martes, 27 de marzo de 2012

PLATÓN VERSUS DEMÓCRITO

      
De pronto Tobías comenzó a hablar produciéndose un silencio en la gran mesa de la gran cocina:
“Mis antiguos empleados que tanto protegí hoy pasarán a ser miembros de una empresa de capital social. Y nadie se ría del pequeño número ni de la parquedad de elementos porque yo he visto empezar cooperativas de mucho menos que esta y además una cooperativa debe engendrar otra y producir educación cooperativa y hacer gustar la igualdad en el voto para decidir, lo cual produce la autoestimación de cada uno al ver cómo de una decisión en que tomó parte se va haciendo una gran obra de la cual se siente orgulloso ¿Cómo yo que nada sé di origen a esto con mi decisión? Mas lo que sucede que esta decisión se llevó a la obra después de estudios de uno y otro de los consejeros y tras la deliberación respetuosa donde uno aprende del otro porque da en el sitio no pensado. Y al cabo de años se alcanza el mejor saber porque de lo que no se sabe se cita a alguien que sí sabe y se consulta a otras cooperativas del mismo o semejante tipo y se va aplicando y reflexionando y alcanzando una visión cada vez más transparente pero sin exagerar la cosa, porque aquí se trata de hacer y ser feliz en ello. No es un laboratorio científico sino un precioso modo de habitar sobre la tierra de donde se comprobará la segunda bienaventuranza que canta el “FELICES LOS MANSOS PORQUE POSEERÁN LA TIERRA”. Porque en la cooperativa no hay el: “yo pienso esto y me lo guardo” y después critica porque no se hace lo que él piensa que como nunca se ha llevado a la práctica no se sabe si es realmente efectivo. Se elimina el “se dice” con la deliberación prolija de la información que se tiene, se acercan los pensamientos propios, acurrucados antes en la indolencia inerte, que se hacen fecundos llegando a ser reales. El comentario del vecino se derrumbará y se construirá en su lugar una admiración y sana envidia cuando se vaya viendo cuánto hacen varios en cooperativa más que uno sentado sobre la soberbia, puesto que lo que hacen los unidos lo realizan primero en el consejo, en la deliberación, en la maravillosa fecundidad del pensamiento que da la vuelta a la mesa como el mate”. Y entonces después del inesperado arrebato lírico del tío que a su experiencia le añadía las largas horas de meditación, tomó la palabra Florencio:
“He aquí que don Tobías se me anticipó . Yo debo precisar que el integrar una cooperativa es un acto voluntario y lo novedoso es la integración del consejo con un presidente, un vicepresidente, vocales, de donde surge un secretario y finalmente un síndico que es quien controla todo los cuales se eligen en la primera sesión. Todo se decide por voto y se lleva el libro de actas de cada sesión que se lee a la siguiente. El o síndico asiste cuando quiere y vigila las cuentas. Cada año se realiza una asamblea y se expone el balance y se ve si se reparten los excedentes. Aquí probablemente se informe lo cada uno retira de producción de carnes y hortalizas. Cuando hay excedentes monetarios por ventas se decidirá si se reinvierte en elementos de producción.
La cooperativa adquirirá un capital social, es decir de  de todos. Lo que cada socio tendrá como propio surgirá, espero, del ahorro en almacén cuando se producirá carne, hortalizas, dulces y se envasará lo que sea posible de las hortalizas (las chauchas por ejemplo).  Sistematizaremos, ordenaremos la factura de cerdo. Debemos tener instalaciones adecuadas para cada operación y para la conservación, sin improvisar. El trabajo fluirá hacia un punto y propondré que se cultive todo, por ejemplo lo que nadie hace y es fundamental para mis arroces: el AZAFRÁN de la familia de las iridáceas junto con los espárragos como ya dije otra vez.
Como esto exige mucha organización pasemos a conformar el consejo”.
Rosendo entonces dijo:
“Tengo un vecino que se interesó mucho porque él vive solo con su madre, tiene algunitos animales, es hachero y no podría jamás hacer huerta. A ver creo que allí viene. Se llama Silvano”, efectivamente venía montado en un picazo pasicorto y se bajó y fue acogido por las mujeres:
“Pase don y conozca a Don Florencio  y doña Flora que no han de ser menos graciosos que doña Orfelina” Era su madre la cual andaba en sulky para todos lados.
“Bueno, dijo el con mucha timidez y con una voz que era fina y musical, ella es la que les envía este arrope de algarroba” y lo colocó sobre la mesa.
“Siéntese don Silvano e infórmese con Rosendo de lo dicho hasta aquí. Sólo le solicito esto preguntándole: ¿Está dispuesto a integrar esta Cooperativa? “Sí” dijo con su voz como de una quena.
“Bien, dijo solemnemente Florencio internamente feliz, comencemos: vamos a votar por el presidente”. Se deliberó y rápidamente descartándose Tobías a sí mismo y fue nombrado Florencio, Zunilda fue elegida secretaria y los demás quedaron de vocales Claro, se le dio el papel de síndico al eremita ¡y fue el síndico más santo de la historia!
Se había dado un paso gigantesco que llenaría el campo inerte del mundo, vacío en cuanto a las ideas y lleno de los átomos que se entrechocan y enganchan en un azar desventurado.
Quedó firme el advenimiento de Platón sobre el ciego Demócrito. Y esto alegró a los jóvenes formados en la belleza de sus colegios humanísticos que son tan raros cuanto combatidos, precisamente por los materialistas que viajan en los intersticios de los famosos átomos.
Don Quijote al barbero: Señor rapador ¡cuán ciego es quien no ve por tela de cedazo!

