Nuestras sierras son las verdaderas protagonistas de esta novela (que si ya no nivola debería llamarse nuvola) y su aptitud era infinita en intensidad y nula en argumento sucesivo.
La nuvola tiene un solo capítulo pues no es numerable en su viaje circular o tiempo sagrado de la navidad a la pascua y desde la pascua a la navidad, tiempo que alguna vez se ha vivido y no en un cuento.
Bajo este ritmo sagrado una vez vinieron dos mujeres arriba de nuestro pueblo junto a la loma y se compraron un campo a pagar por mes por cargo de sus respectivos padres a quienes el precio les pareció ridículo por lo ingenuamente barato ¡Así eran todavía aquellos tiempos ajenos al turismo!
Los viejos que les vendieron se lo mostraron de a caballo con gran entusiasmo de vendérselos a ellas cuando le dijeron para qué lo usarían: ¡para alabar y servir a Dios! Ellos eran de aquellas familias serranas que sólo sabían leer para leer la historia sagrada simplificada: así se llamaban Cristeto, Bersabé, David, Ezequiel, Esteban.
Ancianos ya vivían más cerquita del pueblo y recibirían una platita que les alcanzaría para el final de su existencia llevada a su fin por la mano inteligente y buena de nuestro médico, el Dr. Boniface, al cual por cierto adoraban.
Cristeto las recibió con alegría a estas mujeres alabadoras y a caballo recorrieron todo el campo por lo menos a lo largo. Pero no hasta el fin ¡porque llegaba hasta el filo mismo de la sierra! Campos antiguos pasados de generación en generación: en este caso un pedazo de sierra entero.
Las mujeres, que se llamaban Inés y Mariana, no cabían en sí de gozo y sentían a cada paso el temor de les fuera arrebatado por algún imprevisto ¡Tan apto era para su intención laudatoria!
No fue así porque la familia serrana a nadie se lo hubieran vendido al conocer precisamente el motivo que tenían nuestras jóvenes mujeres. Se cree que la vida sigue y las personas se encuentran por algún negocio y luego se separan para siempre como si no se hubieran visto jamás. No así en este caso pues ambas partes conocían al autor de sus vidas y como a todos y a cada uno les esperaba un sitio junto al Padre celestial donde gozarían, amarían y alabarían eternamente, mientras dduraron sus vidas los acompañaron.
A los serranos nada se les había dado en sus vidas de las glorias mundanas porque nunca conocieron más que la maravillosa sierra que llena de toda vida brillaba indeciblemente entre bosques, hierbas aromáticas y arroyuelos en tardes y mañanas
Las mujeres que venían de la gran ciudad en poco la tendrían en adelante pues se consagrarían a alabar, habiendo sabido que la esencia humana estaba en su origen determinada por tal fin: la alabanza de la gloria. Y sin dejarse engañar, pues habían estudiado Santo Tomas en su tratado sobre la Caridad, sabían que así servirían perfectamente a su santo nombre y a todos y sobre todo a cada persona que debía despertar del olvido del paraíso que significó el mundo de "los desterrados hijos de Eva".
Lo primero es el AGAPO, el recibirlo. Tal es el reino y lo demás es añadidura. Ellas habían sido llamadas a ello y seguras caminaron hasta su montaña.
Entonces se dedicaron a construir una habitación cocina y a elaborar la regla de su congregación o asociación de fieles y lo primero que las mantuvo en esto ocupadas era el saber qué nombre se pondrían. En ello pasaron el primer mes mientras dirigían a una familia de albañiles que comenzaron a levantar las paredes delante de un extenso cuadro de chilcas a un lado de la loma que por entonces poseía ya en su cima una cruz que coronaba un via crucis.
¡Hay que experimentar siendo joven lo que es el comienzo de algo tan sencillo pero pleno como es el tener a solo Dios como meta! Es como ir en espíritu hacia el horizonte que se ve desde las laderas sentado frente a alguna de las cuevas que tenían pastores antiguos en una mañana como ellas habían experimentado ya. Se mira y se mira y arrasado por lo visto no encuentra límites claros aunque es bello y más bello en el transcurso del mirar.
He aquí que ellas poniendo, quitando y añadiendo al fin decidieron llamarse hermanitas de la paz nombre que les sonaba de maravillas, mientras anhelaban concluir la obra de su casita elemental donde brillaban los molles en el viento que cada tarde baja de la sierra encendiendo el alma con un "no sé qué que se alcanza por ventura".
Al lado descendía presurosa el agua de una acequia aunque ellas, ayudadas por una familia cercana de lugareños la tomarían de una fuente o manantial de los muchos que había en esas verdes soledades rocosas.
Sí, en un mes se dio cabo a la obra y se comenzó la construcción de un pequeña y sencillísima ermita bajo un grupito de molles un poco más abajo junto a la acequia. La ermita sería para "hacer desierto" aunque estaban en un desierto, bien que ameno y gratuito. Porque las gentes prefieren las ciudades o babilonias que no sin motivo han existido desde antiguo. Si hizo falta penitencia para Nínive cuanto más, pensaban ellas, se requería ahora penitencia de alabanza ante tantos bienes que deben ser bebidos de la fuente de la gracia viva den la Iglesia.
Así cerca de nuestros personajes se erigía este templo a la sencillez de la paz ¡Y a fe que aunque ellas no lo sabían habían de encontrarse con una ayuda fundamental para su empresa laudatoria!
El cura alemán de nuestro pueblito les vendría como anillo al dedo y nuestro matrimonio les sería familia en cuanto los conocieran, cosa que no tardaría pues la Misa daría la perfecta ocasión.
