viernes, 8 de agosto de 2014

LA VIDA MANSA

El tiempo físico da vuelta por las estaciones. El esplendente verano del valle ya había desembocado en el otoño cuya belleza atesoraba  en los pastos y en los colores de lo que antes era suntuoso verdor y ahora maduro amarillo. Los días por otra parte tenían un brillo justo, equilibrado, suave ya que el calor había dejado paso a la templanza de la madurez semejante a la de la razón que ha acostumbrado a las pasiones a la virtud.
Los jóvenes sentían que tenían toda la vida por delante como suele decirse pero en verdad el tiempo podía avanzar hacia el origen porque estaba despejado el espacio o desmodernizado. No había ocasión de cambios en medio de esos campos que recibían los azules de las sierras como antaño mientras los caballos formaban el centro del transporte y que ahora muy poco habían disminuido entre los automóviles porque las distancias que se recorrían eran cortas y se los quería y admiraba entre los lugareños. El ritmo de antaño no alcanzaba a suprimirse y la incorporación de los avances tecnológicos a borrarlo porque es muy fuerte en el campo la tradición y el cambio se focaliza más en el la producción que en los modos de vida.
Si a todo esto le agregamos la procedencia universal de nuestros personajes llegados por la convocatoria del tío Tobías, esto es, la de la tradición de la fundación monacal de Europa, de San Agustín y de San Benito su llegada a un lugar donde la tradición hispánica todavía no estaba muerta hizo que la Bendición recibiera una configuración especial.
 Florencio con la cooperativa agraria, Flora con la sensibilidad mallorquina mística, el padre Mateo con la tradición del seminario por vía de Scheeben, las hermanitas de la paz con su vocación contemplativa y finalmente los que llegaban y siempre siguen llegando a pueblos como el nuestro buscando la individualización ínsita en sus personas y el desarrollo suave de sus dones, todo esto forma el reparto de nuestra historia.
Hay que tener en cuenta que el gran mundo reposa sobre la tierra y ésta sostiene los pequeños pueblos que respiran de los campos inefables que las rodean.
La posibilidad que en el más acá el cielo pueda decantar da apertura al pequeño mundo que se edifica en el ritmo de la paz sin eliminar la condición actual del hombre y contando con la asistencia más cercana de la gracia divulgada.
La mansedumbre que es una bienaventuranza proclamada por Jesucristo apunta a la posesión de la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario