El primer verano que pasaban en su estancia, y estaban llenos de esperanza. No estaban ellos muy conscientes de qué y si se les hubiera preguntado hubieran respondido: simplemente de estar. En realidad dos jóvenes en tales circunstancias tienen esperanzas en el futuro por las cosas que piensan conseguir. Ellos instintivamente habían eliminado el futuro y las cosas y estaban en el espacio puro -plenos de cosas para habitar- de las personas.
Para ello contaban con el apoyo providencial de dos personas singulares: el tío que les había dado el campo, que ellos no veían como un bien económico o sí lo veían como un oikos cuyo nomos debían aprender medida por medida; y el cura que basado en la pureza de la filosofía cristiana, es decir de su legítima doctrina, partía desde el ser de Dios, desenvolvía las Personas, comprendía la razón de la creación, veía claro el cómo la creatura se asimilaba a su creador y el camino por el cual se volvía hijo legítimo y se santificaba para recibir la herencia.
Muy claro, demasiado claro cuando se lo ve en pureza sin mezcla con el mundo y sus sociedades procedentes de la torre de Babel. Sin embargo adicionalmente la purificación, si ya no es fácil conservarla en la Iglesia, hundida en el mundo, era la tarea propia de la Filosofía y para ello tenían un amigo que había ido a estudiar como tantos a Friburgo (o bien a otras universidades europeas que se llenan de afanosos estudiantes que buscan el saber) y había hallado a un joven profesor ex alumno de Heidegger que ejercía tal obra purificadora en el pensar.
En el mundo había necesidad de reconstruir la riqueza de lo pensado. Fuera del mundo o lejos de sus centros carecía de necesidad perentoria cuando se poseía la doctrina cristiana ya purificada por un sucesor de Scheeben como era el padre Mateo.
¿Qué hacía allá ese cura? Cómo había llegado hasta tan remoto lugar teniendo en cuenta su ciudad natal no tiene explicación para nosotros en esos tiempos en que ocurrió. A veces se ve la mano de la Providencia cuando hay ausencia de plan sistemático.
El hecho es que con sus ojos azules miraba como su casa la azulada sierra sin ser amigo del folkore regional especialmente. La pureza mencionada en la teología que poseía explicaba que estuviera en un lugar puro lejos del mundanal ruido del mundo de la mezcla y de las grandes invenciones mundanas que dentro y fuera de la Iglesia más y más llamaban la vanidad de los hombres.
El hecho es que entre todas las posibilidades que se dan en el mundo una es la del quedarse al margen y habitar sobre la tierra. El Padre Mateo creía que tenía un excelente predecesor en esto de vivir al margen de los centros: Jesús de Nazaret.
Ocurría pues que lejos de las cosas que se apartaban del habitar progresivamente por la expansión orgullosa de la técnica con su necesidad intrínseca de avanzar en el descubrimiento y la operación se desnudaba el descubrimiento del protagonista verdadero: LA PERSONA.
De ello era muy consciente el cura y ese era su laboratorio. Además de sus dos hijos espirituales se le acoplaban el profesor y el médico del pueblo donde se crecía hacia adentro entre pocos y donde los frutos del Espíritu Santo tenían espacio para recibirse: CARIDAD, GOZO Y PAZ.
Nuestros esposos ya no verían un cambio en sus vidas sino un avance hacia lo mismo que no será raro si notamos que así ocurre en las palabras del Verbo en su discurso sacerdotal: TÚ EN MÍ PADRE Y YO EN ELLOS. Parecen Ellos venir sobre quienes saben permanecer.