Finalmente llegó la carta desde el semestre de invierno alpino fresca de pensamiento nuevo.
"Querido amigo: Los aires de la esperanza de la verdad lleguen hasta tu casita serrana mientras yo los aspiro diariamente en los seminarios que voy haciendo con tanto gozo en estos días con mi nuevo maestro que avanza con pies de paloma sobre el terreno de la historia.
Se ven en el horizonte montañas y nubes gloriosas que se ofrecen como lugares para habitar, claros, límpidos, fértiles, coaptados para la Gelassenheit.
Se ve la estancia en la verdad que requiere pureza, la de los altos montes donde las Musas tenían sus altares junto a las fuentes originales de las aguas, la del refugio donde el amigo nos llama amigos en la correspondencia de la caridad bajo la brisa constante del Espíritu, que mueve las nubes coloreadas de Dios, la de la belleza de la libertad que en sí reside y por sí se determina, espíritu.
Voy de cumbre en cumbre, de contemplación en contemplacíon, de theorema en theorema
¡Qué tal gozo de la verdad haya podido emerger en nuestro tiempo! Ver lo que ha sido en la historia de la verdad; ver lo que hoy ha querido ser y debe esperar de un futuro que avanza hacia el origen exigiendo la cosa del pensar; esperar nosotros lo que ha podido ser y debe ser desde las sabidurías que nos siguen hablando desde su fuentes que manan y corren. Me refiero a Homero, a Pablo, a Hölderlin en la pureza incondicionada de sus poemas. Todo se ordena y mi maestro va viendo la trama de su construcción.
Allí estoy y estaré sin obstáculos como quien quiere saber, quiere saber más quien quiere saberlo todo. ¡Y puedo! como dijo San Agustín de la verdad eterna que conoció por la caridad. Aparte te envío las clases que he copiado acerca de Parménides, de Agustín y de Hegel. Tú veras y admirarás la precisión y claridad.
Me regocijo con tu Bendición y te envío mi gozo. Un saludo a Flora y a tu cura alemán a quien quiero conocer. Un abrazo de tu amigo."
Florencio se restregaba los ojos al leerla y recibir el hálito de tal plenitud. La Filosofía le daba lo que prometió en sus altas cumbres y ahora renovaba en un tiempo que requería ser visto con pureza para recoger tal promesa de la verdad que fue su comienzo parmenídeo. Muy cerca de donde ellos vivieron Ulises avizoró aquel lugar donde un pastor podía ganar doble salario, donde se acercaban los caminos del día y de la noche, las puertas que le fueron abiertas al que pudo ver a la bien persuasiva verdad de quieto corazón. Digo bien cerca pues aquello, como vio la tradición, se realizó en estrecho de Bonifacio entre Córcega y Cerdeña. Y ellos habían navegado en esas aguas cuando jóvenes.
Los caballeros andantes tenían sus sitios fantásticos la Metafísica apeló al hexámetro de la Odisea donde Homero, cuando Ulyses iba hacia Telépilo hizo aquella alusión al fantástico sitio y Parménides copió tal verso para describir su viaje a la visión del ente perfecto e inmóvil y perfecto. Allí estaban las puertas broncíneas de los caminos del día y de la noche por donde su alma aspiraba a entrar ¿Cómo resistirse a conocer la verdad cuando se es invitado y enviado a ello?
Ahora Florencio ante sus sierras podía ver alimentado en su mente por la Filosofía. Leer aquellas clases en aquel sosiego movido por el entusiasmo de su amigo era un don inestimable que formaba su alma gratuitamente. Por lo demás siempre había sido así: todo se transmite, también lo pleno.
"Querido amigo: Los aires de la esperanza de la verdad lleguen hasta tu casita serrana mientras yo los aspiro diariamente en los seminarios que voy haciendo con tanto gozo en estos días con mi nuevo maestro que avanza con pies de paloma sobre el terreno de la historia.
Se ven en el horizonte montañas y nubes gloriosas que se ofrecen como lugares para habitar, claros, límpidos, fértiles, coaptados para la Gelassenheit.
Se ve la estancia en la verdad que requiere pureza, la de los altos montes donde las Musas tenían sus altares junto a las fuentes originales de las aguas, la del refugio donde el amigo nos llama amigos en la correspondencia de la caridad bajo la brisa constante del Espíritu, que mueve las nubes coloreadas de Dios, la de la belleza de la libertad que en sí reside y por sí se determina, espíritu.
Voy de cumbre en cumbre, de contemplación en contemplacíon, de theorema en theorema
¡Qué tal gozo de la verdad haya podido emerger en nuestro tiempo! Ver lo que ha sido en la historia de la verdad; ver lo que hoy ha querido ser y debe esperar de un futuro que avanza hacia el origen exigiendo la cosa del pensar; esperar nosotros lo que ha podido ser y debe ser desde las sabidurías que nos siguen hablando desde su fuentes que manan y corren. Me refiero a Homero, a Pablo, a Hölderlin en la pureza incondicionada de sus poemas. Todo se ordena y mi maestro va viendo la trama de su construcción.
Allí estoy y estaré sin obstáculos como quien quiere saber, quiere saber más quien quiere saberlo todo. ¡Y puedo! como dijo San Agustín de la verdad eterna que conoció por la caridad. Aparte te envío las clases que he copiado acerca de Parménides, de Agustín y de Hegel. Tú veras y admirarás la precisión y claridad.
Me regocijo con tu Bendición y te envío mi gozo. Un saludo a Flora y a tu cura alemán a quien quiero conocer. Un abrazo de tu amigo."
Florencio se restregaba los ojos al leerla y recibir el hálito de tal plenitud. La Filosofía le daba lo que prometió en sus altas cumbres y ahora renovaba en un tiempo que requería ser visto con pureza para recoger tal promesa de la verdad que fue su comienzo parmenídeo. Muy cerca de donde ellos vivieron Ulises avizoró aquel lugar donde un pastor podía ganar doble salario, donde se acercaban los caminos del día y de la noche, las puertas que le fueron abiertas al que pudo ver a la bien persuasiva verdad de quieto corazón. Digo bien cerca pues aquello, como vio la tradición, se realizó en estrecho de Bonifacio entre Córcega y Cerdeña. Y ellos habían navegado en esas aguas cuando jóvenes.
Los caballeros andantes tenían sus sitios fantásticos la Metafísica apeló al hexámetro de la Odisea donde Homero, cuando Ulyses iba hacia Telépilo hizo aquella alusión al fantástico sitio y Parménides copió tal verso para describir su viaje a la visión del ente perfecto e inmóvil y perfecto. Allí estaban las puertas broncíneas de los caminos del día y de la noche por donde su alma aspiraba a entrar ¿Cómo resistirse a conocer la verdad cuando se es invitado y enviado a ello?
Ahora Florencio ante sus sierras podía ver alimentado en su mente por la Filosofía. Leer aquellas clases en aquel sosiego movido por el entusiasmo de su amigo era un don inestimable que formaba su alma gratuitamente. Por lo demás siempre había sido así: todo se transmite, también lo pleno.
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