domingo, 9 de septiembre de 2012

OPERATIO SEQUITUR ESSE

 El drama de estos jóvenes consistió en su consonancia en el ser. Las cosas que los ocupaban eran las del habitar. Flora iba poblando su casa de imaginadas ubicaciones de los enseres y adornos rayanos en una sencillez franciscana. Se había pusto a hacer con una arpilleras unos cuadritos bordados con la sierra y las lomas frente al campo poblado de terneritos que simpemente colgaban de hilos de lana. Rescato muebles y armarios viejos y pintándolos los fue ubicando a satisfacción. En esos días llegaron los baúles y encomiendas por ferrocarril y debieron ir a buscarlos a la pequeña estación volviendo a andar ese camino cerrado por las jarillas en esa mañana donde el azul parecía cosido al montecito. Crepitaban las sierras bajas conforme avanzaban con las cadenciasde la chata Ford. La estación en medio de dos grupos de casas a un lado y otro de la vía, con el clásico almacén de Ramos generales y la agencia postal no sé que en que sueños de intimidades y soledades los hundían.
El jefe de estación los atendió dándoles conversación, propia de quien tiene pocas ocasiones de hablar en las mañanas de su trabajo y ellos respondían con el entusiasmo de quienes ya se sentían miembros del mismo cuadro o personajes de la misma novela. Trazaron todo tipo de vínculos y conversaron de cabritos al asador, pájaros y condiciones del clima propio de la estación que estaba ya llegando. No pudieron ocultar la convrsación sobre la música ante la curiosidad del jefe y despachante de la encomienda:
¿Qué instrumento hay en esa caja? preguntó admirado como vaciando los ojos
Es un armonio, respondió Flora
Al ver la perplejidad del ferroviario pasó a explicarle sus características y cómo era antecesor del piano y la función que tenía con sus pedales y qué tamaño ideal tenía y no mucho peso.
El jefe, que tenía relación con su tío les prometió una visita y ellos lo alentaron con entusiasmo. En esos espacios vacíos los hombres gustan de visitarse y gozan de tales encuentros, en consonancia con las estrellas solitarias que se saludan en la pureza.
Retomaron el camino de vuelta llenos de ansiedad por abrir las encomiendas. Llenos de los aromas fuertes de esos campos llgaron a su casita y con la ayuda de Bernardo y Amelia y la curiosidad de los niños ubicaron todo dentro de la casa y fueron descubriendo el armonio que ubicaron cerca del  ventanal que daba al oeste. Allí nomás se pusieron a limpiarlo y luego todos quisieron ver cómo sonaba tan raro instrumento.
Flora le dio el gusto y tocó unas canciones infantiles que le sonaron muy raras en el lugar. Los niños por cierto quedaron fascinados ante tal novedad que enriquecería su alma providencialmente.
Les llevó bastante tiempo ordenar todo lo recibido, porque había desde ollas d ehierro, barro cocido hasta libros. Cada cosa que ubicaban era como una nota consonante en la sinfonía  del habitar que habían comenzado hacía ya dos meses exactos.
Todo lo que se hacía en esa estancia La Bendición, todas las operaciones eran consonantes con el ser, sin más. En su casa habían sido admitidos hundidos en lo simple, intenso de lo que para siempre y desde siempre quiere ser pensado.

2 comentarios:

  1. No pare de leer, el mundo tiene que conocer su obra profe!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No había visto tu comentario hasta ahora Mariana. Alguien que vivió en Quines es capaz de recibir este mensaje del habitar

      Eliminar