? -dijo extrañado Tobías- siendo él ateo?
¡Así es sin embargo! -contestó Mateo mientras iba probando cada una de las ensaladas con agradecimiento al creador que todo lo hizo bien- Pero nada hay fuera del Verbo en el universo como sabemos por Dante. Además su padre fue sacristán de la iglesia de Messkirch y él tocaba de niño sus campanas.
Mi amigo con todo tiene un maestro que fue discípulo del gran pensador de este siglo que es una maravilla de precisión y justicia con los pensamientos de cada filósofo y viene avanzando con pies de paloma y por cierto que es católico -dijo Florencio.
¡Buena la tenemos aquí en nuestro rincón! Bien abastecidos de todo podemos navegar hacia el glorioso fin para el cual hemos sido creados -dijo con entusiasmo el cura mientras terminaba con su costilla acompañada con un pan casero hecho por Amelia que era insuperable.
A los postres, un flan casero con el dulce de leche de la Bendición, bendijo y se retiraron a la siesta obligada por el calor que aumentaba por momentos.
Flora recogió todo ayudada por su esposo satisfecha por el agasajo a su querido tío y admirado confesor.