jueves, 14 de junio de 2012

ROBINSON EN PLENITUD

Robinson por accidente llegó a su isla donde éxperimentó lo que habitar y casa son. Flora y Florencio fueron puestos en su soledad por la Providencia conocida de Dios que los llamó al matrimonio. Todo llamado depende del "sí". Providencia no es ni azar ni determinismo. Los que lo saben es porque lo han probado. /Así esa tarde de sus vidas parecería de vacaciones. El día se hizo frío por el viento sur. Bernardo y Rosendo cumplían sus tareas de pastores de ganado. Los niños iban tempranito a la escuelita en sus animales de la tropilla de los bayos. Amelia en su casa ponía orden y calor. Zunilda en la suya en el extremo del campo junto a la represa vieja hacia hogar. Y ellos encontraron en el amplio ventanal de la cocina su oficina, la de su empresa, aquella que descubrió allende los mares Robinson y donde por vez primera y última se descubrió a sí mismo. / Flora ni siquiera tenía el armonio.El presente llenaba esos días con expectativas que se tenían a la mano y que hacían pregustar lo que la voluntad racional quiere y está en la memoria como dado en el acto de la creación ¿Es aquel narrado paraíso? Es un hecho que allí está, descubriéndose como recuerdo de algo perdido y recuperado según aquello que leía Florencio en aquel momento a la vista de la sierra que tomaba color rosado: HODIE ERIS MECUM IN PARADISO. San Lucas sabía mucho de aquel habitar pues había visitado a la Virgen, quien le contó la Navidad ¡Y tuvo que ir a la casa de Juan para ello! Le quedaría de camino si acompañaba a Pablo como secretario. Juan estuvo en Éfeso, el apóstol del habitar, de la morada. Esas "novelas de caballería" llenaban los días de Florencio de claro en claro. Hoy estarás...Y las palabras dichas en tales circunstancias poseen un valor absoluto y sin discusión ¿Qué le iremos a preguntar al Señor crucificado? Su respuesta hoy. /HOY ESTARÁS EN EL PARAÍSO. Florencio veía: aquí estamos hoy contigo. Y se lo comunicó a Flora que estaba cosiendo y preparando al mismo tiempo unos panecillos dulces."Hoy es Flora", decía- "hoy ya, aquí y ahora". Flora escuchaba sin sorpresa esos arranques de su esposo cuyos sentimientos catalanes le eran afines. La sierra ardía como si fuera gaseosa y se consumiera, en un fenómeno de volatilidad sustancial como el del pensamiento puesto en música. Notas purísimas de extensa partitura. La tetera sobre la mesa. No había necesidad de ir a buscar ese día las lecheras. Todo se concentraba en la mansedumbre del habitar. /Robinson no tenía más que laborar dentro de la isla y una vez lista su morada debía ocuparse de gozarla entre las cosas hogareñas del habitar. Sú única distracción o divertimento era la lectura de la Biblia que se había salvado del naufragio ¡Y esa lectura en la unidad de los instantes era fundamental y verdadera! No es lo mismo ler o escuchar en medio de las ocupaciones y del ruido portentoso de las gentes de Londres que ver grabadas las palabras en su alma desocupada, en una soledad sublime frente a las criaturas en estado natural en un tiempo que no se va para adelante sino que no le queda más que la vuelta sobre sí, aconteciendo, simplemente siendo /¡Oh realidad dónde está tu aguijón! Nada hubo que contar cuando fue salvado de su naufragio y en cambio la narración de su estancia en la isla es aquello que intentamos nosotros narrar: el vació lleno. /Florencio salió por fin de la casa, achicó algunos palos con el hacha y los trajo junto a la chimenea, prendio el calefón a leña ya a la nochecita cuando las lucecitas de las poblaciones vecinas se encendían modestamente en la sierra y algunas de muy lejos lucían en la pureza de aquel aire bruñido por los ángeles que dibujaban la lejanía en las nubes del paraíso. Mientras animaba el fuego de su adorado calefón a leña sentía el universo palpitar a su alrededor y recordaba aquello de los primeros pensadores: TODO ESTÁ LLENO DE DIOSES. Y esto, claro está, le acercaba a sus prójimos que estaban en Barcelona, especialmente a su amigo filósofo. La vida de ese fueguito detrás de su casa, frente a la sierra ya oscura, colmaba su existencia. Por encima las luces de su escuadra celestial ya saludaban marcando el camino de esa vía de luz. Y las palabras EGO SUM VIA ET VERITAS ET VITA se clavaban como flechas en el sosiego, del cual allí cerca, en los montes tenía el ejemplo más simple y oligatorio. HODIE ERIS MECUM IN PARADISO.

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