martes, 13 de marzo de 2012

LO RARO DE LA REALIDAD

Todo esto parecerá artificial y se dirá que solamente ocurre en las novelas. En primer lugar he de decir que en novela alguna se muestra la realidad expuesta decididamente con resonantes palabras por San Pablo, por ejemplo en las epístolas a los Colosenses y a los Efesios de donde surge la diferencia entre naturaleza y gracia, precisamente el primer libro del maestro del cura Mateo, Joseph Matías Scheeben.
 En realidad esas cartas vivas de Pablo dentro del conjunto de las narraciones de los evangelistas configuran una gran novela que ha incidido en la realidad inmediata de los hombres sin duda alguna, aunque no se refleje en su conducta patológica, que se ve en las guerras, en los crímenes y latrocinios, materia del periodismo, comprometido, en compañía de los negociantes, en transformar el mundo en una sentina y sobre todo comisionados para llenar el vacío de las almas (que se resisten a hacerse espirituales) con noticias
¿Cuántas veces se ve la acción de algún santo como Francisco de Asís o la de alguien que es testigo de la realidad real de la gracia? Cuando se lo enfoca se subraya todo lo exterior y lo que la gente hace en una especie de culto supersticioso en su torno.
El pecado campea como las enfermedades corporales y sin embargo es interpretado como afección psíquica reteniéndolo en su esfera natural ¿Qué novela incluye la esfera de la gracia sobre la inmediatez natural? Se acaba de creer que esa es la realidad y lo que cae fuera de ella pertenece a creencias superadas o a ciegas fuerzas trans naturales que son mera continuidad con la naturaleza, que en la antigua doctrina era “dañada” por el pecado.
La vigencia, literaria al menos, de estas históricas cartas paulinas, vertidas muchas veces en todas las lenguas y escritas en un griego riquísimo sobrepuja a las letras en general y si han sido fundamento de la doctrina y material de las teologías deben tener hoy la vigencia literaria suficiente en igualdad de condiciones con cualquier obra consagrada que opera sobre el escritor.
Hay muchas novelas que nos narran las vicisitudes humanas en mares inexplorados o en regiones o culturas desconocidas y surgen en parte de la experiencia del escritor que visitó tales lugares y de un llamado más o menos conocido que lo vuelve “ficticio”, como por ejemplo Robinson Crusoe.
No creo que las epístolas vibrantes y llenas de afecciones humanas sean artificiales pues aquellos hombres como Timoteo, Tito, el esclavo Onésimo y las madres y parientes han vivido lo raro del “hombre nuevo”, nacido en la gracia, para no hablar de los padres apostólicos como Policarpo e Ireneo: el primero aprendió a los pies del mismo evangelista Juan, quien reposó en los hombros de Jesús; el segundo aprendió a los pies de Policarpo
Si se juzga de lo que se llama “Iglesia” por Torquemada han errado el tiro por muy lejos. La patrística griega y latina forman un cuerpo monumental no de creencias particulares sino de experiencia de la fe en aquello que ojo no vio ni oído oyó y ahora ha sido revelado a los pequeños en la plenitud de los tiempos ¡Y a fe que han escrito!
Tanto quien esto escribe como sus maestros han corroborado esto especulativamente y lo que se va escribiendo surge de la experiencia a partir de la vida que tales palabras de Pablo, de Lucas o de Juan han impreso en el alma de los personajes que además no se alzaron en rebeldía contra su tradición que vive hasta cierto punto en sus monasterios y catedrales, bien que está plena en el sacrificio del altar que se verifica y verificará hasta un hipotético “fin de los tiempos”.
Florencio y Flora se han creído todo lo aprendido y recibido en los siete sacramentos (pintados por Van der Weide) como don Quijote lo leído en las novelas de caballerías ¿Serían las novelas de caballería ya olvidadas en el tiempo de Cervantes una cobertura de lo verdaderamente prodigioso y sustancial para el hombre ínsito en la gracia? De hecho Unamuno lo llamó a don Quijote “el Cristo español”.
Por otra parte nada más artificial que los poemas homéricos donde sin embargo la realidad rezuma. Y su lenguaje es artificio de los poetas intervinientes y la tectónica de los poemas fundaron la novela misma.
Sin embargo nuestra narración se hunde en lo que no es narrable: la permanencia. Donde deja Homero a Odiseo allí comienza la novela que vamos abriendo sin más pretensión que el contemplar el espectáculo de la mismidad del ser.
Este espectáculo deja afuera al “mundo” que por lo demás ya tiene a todos los narradores describiéndolo. Aquí nos establecemos en la “tierra” como el ámbito donde destila el “cielo”. Los personajes están viendo así la sierra, metafóricamente, como “tierra celeste”.
Dejamos a Flora y a Florencio durmiendo en ese frío del mes de julio calentados por chilcas y leños de algarrobo y tapados bajo el quillango que los hacía dormir con esa suave presión.
Los sueños de Florencio estaban determinados por el propósito de la granja cooperativa que se iniciaría precisamente al día siguiente. Así construía mientras dormía anticipando la obra pues él había sido educado en la insólita forma que privilegiaba la teoría a la práctica.
He aquí que a la mañana siguiente llamó a consejo como Agamenón en el canto segundo de la Ilíada para revelar su sueño. Comenzaron a llegar las dos familias a la cocina de Flora para realizar lo más raro y más irreal dentro de la llamado real: una cooperativa.
Girando dos mates en los semicírculos y una gran fuente de tortas fritas que aportaba Amelia además de los caseritos de Zunilda comenzó la primera reunión con la asistencia ¡oh maravilla! de don Tobías.
Ese día se formalizaba la cooperativa en la Bendición.

