miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA FIRMEZA DE FLORENCIO

La carta que Florencio escribió a sus padres fue la siguiente: Queridos padres: Mis estudios agrícolas se pueden llevar a la práctica en estas tierras de gandes extensiones. Varios centenares de cabezas de ganado aquí a nadie llaman la atención porque ha sido y es un país de grandes estancias. Nosotros estamos en una zona modesta, encerrada entre sierras y que no pertenece al núcleo de la zona más productora. Pero tiene en cambio  un encanto propio y puede albergar cantidad suficiente de vacas y novillos de invernada que después se venden a campos de engorde.
Yo, como sabéis, inserto aquí mi plan de autoabastecimiento que le hará ahorrar a los empleados (dos familias) gran parte de su salario, que se duplica o triplica cuando vendamos los frascos de dulce. Porque habéis de saber que es zona donde acuden muchos de las ciudades en sus vacaciones y por razones de salud. Las sierras son benéficas en esto: clima seco pero no con exceso, hay mucho sol pero mucha sombra y muchos arroyos. ¡Sí que en nuestra estancia se puede cabalgar sin ver a nadie que no sean vacas o tropillas de caballos y miles de pájaros.! Si es mucho el trabajo es totalmente regulable, porque ni nadie nos corre ni nos dejaremos apurar por nadie. Ni queremos más de lo que necesitamos ni necesitamos más de lo que nuestro trabajo gozoso sea capaz de producir. En la medida en que veamos nuestras legumbres frescas, nuestros animales de granja de los cuales podamos echar mano para nuestras comidas sin ir a comprarlos no será la cantidad de nustras necesidades sino la calidad de lo que consumamos lo que cuenta ¡Yo pienso en sembrar peces en nuestro laguito y combinar mejor nuestra dieta todavía! Tengo sembrados canteros de la A a la Z. Creo que nuestro ejemplo puede cundir entre nuestros vecinos que hacen cosas parecidas pero sin método alguno.
Bueno todo esto me tiene ocupado y aún entusiasmado pero la vida delante de estas sierras me mantiene fascinado, junto con el habitar en nuestra casita que será objeto de ampliaciones en su momento adecuado. Allí vamos pero aprendiendo a vivir en un presente que no depende del futuro sino del estar. Por cierto que no olvidamos nuestra vida que hemos vivido en nuestros hogares. Esta abierta la puerta para que nuestra vida antes y ahora se fije en el habitar al cual  os invitamos. Dios es quien abre los caminos y los ilumina. Yo comencé mi matrimonio con Flora en su camino eclesial: hemos asumido un sacramento y tenemos asistencia en esto. Aquí cerca está nuestra parroquia y como el Señor es nuestro pastor nada nos puede faltar. Les mando un grande y nostálgico abrazo pidiendo que estas líneas sean ligaduras que nos mantengan junto a vosotros y a vosotros aquí en la Bendición. Florencio. 

LA NOSTALGIA

Flora escribía de manera fluída, como se habla, como si fuera al dictado, a la manera mallorquina, ligera como era su alma. Decía: "Querida mamá: Ya estamos aquí muy cerca del verano en pleno tiempo de Adviento, que aprovechamos muy bien gracias al padre Mateo, el cual dice de la Iglesia lo que su maestro de Colonia: es viva y temporaliza la eternidad. Bueno esto lo repito ya que es arduo. Pero me es muy grato escuchar a mi esposo y a tu hermano Tobías meditar en mi cocina acerca de lo que ellos dicen  es lo más digno de ser pensado. Llegó mi armonio con el resto de las cosas, entre las cuales me he apresurado a usar las ollas de hierro que son tan imprescindibles como las meditaciones porque o bien abren las sesiones o bien las cierran. Sobre todo para el tío me son útiles porque en base a nostalgias familiares, al reconocer los sabores come con gusto porque está hecho un anacoreta completo y sólo se distrae con nosotros. Lo cuidamos bien y él a nosotros nos sumerge en nuestras raíces con narraciones que ensanchan nuestras vidas y salvan ese pasado que los de hoy van pisando más y más.
Sé que papá está bien y que me extraña y que no vale decirle que lo amo porque no se lo puedo demostrar, salvo en el hecho de que amo a mi esposo y lo veo en él y a ambos en el Padre celestial. Un día esto se juntará y la felicidad será plena. Aquí tenemos una cosa y no tenemos otra. Papá debería haber tenido otra hija y religiosa. Pero sería aún peor porque estaría más abosrbida en su amor. Te tiene a tí y eso es tener lo más hermoso, mamá. Yo te tengo junto a mí en cada tarea en esta mi cocina y espero que algún día no muy lejano la conozcan. También a mi potranca con su potrillo y a mis lecheras. El huerto viene a todo verano verdeciendo y dejando lo efímero de sus flores, que llenaron mis floreros estas semanas. Florencio ya tiene la cooperativa en marcha y va en pos del autoabastecimiento, que dice él, le dará la victoria sobre el mundo, por seguir a Jesús. Veremos lo que Dios vaya indicando en lo que al futuro respecta porque el presente solo es nuestro y suya la eternidad.
                                            Un abrazo a papá, a mis hermanos y a tí mi corazón. Firmado: FLORA.

