lunes, 18 de agosto de 2014

EL TIEMPO ORIGINARIO

Uno podría decir: y así pasaron los años y fueron envejeciendo en ese campo y en esa parroquia serrana. Pero lo que tenían entre manos no envejecía sino que se renovaba de estación en estación. Y las vacas parían, es cierto, y los terneros se volvían novillos hasta que inexorablemente se vendían y los pollitos tan delicados se hacían pollos y Bernardo los carneaba para darles de comer a sus hijos que también crecían y tenían hermanitos. Los caballos otro tanto se multiplicaban mas morían piadosamente en el campo de viejos. Además los tomates salían y se cosechaban y se envasaban y así cada legumbre de la A a la Z que llenaban las cocinas de verdura.
El matrimonio que es camino permanente se acendraba ya que la gracia impide la corrupción cuando se la recibe según lo ha enseñado la doctrina por siglos.
Los actos de cada día en lugar de caer en la rutina eran rituales ¿o acaso ensillar un caballo con apero criollo puede compararse a subir a un colectivo de pasajeros ciudadano en un ámbito donde todo se va volviendo prosa de periódico o desfigura su ser.
El caballo además de ser vivo es un prodigio. Florencio y cada uno de ellos ensillaba por cierto su propio caballo que respondía a su jinete además de ser un ser místico en aquellos montes en su expansión.
Los hombres del pueblo como el cura, el profesor, el médico y los otros estaban quietos en su paso según la permanencia del tiempo originario que parecía develarse así en esa sierra inmutable y móvil, rocosa y sutil como la tela de los sueños.
La monjitas también acompañaban esta permanencia con su liturgia de las horas que traen el cielo a la tierra. Así lo han experimentado los antiguos monjes y ellas con sencillez lo practicaban.
Nada hay de raro pues todo esto es posible, necesario y exigible según el cumplimiento de la promesa: OS ENVIARÉ EL ESPÍRITU DE LA PROMESA DE PARTE DEL PADRE. EL PADRE OS AMA PORQUE ME RECIBISTEIS.

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