domingo, 11 de marzo de 2012

LA RECAPITULACIÓN DEL DÍA

La tarea del enganche de la yegua al sulky exigía un complicado conocimiento de los arneses o correajes que estaban en la casita de las monturas. El arte de la talabartería se ajusta a la belleza del caballo el cual en esta época mecánica ya no se subordinaba a la guerra (como explica Aristóteles) sino al camino del campo, que es el fin para el fin último, aquel, arduo, que en este instante estaba transitando Tobías en su ermita cuando recitaba el capítulo catorce del evangelio de San Juan y se fijaba en aquello:
  QUIEN POSEE MIS PALABRAS Y VELA O LAS CUIDA SOLÍCITAMENTE, ÉSTE ES EL QUE ME AMA, MAS QUIEN ME AMA SERÁ AMADO POR MI PADRE Y YO LO AMARÉ A ÉL Y ME MOSTRARÉ A ÉL YO MISMO EN PERSONA.
Mientras esto sucedía allá en la ermita, aquí ante la vista de los niños y de los viajeros Amelia y Bernardo armaban pacientemente el arnés, uniendo la inquieta yegua con el ligero sulky. Era una aventura para los neófitos. Nadie la consideró muy arriesgada desde el momento en que los niños muchas veces hacían un mandado con él ¡Pero son niños de campo! Ella no podría hacer valer sus conocimientos de música eclesiástica antigua y él su visión cooperativa de la producción agraria! Pero ambos contaban con el carro de Eneas cuando las yeguas de Tros  salvaban o perseguían en los combates por su ligereza. Ellos eran dos como Néstor y el hijo de Tideo persiguiendo a Héctor por la llanura.
Aquí, claro está, irían por la llanura de la paz.
Cuando se subieron ante la algarabía de los niños  y los consejos de los padres la yegua trotó con brío hacia la tranquera donde se bajó Flora para abrirla, ya que Florencio era el conductor. Ella a miraba con amor las pacientes vacas mientras cerraba la tranquera y subió ansiosa al sulky. Florencio debió gritar el habitual: ¡arre! y la yegua, aunque acostumbrada a este trayecto, inició con pena el trote que la alejaba de la querencia.
 Los esposos iban en el ensueño real de la poesía y no en la prosa real de la utilidad. Si puede considerarse real el habitar repetiremos aquel verso del poeta de los Alpes: LLENO DE  MÉRITO MAS POÉTICAMENTE HABITA EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA.
Y en verdad ambos comenzaron a gozar con el trote armónico de la yegua homérica y más y más, yendo hacia ella, con el avance de la sierra, en la tarde cuando se dibujan las lomas arboladas y cobran una vida singular. Una, bien redonda, tenían  enfrente, su hermosura era una invitación  a llegarse a ella, a la izquierda sobre la sierra monumental otras siete lomas tan verdes como azules arrojaban su misterio a los perseguidores de la paz, que creían tener ante sí el preámbulo de la vida eterna, la cual ojo no vio ni oído oyó. Todo era luz en la tarde dorada: ¡singular maravilla porque estaban en pleno invierno!
A izquierda y derecha el monte alternaba con algún barbecho y detrás un molino junto a una casita. El camino de tierra hacía tras los cascos  una nube de oro. El alma de los esposos era pura alma, situación perfecta cuando los cuerpos son jóvenes. De este modo llegaron a los arrabales del pueblo donde aminoraron la marcha y se dirigieron ante la extrañeza de algunos (que veían dos forasteros en sulky) directo al almacén. Bajaron, atando la yegua con el cabestro al palenque y mientras Flora hacía las compras para la casa con la mujer de don Britos que le sonreía (en aquellos tiempos era raro ver una española porque no habían turistas) con respeto y delicadeza, Florencio se entró a hablar con el mismo Britos reclamando algunos elementos para los cercos que no habían llegado. Quedó todo arreglado por esta parte y también llenó su canasta Flora por la suya con la alegría del matrimonio que piensa transformar en felicidad cada cosa sencilla pues la subordina a ese fin último que de acuerdo a la Ética a Nicómaco consiste en el ejercicio de las virtudes morales e intelectuales.
Ahora, tres de la tarde y libres, ¿adónde ir? No se atrevieron a llegarse a la loma que los atraía tanto pues el día era corto y no quedaba sino visitar al padre Mateo. Y eso les resultaba gozoso ya que era un maestro y un pastor.
Cargaron la canasta, subieron y andando hacia la plaza dejaron el sulky frente a la casa parroquial. El cura los vio y salio a recibirlos con la alegría de poder acercarse más a ellos como director espiritual, sin duda su vocación
¡Felices los esposos que tuvieron tal sacerdote,  que es imprescindible para la vida sacramental del sacramento grande! Ellos orgullosos le contaron su aventura del viaje y pasaron a la casa parroquial donde comenzaron con el mate, cebado por la cocinera mientras el cura iba diciendo esta verdad absoluta o dogmática recordando a su maestro Scheeben:
La Iglesia es un misterio sacramental donde se realiza el ser supra trascendente de Dios cuyo misterio se concretiza en su cabeza, el hombre Dios. Allí el misterio de Dios en la creatura se traspasa por la naturaleza del Hijo de Dios y tiene consecuencias prodigiosas en la gracia que se vierte en la naturaleza creada ya tocada por el pecado original, ya inclinada al pecado actual. La gracia de la caridad ennoblece los corazones infinitamente y prepara el organismo espiritual por las virtudes cardinales que debemos (próximamente) tratar junto con las teologales para conocer los pecados. De lo contrario no funciona el sacramento de la penitencia que es la puerta estrecha para recibir el pan de vida que es la concreción de la caridad: el mismo ser de Dios, según San Juan.
Queridos esposos, solamente así se encenderá el sacramento del matrimonio, copia natural de la unidad de las Personas Divinas en el orden sobrenatural” Y diciendo esto bebió su mate con hierbas de la sierra.
Florencio le pidió entonces confesión aunque manifestó no conocer el número de los pecados.
“Así  se puede morir y mueren los cristianos con muchos pecados que afean sus vidas y no permiten que la caridad los haga santos y Jesús dijo: SED PERFECTOS: Él derramó para ello el Espíritu Santo”, dijo el cura.
Entonces mientras se retiraban al confesionario Flora se fue con la cocinera a ver la cocina y  a recibir consejos culinarios de la experimentada mujer. Ella era todo entusiasmo por hacer las cosas sencillas del hogar, sentía que en eso se tocaba un misterio cuya raíz nacía en Dios. El padre Mateo lo había explicado en su casa pero ella lo venía sintiendo en lo más íntimo de su alma. La verdad se experimenta en un medio sin alteraciones, el sol luce en el claro del bosque, en un cielo límpido. Por eso el Verbo que lució en las tinieblas a los que lo recibieron los hizo dignos de ser llamados hijos de Dios. Y eso se insinúa desde los salmos y los profetas, libros escritos para quien tiene oídos para oír (esta clase de literatura). Y es presente para quienes abrazan el pasado y tienen un futuro clarificado máximamente.
Salió Florencio de donde nunca quisiera según la liviandad que sentía en su alma, detrás venía   Mateo que aunque quisiera retenerlos los exhortó a que se pusieran en camino, prometiéndoles una pronta visita. Ellos lo abrazaron y con alegría se subieron en el sulky que con una leve invitación a andar se puso en movimiento por obra de la yegua que interpretó que era hora de la vuelta y cuando salía del pueblo tomó un trote diferente que a la ida: podemos decir que no sólo era sostenido y vigoroso sino que parecía alegre. La sabiduría del animal se hecha de ver en aquello que llamamos querencia.
El sol caía sobre las sierras chicas. Los algarrobos parecían concentrarse en una sinfonía de color junto a los talas. La sierra grande que había estado bebiendo el cielo, según observación de Flora, ahora ardía en su conjunto como “una llama de amor viva, como un cauterio suave, que a vida eterna sabe”. Cuando iba a mitad de camino el sol se escondió y una franja azul intenso sobre las sierras grandes se hizo rosada. Unas nubecillas sobre el poniente refractaban la luz de tal manera que se formaban surcos de luz rosada en un cielo azul que se volvía añil. Salió la luna por detrás por sobre las altas crestas y los cascos de la yegua parecieron de cristal.
La tranquera, el camino, la luz de la casa donde los niños estaban esperando con el fuego prendido, el llegar y descargar las compras resumieron la verdad de lo sencillo de un día que representaba lo eterno para esos esposos recién llegados desde tan lejos, para quienes el trote de es yegua baya sobre el camino de tierra sino era la gloria sí era la paz dada a los hombres de buena voluntad.

