La conversación fue
en los cielos como era en los destinatarios de las epístolas de San Pablo que
les habla como bajo el cielo y así les avisa cómo hablar. No es el lenguaje de
las cosas cósmicas. Este cielo se había abierto para Esteban cuando él todavía era
ciego y sordo para aquel Verbo que luego le hablara tan vivamente.
Así sus epístolas se
dirigían a cada uno de los hombres que quisieran recibirlas y a los cuales el
mismo cielo se les abriría, pulsados por las expresiones del Apóstol de los
gentiles. Función clara de las palabras sean cósmicas o celestiales y nunca
vuelven vacías sin alcanzar el blanco en cuanto tales.
Ahora en estos días
las narraciones de la Pasión
sin embargo tenían la total atención: cada hecho, cada palabra resonaba en la
casa de estos jóvenes cuya educación literaria ayudaba a sentir en ellas la
presencia precisa de los protagonistas de lo sucedido en aquella pascua de los
judíos. Y aquí sobran las palabras y hablan los hechos cuando es Dios hecho
hombre quien es el centro de ellos ¡Y desde dónde habla el Verbo sus palabras
finales! ¡Cómo para desoírlas!
Era muy sencilla la
vida que llevaban Florencio y Flora y llena de aquello nutritivo que descendía
de lo que es lógico para el tiempo que se vivía en el orbe y en la urbe. Ahora
bien, el verlo en las praderas con sus pastos maduros y en los montes de
árboles señoreados por la luna pascual era cosa no tan extendida.
Pero no estaban tan
solos como para no comunicar con las dos familias del campo con quienes estaban
entrelazados en mil pequeñas tareas donde participaban también los niños sobre
quienes Flora derramaba toda la dulzura de su alma.
No olvidamos a don
Tobías quien sin embargo vivía en el olvido de todo lo creado y hacía memoria
del creador y se estaba al amado amando, como escribió San Juan de la Cruz ¿Pero cómo recordar lo
que no ha visto aún? Hay una cierta connaturalización con el cielo pues para
ello hemos sido destinados y de ello hay que hacer memoria. Allí veremos que
era también nuestro origen. Además su esposa allí estaba y lo esperaba.
No ver en este caso
no implica no saber: la fe junto con la esperanza ejercitadas con el amor de
Dios da buen resultado según la experiencia bi milenaria de la Iglesia.
Debo explicar esto a
mis lectores pues lo que era gracia divulgada antes del progreso hoy es “olvidada”.
Él se llegaba en
algunos momentos hacia sus sobrinos y participaba de la liturgia de estos días
santos. Nada extraño hay en las conductas de la divulgación de la gracia
expandida contra la cual había hecho gran fuerza la modernidad imbuida del
progreso.
El lugar de esta
historia los eximía de las consecuencias de tal ensayo liberador en el cual
estaban implicados los hombres urbanos que al ver más las obras de sus manos
iban ganando en visión científica y lo que en esto los volvía ahitos les
privaba del saber absoluto de la fe invidente.
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