martes, 11 de diciembre de 2012

EL TIEMPO ERA DE ELLOS

La vuelta a su estancia fue cosa de media hora con el armonioso Ford y fue a la hora del atardecer. Venían conversando animadamente con el tío Tobías de la conversación iniciada en “A LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO”. Los había tocado el asunto de la novela contemporánea.
“Tío, dijo Florencio, creo que estamos en la cosa aquí en la Bendición, pero no queremos que se nos escape el tiempo que empezábamos a ver  que sucedía en la ciudad europea”.
“¡Sí pero nosotros fuimos educados por el mar mediterráneo donde está el secreto del tiempo!” dijo  Tobías sentencioso, quien se iba a internar en su ermita a rumiar la Misa como siempre hacía. Ese hacer memoria suya y comer el pan de vida transformándose en Él no lo podía dejar pasar sino hacerlo concentrar con la horas que durante treinta años había atesorado en el campo.
“Aquí está el secreto del tesoro escondido: compramos el sitio donde está enterrado” contestó Florencio entusiasmado.
“Aprendimos allá en el mar de Homero y él nos hizo venir a enterrar el remo” dijo a su vez el tío.
Tobías había avanzado en la posesión de ese tesoro que ahora aumentaba compartiéndolo con los jóvenes que le brindaban gran consuelo en tanto los veía crecer hacia el fundamento de la verdad.
 Era la piedad, era la Iglesia como gran sacramento que le proporcionaba tal plenitud. Eran las palabras de San Pablo que habían hecho camino por varias décadas. Era la gracia aprovechada en la simplicidad. Es decir el mar de San Pablo y el de Homero. Mientras se llenó la cabina del Ford con tanta solemnidad llegaron y Flora se bajó a abrir la tranquera, cosa que le encantaba.
Ahora, ya en la casa,  después de saludar con afecto a sus sobrinos se entró por el sendero del monte para alcanzar su ermita. Ellos lo llenaron de cálidos abrazos de consuelo.
Florencio dejó a Flora en la casa y dio una vueltita por la huerta y vio si estaban encerrados los terneros. Todo estaba en orden y la familia grande se había ido de paseo con perros y todo en la jardinera.
Revisar los sembrados pareció necesario pero, más aún, era un hábito gozoso que llenaba su alma de belleza. Los canteros ya brotados y en orden producían paz. Mientras tanto Flora preparaba las cosas de su casa y disponía la modesta colación y cuando todo estuvo listo cada uno se puso a hacer una tarea en la gran mesa de la cocina pero muy cerca uno del otro como si no quisieran perder ni un minuto para “estar” y respirar el mismo aire.
Como era domingo escribieron respectivas cartas a sus padres al modo paulino para acercar lo lejano y poner un punto de encuentro: aquel que el Señor les prometía en comunión y que todos debían ejercitar con buena voluntad. Sólo ella, la buena disposición, podía aportar lo imprescindible para la existencia: la paz.
Las sierras venían a su encuentro y se bebieron el zumo intenso del ocaso. En silencio dejaron que la noche cayera sobre ellos y los arrebatara con su enorme procesión de estrellas. Ellos no temían aquella pluralidad de luces palpitantes. Estaban incluidos cada noche y vivían el misterio y en el misterio que Pablo llamó “misterio de la piedad”. Allí más adentro y más cerca cada día  sus personas integraban el matrimonio que hacía cinco meses habían contraído y parecía ya de toda una vida, quizás por la sensación de profundidad del sendero estelar que tenían ante sí en la soledad de aquel campo bendito.
La conversación final  e integral del lecho cerraba el círculo del día donde dos se hacían uno en la serenidad suave del espíritu que recibe al Espíritu.

jueves, 6 de diciembre de 2012

DOMINGO VERDADERO

La reunión en la amplia cocina del cura entre el médico y el profesor del pueblo a más de provechosa para los esposos era en sí misma una posibilidad humana que se dejaba fluir en aquella paz de ese lugar donde lo simple y siempre nuevo y donado de nuevo acaecía en ese tiempo pleno: el camino de conversación. Ninguno de los allí presentes tenía puesto corazón fuera de aquel modesto lugar serrano y sin embargo la humanidad se realizaba en la medida en que ellos eran beneficiarios del habitar. Hasta el cura había sacudido de sí aquel impulso a la predicación extensiva para ingresar en la predicación intensiva. Entendía él que cuando Jesús dijo: id y predicad por todo el mundo...no había dicho que cada predicador se fuera incesantemente por todo lo mundo cambiando de sitio sino que cada uno cubríría un sector de esa extensión y allí haría morada haciéndose él mismo morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos los que tomaban el mate en esa cocina en aquel domingo tenían eso en común, lo cual no era poco porque los hombres tienen esto por falta de perspectiva y contrario a una naturaleza humana que consistente en el ser otro y el estár siempre más allá del lugar donde habita terminaría con ella misma.
Lo demás lo hacían las sierras que parecían adelantarse con sus cañadas y lomas a darles un abrazo que los incluía en su dulce misterio que no es otro que el de la ccercanía
Cuando cada uno volvía a su casa sentía esta mutua pertenencia bajo este amparo. Vivamente daba muestras la sierra de este misterio de comunión, misterio de cercanía que Jesús había ejercitado en su propio hogar treinta años.