A la noche frente a una tetera llena con té traído de la europea Barcelona con pan casero, queso de cabra y luego torta, que había hecho Flora iniciaron un comentario:
“He andado de niña con entusiasmo en el metro de Madrid en una ida y vuelta y admiraba esa obra como mágica”
“También yo he vivido esa magia con mis tías que me llevaban al cine pero…” decía Florencio interrumpiéndose
“Pero esa época de oro pasará y se volverá prosaica…además le falta algo” iba diciendo ella
“Le falta lo que hemos hecho hoy…” decía él
“Sí, esto es armónico aquello era un prodigio técnico…”dijo la profesora de coros
“El andar a ese trote es algo originario y por lo tanto tiene algo del fin donde ciertamente no habrá metro ¿Viste ese cielo surcado de rayos cuando el sol se hundió en el azul intenso de las sierras chicas?” dijo él
“Es el paraíso que es imagen de la casa del Padre, realidad verdadera”, dijo ella
“Por eterna, pues no es hechura del hombre ni creatura alguna. No es difícil de comprender y el cuento del paraíso metaforiza aquello que ojo no vio todavía. Nosotros no nacimos para andar en metro y morir sino para habitar en el misterio del Hijo”, dijo él
“Es decir que nacimos para vivir eternamente” dijo ella con entusiasmo
“Y mirando ese fin todo lo demás es detalle, según decía mi maestro Juan”
“Miremos los íconos donde la madre tiene al niño y contempla lo que en su interior acontece”, dijo ella iluminada
“¡Cuánto hace que los hombres saben esto y corren hacia fuera hechizados por las cosas! Nosotros queremos autoabastecernos y lo demás es  para gozar de los dones que nos han sido dados. Pero ¡alerta que  hay quien arruina y ensucia!”, afirmó él con decisión.
“Por ello la armadura de los sacramentos que nos dejó Jesús tras su crucifixión”, decía ella subrayando verdad tan conocida como poco sabida y aún olvidada a costa de anular su sacrificio.
“ LLORAN A DIDO, como escribió Agustín: en este caso lloran cuando pierde el Barcelona pero jamás los propios pecados. El sacramento de la penitencia, habida cuenta que el justo peca siete veces al día, es fundamental para el funcionamiento de los demás. Es la virtud de la penitencia basada en la humildad la que nos lleva al sacramento que nos quita los impedimentos o vicios que se afincan en el alma como enfermedades que se hacen crónicas.” decía él con tono dramático.
“Tenemos confesor a nuestro gusto” dijo Flora, levantándose a buscar su labor (estaba bordando las alpargatas que había comprado al llegar).
“Lo que es providencial es que continúa lo que nuestros maestros y confesores nos enseñaron. En realidad tal es la función del sacerdocio en la Iglesia” dijo Florencio con seriedad.
“Pero tiene un plus que estoy percibiendo” decía Flora concentrando la mirada.
“Sí puesto que es bien dogmático pero con un dogma vivificado por la experiencia” dijo él
“¿Y lo del hogar de Nazaret? Eso sí que es nuevo. Intuyo que nuestra madre lo hace hablar. Yo siento que ella se hace más visible cuando él habla.” decía ella
“Algo se trae entre manos este cura y lo que se entrevé entusiasma. Es como los misterios que nos ofrece nuestra sierra
cada día” agregaba él
“¡Ah  esa loma que teníamos enfrente y tan nítida se destacaba!” recordaba Flora entusiasmada.
“¡Es verdad!  quien tiene fe le dice al monte que salte y cambie de lugar y…”dijo Florencio.
“¡Sí! Aquí los montes saltan de alegría a la tarde ¡Cómo vibraban las lomas de la izquierda! ¿Qué habrá detrás de ellas?” decía Flora excitada.
“Iremos, iremos a ver” dijo él.
Y lo bueno del asunto era que en aquello tiempos no había nada: solo pasto muy verde cortado al ras por ovejas y cabras y una esfera de luz que sin duda anticipaba la gloria. Nada que el hombre haya hecho, apenas unas pircas de piedra redondeando el corral, las laderas que también se movían vistas de cerca y una inmensa, profunda y acariciante soledad.
Ellos lo verían, tenían derecho a ver y sentir esto que en el Verbo hizo el Padre como de paso:
                     MIL GRACIAS DERRAMANDO
                     PASÓ POR ESOS SOTOS CON  PRESURA
                     Y YÉNDOLOS MIRANDO
                      VESTIDOS LOS DEJÓ DE SU HERMOSURA.

Lectura del día a la luz de la lámpara de kerosene y enfundarse bajo el quillango fue el bello final de aquel día que prometía ser siempre el mismo día.

