domingo, 3 de febrero de 2013

PRIMAVERA Y ADVIENTO

Después de una primavera promisoria por ciertas lluvias oportunas el verano vendría potente. Ellos veían las copas de los árboles completa como un milagro ya que muchos fueron plantados por ellos mismos como las legumbres sembradas que ya estaban algunas listas para aprovecharlas en la mesa, como los rabanitos, la lechuga arrepollada, la acelga y la espinaca. Por cierto tenían perejil y orégano y cebollín de aumento. Flora no podía creerlo cuando hizo su primera cosecha e hizo una canasta con todo. Mejor dicho creía tocar el cielo sumida en el prodigio de algo tan sencillo que los mercados cosifican. A la llegada de Florencio del campo le mostró la primera cosecha:
"Mira esta canasta. Me he anticipado a cortar lo que veníamos vigilando día tras día. ¿No es algo mágico?" dijo Flora entusiasmada.
"Bueno, ya has sido tú la primera, una Flora, verdadera ¡Es digno de admirarse aunque uno lo vea muchas veces! Yo no muchas: unas pocas en la escuela ya que enseguidita me raptó una profesora de música ahora granjera!", contestó Florencio.
"Sí y te conservo en esta prisión entre montañas y montes fragantes arreando vacas", decía ella.
"Lejos del mundanal ruido y escuchando tu voz ya que ni el armonio tocas entre tantas tareas", decía él
"Si porque debo alimentar a un hambriento y hacer dulce de leche, flan, islas flotantes con la leche ordeñada por mí, con los huevos que también colecciono" decía ella con orgullo.
"Y yo te traigo la leña y te siembro y construyo el gallinero eligiendo la raza ponedora" contestaba él satisfecho, "¿pero qué has hecho hoy para un jinete a quien la cabalgata le ha despertado el apetito?"
"Verás lo más simple: lo que aquí llaman costeletas con una ensalada de papas y huevos duros con nuestro perejil y nuestra mayonesa con el aceite de oliva del valle y mucha lechuga colorada con rabanitos", contestó ella.
Él creyó desmayarse de la emoción y se fue a preparar para recibir tal banquete que la enjundia simple del hogar brindaba.
"Ah y tú alístate que a la tarde iremos al pueblo a hacer algunas compras y a recoger cartas" le dijo apresuradamente mientras se dirigía a refrescarse.
Así vivieron el primer Adviento de su matrimonio con la expectativa del crecimiento de sus plantas y la cosecha de su huerta mientras ellos iban creciendo espiritualmente junto a su director espiritual, sacerdote que hacía visible al Señor. Así como debe ser.

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