La providencia es la razón que conduce todo hacia el fin.
La nuvola tiene un solo capítulo pues no es numerable en su viaje circular o tiempo sagrado de la navidad a la pascua y desde la pascua a la navidad, tiempo que alguna vez se ha vivido y no en un cuento.
Bajo este ritmo sagrado una vez vinieron dos mujeres arriba de nuestro pueblo junto a la loma y se compraron un campo a pagar por mes por cargo de sus respectivos padres a quienes el precio les pareció ridículo por lo ingenuamente barato ¡Así eran todavía aquellos tiempos ajenos al turismo!
Los viejos que les vendieron se lo mostraron de a caballo con gran entusiasmo de vendérselos a ellas cuando le dijeron para qué lo usarían: ¡para alabar y servir a Dios! Ellos eran de aquellas familias serranas que sólo sabían leer para leer la historia sagrada simplificada: así se llamaban Cristeto, Bersabé, David, Ezequiel, Esteban.
Ancianos ya vivían más cerquita del pueblo y recibirían una platita que les alcanzaría para el final de su existencia llevada a su fin por la mano inteligente y buena de nuestro médico, el Dr. Boniface, al cual por cierto adoraban.
Cristeto las recibió con alegría a estas mujeres alabadoras y a caballo recorrieron todo el campo por lo menos a lo largo. Pero no hasta el fin ¡porque llegaba hasta el filo mismo de la sierra! Campos antiguos pasados de generación en generación: en este caso un pedazo de sierra entero.
Las mujeres, que se llamaban Inés y Mariana, no cabían en sí de gozo y sentían a cada paso el temor de les fuera arrebatado por algún imprevisto ¡Tan apto era para su intención laudatoria!
No fue así porque la familia serrana a nadie se lo hubieran vendido al conocer precisamente el motivo que tenían nuestras jóvenes mujeres. Se cree que la vida sigue y las personas se encuentran por algún negocio y luego se separan para siempre como si no se hubieran visto jamás. No así en este caso pues ambas partes conocían al autor de sus vidas y como a todos y a cada uno les esperaba un sitio junto al Padre celestial donde gozarían, amarían y alabarían eternamente, mientras dduraron sus vidas los acompañaron.
A los serranos nada se les había dado en sus vidas de las glorias mundanas porque nunca conocieron más que la maravillosa sierra que llena de toda vida brillaba indeciblemente entre bosques, hierbas aromáticas y arroyuelos en tardes y mañanas
Las mujeres que venían de la gran ciudad en poco la tendrían en adelante pues se consagrarían a alabar, habiendo sabido que la esencia humana estaba en su origen determinada por tal fin: la alabanza de la gloria. Y sin dejarse engañar, pues habían estudiado Santo Tomas en su tratado sobre la Caridad, sabían que así servirían perfectamente a su santo nombre y a todos y sobre todo a cada persona que debía despertar del olvido del paraíso que significó el mundo de "los desterrados hijos de Eva".
Lo primero es el AGAPO, el recibirlo. Tal es el reino y lo demás es añadidura. Ellas habían sido llamadas a ello y seguras caminaron hasta su montaña.
Entonces se dedicaron a construir una habitación cocina y a elaborar la regla de su congregación o asociación de fieles y lo primero que las mantuvo en esto ocupadas era el saber qué nombre se pondrían. En ello pasaron el primer mes mientras dirigían a una familia de albañiles que comenzaron a levantar las paredes delante de un extenso cuadro de chilcas a un lado de la loma que por entonces poseía ya en su cima una cruz que coronaba un via crucis.
¡Hay que experimentar siendo joven lo que es el comienzo de algo tan sencillo pero pleno como es el tener a solo Dios como meta! Es como ir en espíritu hacia el horizonte que se ve desde las laderas sentado frente a alguna de las cuevas que tenían pastores antiguos en una mañana como ellas habían experimentado ya. Se mira y se mira y arrasado por lo visto no encuentra límites claros aunque es bello y más bello en el transcurso del mirar.
He aquí que ellas poniendo, quitando y añadiendo al fin decidieron llamarse hermanitas de la paz nombre que les sonaba de maravillas, mientras anhelaban concluir la obra de su casita elemental donde brillaban los molles en el viento que cada tarde baja de la sierra encendiendo el alma con un "no sé qué que se alcanza por ventura".
Al lado descendía presurosa el agua de una acequia aunque ellas, ayudadas por una familia cercana de lugareños la tomarían de una fuente o manantial de los muchos que había en esas verdes soledades rocosas.
Sí, en un mes se dio cabo a la obra y se comenzó la construcción de un pequeña y sencillísima ermita bajo un grupito de molles un poco más abajo junto a la acequia. La ermita sería para "hacer desierto" aunque estaban en un desierto, bien que ameno y gratuito. Porque las gentes prefieren las ciudades o babilonias que no sin motivo han existido desde antiguo. Si hizo falta penitencia para Nínive cuanto más, pensaban ellas, se requería ahora penitencia de alabanza ante tantos bienes que deben ser bebidos de la fuente de la gracia viva den la Iglesia.
Así cerca de nuestros personajes se erigía este templo a la sencillez de la paz ¡Y a fe que aunque ellas no lo sabían habían de encontrarse con una ayuda fundamental para su empresa laudatoria!
El cura alemán de nuestro pueblito les vendría como anillo al dedo y nuestro matrimonio les sería familia en cuanto los conocieran, cosa que no tardaría pues la Misa daría la perfecta ocasión.
La providencia es la razón que conduce todo hacia el fin.
corrección: "ES ASÍ QUE MIENTRAS DURARON SUS VIDAS LOS ACOMPAÑARON"
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