sábado, 10 de marzo de 2012

EL TROTE HOMÉRICO DE LA YEGUA BAYA

La tarea del enganche de la yegua al sulky exigía un complicado conocimiento de los arneses o correajes que estaban en la casita de las monturas. El arte de la talabartería se ajusta a la belleza del caballo el cual en esta época mecánica ya no se subordinaba a la guerra (como explica Aristóteles) sino al camino del campo, que es el fin para el fin último, aquel, arduo, que en este instante estaba transitando Tobías en su ermita cuando recitaba el capítulo catorce del evangelio de San Juan y se fijaba en aquello:
  QUIEN POSEE MIS PALABRAS Y VELA O LAS CUIDA SOLÍCITAMENTE, ÉSTE ES EL QUE ME AMA, MAS QUIEN ME AMA SERÁ AMADO POR MI PADRE Y YO LO AMARÉ A ÉL Y ME MOSTRARÉ A ÉL YO MISMO EN PERSONA.
Mientras esto sucedía allá en la ermita, aquí ante la vista de los niños y de los viajeros Amelia y Bernardo armaban pacientemente el arnés, uniendo la inquieta yegua con el ligero sulky. Era una aventura para los neófitos. Nadie la consideró muy arriesgada desde el momento en que los niños muchas veces hacían un mandado con él ¡Pero son niños de campo! Ella no podría hacer valer sus conocimientos de música eclesiástica antigua y él su visión cooperativa de la producción agraria! Pero ambos contaban con el carro de Eneas cuando las yeguas de Tros  salvaban o perseguían en los combates por su ligereza. Ellos eran dos como Néstor y el hijo de Tideo persiguiendo a Héctor por la llanura.
Aquí, claro está, irían por la llanura de la paz.
Cuando se subieron ante la algarabía de los niños  y los consejos de los padres la yegua trotó con brío hacia la tranquera donde se bajó Flora para abrirla, ya que Florencio era el conductor. Ella a miraba con amor las pacientes vacas mientras cerraba la tranquera y subió ansiosa al sulky. Florencio debió gritar el habitual: ¡arre! y la yegua, aunque acostumbrada a este trayecto, inició con pena el trote que la alejaba de la querencia.
 Los esposos iban en el ensueño real de la poesía y no en la prosa real de la utilidad. Si puede considerarse real el habitar repetiremos aquel verso del poeta de los Alpes: LLENO DE  MÉRITO MAS POÉTICAMENTE HABITA EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA.
Y en verdad ambos comenzaron a gozar con el trote armónico de la yegua homérica y más y más, yendo hacia ella, con el avance de la sierra, en la tarde cuando se dibujan las lomas arboladas y cobran una vida singular. Una, bien redonda, tenían  enfrente, su hermosura era una invitación  a llegarse a ella, a la izquierda sobre la sierra monumental otras siete lomas tan verdes como azules arrojaban su misterio a los perseguidores de la paz, que creían tener ante sí el preámbulo de la vida eterna, la cual ojo no vio ni oído oyó. Todo era luz en la tarde dorada: ¡singular maravilla porque estaban en pleno invierno!
A izquierda y derecha el monte alternaba con algún barbecho y detrás un molino junto a una casita. El camino de tierra hacía tras los cascos  una nube de oro. El alma de los esposos era pura alma, situación perfecta cuando los cuerpos son jóvenes. De este modo llegaron a los arrabales del pueblo donde aminoraron la marcha y se dirigieron ante la extrañeza de algunos (que veían dos forasteros en sulky) directo al almacén. Bajaron, atando la yegua con el cabestro al palenque y mientras Flora hacía las compras para la casa con la mujer de don Britos que le sonreía (en aquellos tiempos era raro ver una española porque no habían turistas) con respeto y delicadeza, Florencio se entró a hablar con el mismo Britos reclamando algunos elementos para los cercos que no habían llegado. Quedó todo arreglado por esta parte y también llenó su canasta Flora por la suya con la alegría del matrimonio que piensa transformar en felicidad cada cosa sencilla pues la subordina a ese fin último que de acuerdo a la Ética a Nicómaco consiste en el ejercicio de las virtudes morales e intelectuales.
Ahora, tres de la tarde y libres, ¿adónde ir? No se atrevieron a llegarse a la loma que los atraía tanto pues el día era corto y no quedaba sino visitar al padre Mateo. Y eso les resultaba gozoso ya que era un maestro y un pastor.
