¡Cómo llegaron a su casa donde los aguardaba la intimidad! Libres posesores de sí mismos por la locura o ingenuidad de la fe luego de recibir el sacramento del perdón se sumergieron en su cocina, prendieron la cocina y dejaron que avanzaran las sombras por los senderos del monte mirando la llama de amor viva o el cauterio suave con que se despedían las cumbres de las montañas.
Uno se podría preguntar de qué tenían que pedir perdón. Violando el secreto de confesión podemos decir que quien se entrega con esa fe gratuita al tribunal de la penitencia y se pone ante el redentor le confiesa su distracción con respecto a Él, su falta de fe, de esperanza y de caridad, su pensar en las cosas finitas y no en Dios infinito agradeciendo su abajamiento, su cercanía, su servicio, los misterios de su humanidad donde se entrega a nosotros. Ellos tan jóvenes no tenían en verdad desvíos ni amenazas ni temores ante vejez o enfermedad ya que veían lejos todo lo que debilita a los hombres pero sí corrían el riesgo de creerlo todo fácil y brillante en el oro de sus días juveniles y sobre todo creerse autosuficientes.
Además ya sabían los efectos salutíferos de la gracia sacramental cuando se entregaban a quien nos sostiene en la existencia y nos eleva en esperanza a su seno de gloria. Los signos de la gloria que poseían ante sí no debían satisfacerlos de modo que dejaran el camino hacia Dios. Porque eso sí habían amado aquel comienzo de las Confesiones que dice: SEÑOR NOS HICISTE HACIA TI Y NUESTRO CORAZÓN ESTÁ INQUIETO HASTA QUE NO REPOSE EN TI.
En aquella plenitud soledosa sonaban aquellas palabras con una precisión y claridad perfecta. Y además hay que agregar: vivían otro sacramento como si lo inauguraran: el sacramento del matrimonio. Esto es, el sacramento obra lo que significa ¿Qué? La unidad de Cristo con la Iglesia, de Dios con la humanidad. Experimentaban en su unión aquello para lo cual hemos sido hechos: ser sus hijos en el Hijo de su amor.
Esa cocina era su templo y el arroz que preparó Flora en su sencillez era "punto menos que la gloria". Y cada vez que llegaba la hora de recogerse al lecho matrimonial la cercanía era máxima y sobre todo el tiempo volvía sobre su unión y se hacía pleno bajo la galaxia que los incluía en su viaje.
Uno se podría preguntar de qué tenían que pedir perdón. Violando el secreto de confesión podemos decir que quien se entrega con esa fe gratuita al tribunal de la penitencia y se pone ante el redentor le confiesa su distracción con respecto a Él, su falta de fe, de esperanza y de caridad, su pensar en las cosas finitas y no en Dios infinito agradeciendo su abajamiento, su cercanía, su servicio, los misterios de su humanidad donde se entrega a nosotros. Ellos tan jóvenes no tenían en verdad desvíos ni amenazas ni temores ante vejez o enfermedad ya que veían lejos todo lo que debilita a los hombres pero sí corrían el riesgo de creerlo todo fácil y brillante en el oro de sus días juveniles y sobre todo creerse autosuficientes.
Además ya sabían los efectos salutíferos de la gracia sacramental cuando se entregaban a quien nos sostiene en la existencia y nos eleva en esperanza a su seno de gloria. Los signos de la gloria que poseían ante sí no debían satisfacerlos de modo que dejaran el camino hacia Dios. Porque eso sí habían amado aquel comienzo de las Confesiones que dice: SEÑOR NOS HICISTE HACIA TI Y NUESTRO CORAZÓN ESTÁ INQUIETO HASTA QUE NO REPOSE EN TI.
En aquella plenitud soledosa sonaban aquellas palabras con una precisión y claridad perfecta. Y además hay que agregar: vivían otro sacramento como si lo inauguraran: el sacramento del matrimonio. Esto es, el sacramento obra lo que significa ¿Qué? La unidad de Cristo con la Iglesia, de Dios con la humanidad. Experimentaban en su unión aquello para lo cual hemos sido hechos: ser sus hijos en el Hijo de su amor.
Esa cocina era su templo y el arroz que preparó Flora en su sencillez era "punto menos que la gloria". Y cada vez que llegaba la hora de recogerse al lecho matrimonial la cercanía era máxima y sobre todo el tiempo volvía sobre su unión y se hacía pleno bajo la galaxia que los incluía en su viaje.
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