martes, 13 de mayo de 2014

NUEVA JUSTIFICACIÓN DEL AUTOR

La conversación fue en los cielos como era en los destinatarios de las epístolas de San Pablo que les habla como bajo el cielo y así les avisa cómo hablar. No es el lenguaje de las cosas cósmicas. Este cielo se había abierto para Esteban cuando él todavía era ciego y sordo para aquel Verbo que luego le hablara tan vivamente.
Así sus epístolas se dirigían a cada uno de los hombres que quisieran recibirlas y a los cuales el mismo cielo se les abriría, pulsados por las expresiones del Apóstol de los gentiles. Función clara de las palabras sean cósmicas o celestiales y nunca vuelven vacías sin alcanzar el blanco en cuanto tales.
Ahora en estos días las narraciones de la Pasión sin embargo tenían la total atención: cada hecho, cada palabra resonaba en la casa de estos jóvenes cuya educación literaria ayudaba a sentir en ellas la presencia precisa de los protagonistas de lo sucedido en aquella pascua de los judíos. Y aquí sobran las palabras y hablan los hechos cuando es Dios hecho hombre quien es el centro de ellos ¡Y desde dónde habla el Verbo sus palabras finales! ¡Cómo para desoírlas!
Era muy sencilla la vida que llevaban Florencio y Flora y llena de aquello nutritivo que descendía de lo que es lógico para el tiempo que se vivía en el orbe y en la urbe. Ahora bien, el verlo en las praderas con sus pastos maduros y en los montes de árboles señoreados por la luna pascual era cosa no tan extendida.
Pero no estaban tan solos como para no comunicar con las dos familias del campo con quienes estaban entrelazados en mil pequeñas tareas donde participaban también los niños sobre quienes Flora derramaba toda la dulzura de su alma.
No olvidamos a don Tobías quien sin embargo vivía en el olvido de todo lo creado y hacía memoria del creador y se estaba al amado amando, como escribió San Juan de la Cruz ¿Pero cómo recordar lo que no ha visto aún? Hay una cierta connaturalización con el cielo pues para ello hemos sido destinados y de ello hay que hacer memoria. Allí veremos que era también nuestro origen. Además su esposa allí estaba y lo esperaba.
No ver en este caso no implica no saber: la fe junto con la esperanza ejercitadas con el amor de Dios da buen resultado según la experiencia bi milenaria de la Iglesia.
Debo explicar esto a mis lectores pues lo que era gracia divulgada antes del progreso  hoy es “olvidada”.
Él se llegaba en algunos momentos hacia sus sobrinos y participaba de la liturgia de estos días santos. Nada extraño hay en las conductas de la divulgación de la gracia expandida contra la cual había hecho gran fuerza la modernidad imbuida del progreso.

El lugar de esta historia los eximía de las consecuencias de tal ensayo liberador en el cual estaban implicados los hombres urbanos que al ver más las obras de sus manos iban ganando en visión científica y lo que en esto los volvía ahitos les privaba del saber absoluto de la fe invidente. 

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