Cargaron la canasta, subieron y andando hacia la plaza dejaron el sulky frente a la casa parroquial. El cura los vio y salio a recibirlos con la alegría de poder acercarse más a ellos como director espiritual, sin duda su vocación
¡Felices los esposos que tuvieron tal sacerdote,  que es imprescindible para la vida sacramental del sacramento grande! Ellos orgullosos le contaron su aventura del viaje y pasaron a la casa parroquial donde comenzaron con el mate, cebado por la cocinera mientras el cura iba diciendo esta verdad absoluta o dogmática recordando a su maestro Scheeben:
La Iglesia es un misterio sacramental donde se realiza el ser supra trascendente de Dios cuyo misterio se concretiza en su cabeza, el hombre Dios. Allí el misterio de Dios en la creatura se traspasa por la naturaleza del Hijo de Dios y tiene consecuencias prodigiosas en la gracia que se vierte en la naturaleza creada ya tocada por el pecado original, ya inclinada al pecado actual. La gracia de la caridad ennoblece los corazones infinitamente y prepara el organismo espiritual por las virtudes cardinales que debemos (próximamente) tratar junto con las teologales para conocer los pecados. De lo contrario no funciona el sacramento de la penitencia que es la puerta estrecha para recibir el pan de vida que es la concreción de la caridad: el mismo ser de Dios, según San Juan.
Queridos esposos, solamente así se encenderá el sacramento del matrimonio, copia natural de la unidad de las Personas Divinas en el orden sobrenatural” Y diciendo esto bebió su mate con hierbas de la sierra.
Florencio le pidió entonces confesión aunque manifestó no conocer el número de los pecados.
“Así  se puede morir y mueren los cristianos con muchos pecados que afean sus vidas y no permiten que la caridad los haga santos y Jesús dijo: SED PERFECTOS: Él derramó para ello el Espíritu Santo”, dijo el cura.
Entonces mientras se retiraban al confesionario Flora se fue con la cocinera a ver la cocina y  a recibir consejos culinarios de la experimentada mujer. Ella era todo entusiasmo por hacer las cosas sencillas del hogar, sentía que en eso se tocaba un misterio cuya raíz nacía en Dios. El padre Mateo lo había explicado en su casa pero ella lo venía sintiendo en lo más íntimo de su alma. La verdad se experimenta en un medio sin alteraciones, el sol luce en el claro del bosque, en un cielo límpido. Por eso el Verbo que lució en las tinieblas a los que lo recibieron los hizo dignos de ser llamados hijos de Dios. Y eso se insinúa desde los salmos y los profetas, libros escritos para quien tiene oídos para oír (esta clase de literatura). Y es presente para quienes abrazan el pasado y tienen un futuro clarificado máximamente.
Salió Florencio de donde nunca quisiera según la liviandad que sentía en su alma, detrás venía   Mateo que aunque quisiera retenerlos los exhortó a que se pusieran en camino, prometiéndoles una pronta visita. Ellos lo abrazaron y con alegría se subieron en el sulky que con una leve invitación a andar se puso en movimiento por obra de la yegua que interpretó que era hora de la vuelta y cuando salía del pueblo tomó un trote diferente que a la ida: podemos decir que no sólo era sostenido y vigoroso sino que parecía alegre. La sabiduría del animal se hecha de ver en aquello que llamamos querencia.
El sol caía sobre las sierras chicas. Los algarrobos parecían concentrarse en una sinfonía de color junto a los talas. La sierra grande que había estado bebiendo el cielo, según observación de Flora, ahora ardía en su conjunto como “una llama de amor viva, como un cauterio suave, que a vida eterna sabe”. Cuando iba a mitad de camino el sol se escondió y una franja azul intenso sobre las sierras grandes se hizo rosada. Unas nubecillas sobre el poniente refractaban la luz de tal manera que se formaban surcos de luz rosada en un cielo azul que se volvía añil. Salió la luna por detrás por sobre las altas crestas y los cascos de la yegua parecieron de cristal.
La tranquera, el camino, la luz de la casa donde los niños estaban esperando con el fuego prendido, el llegar y descargar las compras resumieron la verdad de lo sencillo de un día que representaba lo eterno para esos esposos recién llegados desde tan lejos, para quienes el trote de es yegua baya sobre el camino de tierra sino era la gloria sí era la paz dada a los hombres de buena voluntad.

