El desenvolvimiento de la humanidad acompañado del maremagnum de las opiniones suscita una participación limitada y un acompañamiento pasivo de los hombres que van siendo informados y se informan por la turbamulta de los medios de comunicación ciudadanos.
Florencio y Flora por el contrario despegados de esta posibilidad no tenían ocasión de opinar sino de observar y decidir al respecto. Si convenía tal o cual legumbre, si tal animal en la granja rendía mejor, si se procesaban y envasaban los alimentos en esa cantidad y cuales. En cuanto a los animales mayores se debatía sobre vacas y terneros y novillos o la compra de algún toro.
¿Puede esto llenar la vida del hombre llamado a informarse sobre la necesidad de las guerras que deciden sólo algunos o de emprendimientos comerciales o deportivos donde son consumidores o meros aplaudidores?
El suum quique regía para ellos que sin embargo en tal desobligación de una mal entendida sociedad había espacio para que germinara la semilla del sembrador de la palabra. En cuanto a la preocupación por los otros que vendría a ser más y más necesaria conforme los hombres se vuelven más dependientes de quienes gobiernan sin resolver los problemas, sea porque no puedan sea porque no quieran Florencio lo había enfocado con la cooperativa que es un obrar orgánico al respecto y que debería contagiar a otros que vieran como el trabajo mancomundado multiplica el capital social.
Pero la semilla que germina en buena tierra dice orden a la palabra de Dios que habla en Cristo y que debe desarrollarse en un despejo y no lo hace en la opresión de las cosas del hombre que no suelen ser humanas. De este modo en lugar de seguir los sucesos del tiempo medido por ellos andaban en la circularidad del tiempo litúrgico alimentados por las palabras puestas ad hoc. Y en lo que hace al arte escuchaban alguna vez algún concierto por la radio y alguna obra de teatro de grandes autores que por allía se propalaban. En la lectura ya sabemos que las altas cumbres, los poetas mayores los ocupaban por las noches que se hacían largas sin la luz eléctrica pero muy fecundas especialmente para el diálogo propio y separados de las habladurías que advienen a los hombres desde la publicidad envolvente.
Lo único que los limitaba era la lejanía de sus familias de origen del otro lado del océano.
Su tío era un objeto de cuidado y respeto y un gran consuelo. La marcha circular del tiempo los fue nutriendo de la fuente de sus personas en la invocación del Espíritu que los hacía orar como conviene.
Y tal iban siendo sus vidas:imagen de lo eterno. San Juan de la cruz los llevaba de la mano:
SI EN ESOS TUS SEMBLANTES PLATEADOS FORMASES DE REPENTE LOS OJOS DESEADOS QUE TENGO EN MIS ENTRAÑAS DIBUJADOS.
¿Cómo imaginarse el carmelita que tan lejos y después de siglos alguien lo seguiría gratuitamente?
Florencio y Flora por el contrario despegados de esta posibilidad no tenían ocasión de opinar sino de observar y decidir al respecto. Si convenía tal o cual legumbre, si tal animal en la granja rendía mejor, si se procesaban y envasaban los alimentos en esa cantidad y cuales. En cuanto a los animales mayores se debatía sobre vacas y terneros y novillos o la compra de algún toro.
¿Puede esto llenar la vida del hombre llamado a informarse sobre la necesidad de las guerras que deciden sólo algunos o de emprendimientos comerciales o deportivos donde son consumidores o meros aplaudidores?
El suum quique regía para ellos que sin embargo en tal desobligación de una mal entendida sociedad había espacio para que germinara la semilla del sembrador de la palabra. En cuanto a la preocupación por los otros que vendría a ser más y más necesaria conforme los hombres se vuelven más dependientes de quienes gobiernan sin resolver los problemas, sea porque no puedan sea porque no quieran Florencio lo había enfocado con la cooperativa que es un obrar orgánico al respecto y que debería contagiar a otros que vieran como el trabajo mancomundado multiplica el capital social.
Pero la semilla que germina en buena tierra dice orden a la palabra de Dios que habla en Cristo y que debe desarrollarse en un despejo y no lo hace en la opresión de las cosas del hombre que no suelen ser humanas. De este modo en lugar de seguir los sucesos del tiempo medido por ellos andaban en la circularidad del tiempo litúrgico alimentados por las palabras puestas ad hoc. Y en lo que hace al arte escuchaban alguna vez algún concierto por la radio y alguna obra de teatro de grandes autores que por allía se propalaban. En la lectura ya sabemos que las altas cumbres, los poetas mayores los ocupaban por las noches que se hacían largas sin la luz eléctrica pero muy fecundas especialmente para el diálogo propio y separados de las habladurías que advienen a los hombres desde la publicidad envolvente.
Lo único que los limitaba era la lejanía de sus familias de origen del otro lado del océano.
Su tío era un objeto de cuidado y respeto y un gran consuelo. La marcha circular del tiempo los fue nutriendo de la fuente de sus personas en la invocación del Espíritu que los hacía orar como conviene.
Y tal iban siendo sus vidas:imagen de lo eterno. San Juan de la cruz los llevaba de la mano:
SI EN ESOS TUS SEMBLANTES PLATEADOS FORMASES DE REPENTE LOS OJOS DESEADOS QUE TENGO EN MIS ENTRAÑAS DIBUJADOS.
¿Cómo imaginarse el carmelita que tan lejos y después de siglos alguien lo seguiría gratuitamente?
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