martes, 29 de abril de 2014

CONTEMPLACIÓN DEL VIERNES SANTO

La semana santa sentíase en el valle entero como si fuera el espacio vacío de Roma para quien podía revivir la liturgia sublime  que anticipa la Pasión paso a paso por obra de piadosas generaciones casi bimilenarias y por quienes en la fe se dejaban enseñar por Dios que había estatuido su cátedra en la cruz allí fijado, "clavado en una cruz y escarnecido".
Los alumnos habían menester concentración e interiorización, oído abierto y ausencia de sonidos y palabras ciudadanas convocantes de otredades incesantes de lo uno.
 Y en verdad que los circundaba  a nuestros jóvenes el paraíso rechazado: aquel de dos que se hacen unidad precisamente eclesial. La Iglesia es la que convoca a la unión con su esposo, el Verbo del Padre, familia celestial. Tal convocatoria es revocatoria de aquella salida forzosa del jardín primero hacia el mundo convocante sin cesar hacia afuera.
El Padre Mateo se concentró en la liturgia que muy bien conocía por su ministerio estudiado en lugares muy escogidos, Roma incluida.
Los esposos se hallaban leyendo la Vida de Jesucristo de G. Ricciotti y pasaban por los últimos días en Jerusalén. El Miércoles Santo tenían cita en la parroquia en la misa con las hermanitas. El jueves santo la misa solemne de la institución de la eucaristía los convocó nuevamente en compañía de su tío Tobías y el viernes sepultados en sus aromáticos campos hicieron la vigilia creyendo que los bosques y los prados lloraban dulcemente en respuesta a la caridad del hombre Dios.
Ellos intercambiaron palabras con sus vecinos en la Bendición y sobre todo con los niños que fueron objeto por parte de Flora de una mansa catequesis acompañada con algo de música de armonio.
Florencio hizo algunas incursiones en los campos y quedose largamente en un cuadro interior donde se dejaba estar como si acompañara la respuesta de las criaturas: florecillas, árboles en esos montes solitarios, aves compañeras, emergiendo las sierras como celeste tierra amparante.
Para muchos todo esto era una verdadera sepultura en vida para un joven lleno de las posibilidades que el mundo ofrece. Mas esta suya era la posibilidad del ser mismo cuya palabra encarnada entró al mundo y pasó a la gloria adonde era y ahora está como hombre junto al Padre, "junto" quiere decir: como otra persona ahora también hombre y hermano de otros. Un ámbito divino concreto y revelado.
En el vacío de actividades del mundo que tiene precisamente horror al vacío deriva al sentimiento la contemplación del rostro de quien en la última cena dijo: TANTO TIEMPO HACE QUE ESTOY CON VOSOTROS Y NO ME CONOCÉIS: QUIEN ME VE A MÍ VE AL PADRE.
Mientras Flora catequizaba con suavidad musical a Daniel y a Mónica e intercambiaba cosas con su madre al revisar el huerto Florencio escuchaba en su corazón aquellas palabras de Jesús en aquella caja de resonancia donde pudo experimentar la anchura, longura, altura y profundidad de Cristo. Si el mundo es amplio y variado Cristo es modelo de todo lo creado y la imagen del Padre infinito e ingénito.
Era Viernes Santo. Su diálogo con Flora al atardecer es capítulo aparte.     

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