miércoles, 7 de marzo de 2012

EL FUTURO: EL DULCE DE LECHE

Llegó y desensilló pacientemente al alazán y lo dejó en el corral ¡Esos olores fuertes de la sudadera (no muy transpirada por el frío) y los cueros de la sala de monturas le parecieron nobles como el caballo mismo! Lo largó en el corral y fue directamente, después de sacudirse y resoplar, al bebedero donde se inclinó con toda delicadeza . Él admiró las  líneas
 en la armonía de proporciones que era copia de la idea de lo bello. Y no era gratitud que se siente por un instrumento sino admiración por la nobleza del caballo. Con esa imagen en su alma avanzó hacia su casa de cuya chimenea central salía azulado humo. Y entrando por la puerta oeste pudo percibir el aroma de  lo que bullía sobre la cocina económica. Pasó a  él mismo a desensillar y lavarse y se sentó en la mesa sin que Flora apareciera aún. Tenía él suficiente panorama para escrutar desde su sitio: delante los dos cuadritos de la maternidad donde las vacas y terneros  estaban como bordados con el fondo del monte y de las sierras lejanas; y a los costados  las sierras chicas con su faz atigrada y las sierras grandes rebosantes de azules vivos que no interrumpían ni un instante su epopeya ¿Sería que avivaban el ritmo arcano de las lecturas homéricas hechas por  Florencio desde niño?
De pronto llegó Flora con tres huevos en las manos contentísima con ese milagro: “¡me dijeron los niños dónde pone la colorada!”, dijo sofocada. “Bueno, los comeremos en la sopa ahora mismo”.
Florencio dijo: “¡Es lástima que he te privarte de la labor de Sherlock Holmes cuando tengamos la granja organizada!”
“¡Sí pero no me quitarás el ir a buscar las vacas lecheras a la mañana (que no es nada porque esperan en la tranquera por sus terneros) ni la búsqueda a la tarde cuando hay que traer vacas y terneros para encerrar a los mamones!” le contestó entusiasmada.
Florencio quedó admirado cómo la profesora de coros en la gran ciudad pudiera estar comprometida con esta tarea de la cual la humanidad se había liberado hace tanto y dijo: “Pero eso no te privará de comer al menos”
“Eso no, porque entonces no podrías comer el postre que hice”, dijo Flora orgullosa por su secreto.
Él se frotó las manos en señal de que había espacio en su  cuerpo frío por la cabalgata y ella prontamente con su habitual precisión le sirvió el puchero criollo completo y él quedó fascinado ante la vista de la fuente, pensando que todo esto sería el preámbulo de la gloria y agradeció de esta manera:
“Oh Dios Padre que nos diste todo tu ser en  tu Hijo y que ahora rebalsa en la Plenitud del Espíritu Santo ¿qué hemos hecho para recibir la felicidad de estos dones: ¿este pan cotidiano?”
Verdaderamente estaba maravillado de todo: el campo de Tobías que ahora era de ellos, el matrimonio que estrenaba con tan buen destino, el poder desarrollar su idea del autoabastecimiento para derrotar la miseria en la tierra, las sierras que lo movían a pensar ….y Flora que era una bendición.
Ahora la veía resplandecer en su sencillez y efectivamente creía estar descubriendo lo que Dios tiene preparado para quienes lo reciben, es decir “aman”: una felicidad que está ya dada y hay que apreciarla en la simplicidad sabida.
Comieron ese plato criollo hablando de todo lo pasado y lo futuro, sin límites en un tiempo pleno. El secreto del postre salió en las manos de Flora: islas flotantes. Mucha leche había en la estancia y pronto vendría la obra maestra: el dulce de leche que Zunilda enseñaría a quien lo llevaría a su perfección y por el cual sería celebrada en toda su cercanía. El primer cliente sería el padre Mateo.
Como no habían llegado todos los elementos que Florencio necesitaría al día siguiente (lo supo temprano) Bernardo tendría que ir a ver las vacas en la aguada del medio y ellos harían su segundo viaje al pueblo pero esta vez en carro. Ya le había ofrecido la yegua baya Bernardo y tenía el carro chico preparado, que aquí se llamaba con el nombre inglés “sulky” aunque fuera para dos. La que quedó  fascinada fue Flora ante la noticia del viajecito.

