jueves, 7 de junio de 2012
LA NOVELA DEL SER
Qué luz en la mañana eterna! Una helada cayó en la madrugada y cristalizó el agua. El cielo no podía ser más puro y más cielo. La sierra nueva cada día mostraba la inmovilidad, unidad, perfección de la idea. Las vacas pampas eran testigos por su sosiego del paraíso nunca perdido. Los esposos desayunaron y salieron bien abrigados con el objetivo de verse con Tobías. El caminito hasta su ermita los volvió a admirar con la prestancia de los chañares y fortaleza de los algarrobos. Se les antojaba que ese camino era una vía que avanzaba en sentido opuesto a la así llamada civilización y lo sentían como un llamado personal hacia el origen ¿Cuál? Hacia la concentración frente a la diversión, hacia la pureza natural frente a la contaminación, a la meditación fecunda en palabras interiores frente al torrente de los ruidos acumulativos de los estadios, en fin hacia el relieve de las personas frente a la uniformidad de la muchedumbre solitaria.
/Llegaron y cuando el tío los vio venir salió a recibirlos bajo el añoso alcanfor de versátiles hojas. El frío los obligó a entrar y arrimarse al braserito donde gemía una pava para el mate. No había razón para la visita porque nada pasaba ni podía pasar que no fuera alguna pequeña cosita cotidiana de los pocos que allí habitaban como alguno que necesitara ir al médico y necesitar el automóvil. No había tramas ni dramas sino el de la propia existencia que era tan profundo y serio como se podía verificar en la necesidad de tamaño sacrificio como el de la cruz cuya memoria y actualización la misa traía a la vista.
/No había un pequeño drama novelesco sino una tragedia por la cual los hombres pasaban de la muerte vital de sus vidas a la eternidad bienaventurada ¡Y había que esforzarse en la fe para verlo y experimentarlo! ¡Había que atreverse en la fe a tener a Dios como contenido de su alma, como huésped inefable! En ese drama se encontraba por su edad y conciencia el hombre más viejo de la Bendición quien se esforzaba por trazarles el camino a los más jóvenes que inexorablemente debían hacer aquel salto de lo finito a lo infinito.
/El hecho fundamental de la existencia nunca es novelado, en beneficio de las cosas por las cuales los hombres disputan, quienes nunca han escuchado las coplas de Manrique sobre las cuales Cervantes juzgaba que debían ser escritas en letras de oro: “ved cuan pobres son las cosas tras que andamos y corremos pues que antes que muramos las perdemos”. Don Quijote privilegió el hacer y murió cuando concluyó su hacer quimérico mas los libros de caballerías como aventureras hazañas quedaron desacreditadas o desrealizadas. De hecho la novela concluye cuando no hay más qué hacer.
/Ya al final de la Odisea las hazañas quedan depotenciadas frente a la virtud de la prudente Penélope y la mujer en el ser se volverá asunto de los cantos (Dante lo cumplió). Si Ulises dice a Arete que goce de sus virtudes hogareñas (y tal es el hacer interno y sapiencial) mientras viva porque la muerte es el límite o la Moira, el hombre redimido posee sin embargo el camino para pasar aquel límite y habitar en lo infinito dado en el Espíritu y esto exige una experiencia del espíritu, un ejercicio que es ya vida eterna donde lo que sucede no son las cosas sino que acontece el ser. Est Deus in nobis.
/Esta historia insiste en la resonancia del ser y no de las cosas. Por eso las personas toman relieve o relevancia enfrentando su condición existencial. Los jóvenes sintiendo y asintiendo a tal llamado como aquel que por fin aceptó Agustín cuando exclamó: “conozcaos yo conocedor mío porque conociéndote a Ti me conocí a mí”. Los maduros como el padre Mateo conociendo con precisión tal condición de la persona, imagen de las Personas. Los viejos como Tobías haciéndolo, realizándolo en unión presente sin más.
/Ahora esta visita no era por algo sino más bien por nada: para estar cerca las personas con el vínculo de la paz. Y así se sentaron y tomaron mate y su “conversación estuvo en los cielos” como instituyó Pablo en la Iglesia que es un hogar celestial. Aquello hizo en sus encuentros y lo dejó consignado en sus cartas de la cual la más pequeña a Filemón nos revela la novedad absoluta: Onésimo es una persona, otro yo como trinitario, aunque social e históricamente hubiera sido esclavo. Se reveló la caritas y lo que pasó después en la historia de la Iglesia es cuestión de detalle.
/Flora y Florencio no resucitarán la ya olvidada orden de caballería ni la tradición del cristianismo sino simplemente el oculto entre los hechos rimbombantes ser Cristo, ser de Cristo, ser hogar pequeño, ser signos de la Iglesia. Y lo hacían permaneciendo y no planificando acciones. No sabían cuantos ni cuando esto se iba haciendo en el mundo. Ellos respondían a este llamado del cual eran más concientes mientras iban avanzando en el camino hacia el origen. Lecturas para orientarse no les faltaban pero ninguna era definitiva como sí lo era la luz que recibía de quien nos enseña todo por envío del Verbo Divino.
/¡Y qué plenos se sintieron aquella mañana invernal cuando tenían toda la vida por delante para llegar al punto en que su tío estaba ahora, el punto saliente, el punctum saliens de esta historia: lo arduo del tránsito, de la asunción de la gloria viniendo de tan abajo. Es por eso que María fue experimentada por los hombres dispuestos a la gloria como un amparo, un seguro, ante Dios infinito que nos reclama como suyos. El compartirlo con su tío era una verdadera bendición para ambos: para su tío que halló una compañía filial, para ellos que encontraron un paradigma en momentos tiernos. Y estaba esa estancia que era el soporte material, el sustento que se llamó con toda justicia “La Bendición”:
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