Cada cual está en el desafío de librar la batalla de la existencia empleando los medios que encuentra a su mano. El hombre originario nada tenía sino carencias y eso quizá le daba una inmensa libertad, según lo dice Rousseau.
A los hombres antiguos que aparecieron en el escenario de la historia se los ve ya en babeles o bajo faraones. Detrás hay que suponer épocas fantásticas. Luego viene un proceso de claridad del intelecto y una razón simple divina, que se experimenta frente al cabo de Malea.
Y viene Roma con la sacralidad del derecho y surge el Evangelio como el mensaje de Dios hecho signo humano suyo. Y viene la longividente Europa ya iniciado el escenario apocalíptico del anticristo. Porque si hay salvador y se hizo hombre hay contradictor y viene a matar al hombre. Y el hombre se mata hasta hoy entre el derecho y la gracia divulgada. Los medios se han sublimado pero los desvíos se han hecho sutiles y múltiplemente entrelazados. La mentira aparece como verdad triunfante y la verdad se vuelve falsa frente a las ciencias empíricas.
Florencio y Flora son claros beneficiarios de la paz que otorga el derecho en la época que les tocó vivir pero eludieron por elección la progresión de los derechos que amenaza con borrar al mismo derecho con el caos.
Asimismo lo son de la gracia divulgada en el mundo pero se privaron del relativismo que conspira contra ella en su simplicidad doctrinaria. Digo mejor: se libraron de la mezcla a que se ve sometida luego de destruirse el clarísimo sistema de la Sacra Doctrina que sólo en su totalidad opera la salud íntegra.
Si no se puede estar concentrados totalmente en ella como un San Benito o un San Bernardo sin embargo la desconcentración se daba en la huerta, en la granja, en los campos poblados de vacunos y yeguarizos entre los pastos y montes originarios y en un manso contacto con pocos vecinos con los cuales se comunicaba mucho.
Creo que en las ciudades que crecen en medios y población se da lo inverso: se toca a muchos y se comunica poco en la medida que las personas se ocultan bajo las cosas técnicas.
En lugar de convivir con los caballos se ven hipódromos, en lugar de movilizarse con sus trotes se pierde uno entre automóviles y así en todo. Pero el sistema se cierra sobre sí mismo y se sutilizan las relaciones mientras que en los campos gana la taciturnidad y lo arcaico.
Sin embargo conquistando lo que se ha heredado, Homero por ejemplo, lo áspero se vuelve forma bella y el misterio de lo originario se vuelve fuente que empuja hacia lo advenidero. El filósofo epocal lo expresó en medio de la técnica dominante: "quizás algún día desde la esencia real del ser se podrá preguntar lo que casa y habitar son".
Si algo experimentaban Florencio y Flora era el "habitar" y el horizonte.
A los hombres antiguos que aparecieron en el escenario de la historia se los ve ya en babeles o bajo faraones. Detrás hay que suponer épocas fantásticas. Luego viene un proceso de claridad del intelecto y una razón simple divina, que se experimenta frente al cabo de Malea.
Y viene Roma con la sacralidad del derecho y surge el Evangelio como el mensaje de Dios hecho signo humano suyo. Y viene la longividente Europa ya iniciado el escenario apocalíptico del anticristo. Porque si hay salvador y se hizo hombre hay contradictor y viene a matar al hombre. Y el hombre se mata hasta hoy entre el derecho y la gracia divulgada. Los medios se han sublimado pero los desvíos se han hecho sutiles y múltiplemente entrelazados. La mentira aparece como verdad triunfante y la verdad se vuelve falsa frente a las ciencias empíricas.
Florencio y Flora son claros beneficiarios de la paz que otorga el derecho en la época que les tocó vivir pero eludieron por elección la progresión de los derechos que amenaza con borrar al mismo derecho con el caos.
Asimismo lo son de la gracia divulgada en el mundo pero se privaron del relativismo que conspira contra ella en su simplicidad doctrinaria. Digo mejor: se libraron de la mezcla a que se ve sometida luego de destruirse el clarísimo sistema de la Sacra Doctrina que sólo en su totalidad opera la salud íntegra.
Si no se puede estar concentrados totalmente en ella como un San Benito o un San Bernardo sin embargo la desconcentración se daba en la huerta, en la granja, en los campos poblados de vacunos y yeguarizos entre los pastos y montes originarios y en un manso contacto con pocos vecinos con los cuales se comunicaba mucho.
Creo que en las ciudades que crecen en medios y población se da lo inverso: se toca a muchos y se comunica poco en la medida que las personas se ocultan bajo las cosas técnicas.
En lugar de convivir con los caballos se ven hipódromos, en lugar de movilizarse con sus trotes se pierde uno entre automóviles y así en todo. Pero el sistema se cierra sobre sí mismo y se sutilizan las relaciones mientras que en los campos gana la taciturnidad y lo arcaico.
Sin embargo conquistando lo que se ha heredado, Homero por ejemplo, lo áspero se vuelve forma bella y el misterio de lo originario se vuelve fuente que empuja hacia lo advenidero. El filósofo epocal lo expresó en medio de la técnica dominante: "quizás algún día desde la esencia real del ser se podrá preguntar lo que casa y habitar son".
Si algo experimentaban Florencio y Flora era el "habitar" y el horizonte.
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