domingo, 4 de marzo de 2012

LA MAÑANA ETERNA

Los dos esposos eran dos diamantes de aquel tesoro del evangelio que se escondía en un campo y mientras desayunaban se sentían como dos tripulantes de un velero, movidos por el viento en un lago transparente. Después de un diálogo preliminar lleno de confianza ambos se pusieron en movimiento, sin duda en busca de lo mismo, dentro de un futuro que ya les pertenecía y en una paz que ya había sido regalada al universo en Nazaret y para la cual había sido hecho. Ellos soñaban en habitar hasta que en la vejez continuaran así en las moradas que Jesús fue a preparar. Y era así “de lo contrario nos lo habría dicho”.
Él se levantó dejándola a ella en sus tareas. La vio salir con los niños en busca de las lecheras mientras se dirigía solo a la casita de las monturas donde Bernardo le tenía el alazán preparado: un caballo de largas patas al cual llamaban Margacho. Él quiso ensillarlo pieza por pieza y le dejó el trabajo más difícil a Bernardo: ponerle el freno, cosa que los caballos siempre rechazan.
Dejó también a Bernardo en sus tareas y se dirigió hacia la represa del medio con el fin de cerrar la tranquera para que los animales se fueran acumulando en la bebida y darles una mirada a la tarde.
Pasó por el corral grande a tiempo en que las vacas lecheras venían empujando una tranquera oyendo a sus terneros. Salió luego por el camino entre las primeras jarillas  pasando revista a los algarrobos, talas, chañares, breas y quebrachos que aparecían de a poco en el monte. Ni pájaros se movían en el frío pero sí de a ratos lo traspasaba el gemido de la paloma. La sierra se azulaba por delante agrandándose por momentos. En ese altísimo silencio llegó a la represa y cerró la tranquera al espejo de agua y fue subiendo por el bordo hacia el extremo donde se plantó con el Margacho. Desde esa considerable altura la sierra se desplegó en toda su longitud de ciento cincuenta kilómetros invitando a la contemplación ¿De qué? Eso se estaba preguntando Florencio desde que llegó.
Él, cautivado por ese azul brillante, giraba muy lentamente la cabeza desde su extremo sud donde bajaba hasta perderse en la pampa, abundante en pastos, hasta la parte media que parecía venirle al frente con las más altas crestas que parecían en ese cielo inefable del invierno como recortadas por un ángel. Por muchos minutos fijada su vista bajando por las laderas que relumbraban más y más permanecía envuelto en esa luz celestial hasta que su cabeza giraba hacia el norte como resbalando por las  cumbres   hacia una línea recta que trazaba la pampa de piedra de tono más claro, la cual despertaba lejanas ilusiones, quizás pertenecientes a sus hijos o nietos. Y el norte frenaba su ángulo visual con unas sierras bajas ignotas y llenas de una rara atracción.
Todo brillaba como una teofanía. No supo cuanto tiempo había pasado porque no era ese ya su tiempo: el del paso de un ahora a otro medido, cronometrado. Se había desbordado y él quedaba sumergido en aquel éter invisible.
Al moverse el alazán no tan paciente como él se arrancó de su contemplación y como tarea se impuso dar un recorrido por ese cuadro. Se metió en el monte no sin remordimiento y cruzó por entre jarillales salpicados de algarrobos. Sentía el estremecimiento que la soledad provoca y la seguridad de no ser interrumpido en ella, lo cual puede ser visto como libertad. Libre su pensamiento rasgaba ese azul transparente.
De pronto tuvo un norte: su casa donde Flora debía estar preparando el almuerzo. Sentía el hogar como el diapasón donde resonaba su voz de cristal y donde lucía ese corazón que hablaba al corazón.
Recordó entonces aquel dicho latino: COR LOQUITUR COR y supo que las palabras se cumplen.