El médico Carlos Boniface vino con curiosidad al comedor del cura a conocer a las recién llegadas y después llegó el investigador literario quien toda esa temporada estaba leyendo Goethe palabra por palabra.
¡Nadie había conocido a alguien tan sibarita y gozador! Aislarse para degustar a través del luminoso ventanal de su casa con vista a la sierras los más célebres pasajes de la literatura era una rara locura inversa a la de Don Quijote: Marcos, el maestro y profesor vivía a través de las palabras introduciéndose en los libros, en este momento los versos del Fausto leídos en alemán y en las versiones castellanas mas importantes. Los libros heredados de su padre eran su tesoro, las ilustraciones,las ediciones en cuero de gran tamaño eran cosas que aumentaban el placer en sus tardes serranas. El aroma de aquella biblioteca, la universalidad de la misma eran para él el mismo paraíso.
Las monjas se maravillaron de oírle porque nunca habían conocido a nadie así aunque los monjes habían iniciado este estilo libresco y de lectura iluminada.
Así era el egoísmo del profesor, solidario sin embargo con quienes siendo genios de la escritura y la forma bella no eran leídos y admirados sino por una ínfima minoría en el mundo, entregado más y más a exterioridades y cine.
Mejor se avinieron entonces con el médico del pueblo de muchas habilidades y actividad investigadora. Claro, él atendía pacientes por las tardes e investigaba en las noches y salía a caminar por las mañanas. Las familias respectivas no daban mucho trabajo porque vivían en un pequeño pueblo donde se podía estar y andar libremente. Lo que sí, eran objeto de preocupación educativa los hijos, tarea esta de intimidad y conversación y acción. Pero la mayor parte consistía en el ejemplo. El padre Mateo propiciaba por ello lo de los vasos comunicantes que consistía en que las familias tuvieran apertura unas a las otras y él era además el maestro de la doctrina en su casa para los niños y adolescentes.
Por supuesto que la tarea en este aspecto se hace menos efectiva conforme las familias están más lejos de la posibilidad de educarse pero el pueblo chico acorta las diferencias y acerca las personas que no son víctimas de la formidable propaganda esclavizadora de las ciudades instauradoras del sojuzgamiento social del pensar técnico.
Quizás de todos modos no hay valla frente a él pero sí pude abrirse el camino para habitar poéticamente por quienes no pueden hacerlo prosaicamente por más medios que se les alleguen. Estos personajes pertenecen al número de los tales que han caído en terreno conveniente: un valle perdido en el vasto mundo.
Las monjas venían a sumarse con su especialidad:la animación espiritual.Despertadoras del Espíritu pretendían ser como hermanitas de la paz.
Así hablaron ante los dos admirados visitantes que quedaron prendados de ellas y donde un carisma se abre camino comienza siempre a abrirse un claro en la pesadez de la intrincada sociedad de los hombres siempre mirando lo contra espiritual, lo contrario al sosiego y al ensimismamiento.
Así hablaron y hablaron hasta que se hizo de noche cuando cada uno partió hacia su hogar ante el beneplácito del cura. Todo allí transcurría con la velocidad del agua en un remanso.
¡Nadie había conocido a alguien tan sibarita y gozador! Aislarse para degustar a través del luminoso ventanal de su casa con vista a la sierras los más célebres pasajes de la literatura era una rara locura inversa a la de Don Quijote: Marcos, el maestro y profesor vivía a través de las palabras introduciéndose en los libros, en este momento los versos del Fausto leídos en alemán y en las versiones castellanas mas importantes. Los libros heredados de su padre eran su tesoro, las ilustraciones,las ediciones en cuero de gran tamaño eran cosas que aumentaban el placer en sus tardes serranas. El aroma de aquella biblioteca, la universalidad de la misma eran para él el mismo paraíso.
Las monjas se maravillaron de oírle porque nunca habían conocido a nadie así aunque los monjes habían iniciado este estilo libresco y de lectura iluminada.
Así era el egoísmo del profesor, solidario sin embargo con quienes siendo genios de la escritura y la forma bella no eran leídos y admirados sino por una ínfima minoría en el mundo, entregado más y más a exterioridades y cine.
Mejor se avinieron entonces con el médico del pueblo de muchas habilidades y actividad investigadora. Claro, él atendía pacientes por las tardes e investigaba en las noches y salía a caminar por las mañanas. Las familias respectivas no daban mucho trabajo porque vivían en un pequeño pueblo donde se podía estar y andar libremente. Lo que sí, eran objeto de preocupación educativa los hijos, tarea esta de intimidad y conversación y acción. Pero la mayor parte consistía en el ejemplo. El padre Mateo propiciaba por ello lo de los vasos comunicantes que consistía en que las familias tuvieran apertura unas a las otras y él era además el maestro de la doctrina en su casa para los niños y adolescentes.
Por supuesto que la tarea en este aspecto se hace menos efectiva conforme las familias están más lejos de la posibilidad de educarse pero el pueblo chico acorta las diferencias y acerca las personas que no son víctimas de la formidable propaganda esclavizadora de las ciudades instauradoras del sojuzgamiento social del pensar técnico.
Quizás de todos modos no hay valla frente a él pero sí pude abrirse el camino para habitar poéticamente por quienes no pueden hacerlo prosaicamente por más medios que se les alleguen. Estos personajes pertenecen al número de los tales que han caído en terreno conveniente: un valle perdido en el vasto mundo.
Las monjas venían a sumarse con su especialidad:la animación espiritual.Despertadoras del Espíritu pretendían ser como hermanitas de la paz.
Así hablaron ante los dos admirados visitantes que quedaron prendados de ellas y donde un carisma se abre camino comienza siempre a abrirse un claro en la pesadez de la intrincada sociedad de los hombres siempre mirando lo contra espiritual, lo contrario al sosiego y al ensimismamiento.
Así hablaron y hablaron hasta que se hizo de noche cuando cada uno partió hacia su hogar ante el beneplácito del cura. Todo allí transcurría con la velocidad del agua en un remanso.
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