Y llegó el momento de las confesiones dentro del sacramento de la penitencia. El padre alemán no dejaba pasar las semanas sin cumplir este servicio fundamental encomendado por Cristo: "perdonad los pecados". Quien puede quitar tal lastre del alma, quien puede dejarle a Cristo su yugo y tomar el suyo, ligero y suave ¿cómo dejaría de hacerlo sin revelar en ello una sumisión al "thanatos" descubierto por Freud en el fondo del "Ello", este despersonalizado contradictor del "yo", que es el borde de la nada en donde flotamos, decía siempre Mateo. Nos podemos dejar ir hacia abajo y topamos con ese borde o bien nos convertimos hacia el alma que une los elementos de nuestra corporalidad y que en sí se halla en el espíritu, de espaldas a la diversidad de lo sensible.
Aquí reina la paz y la gran posibilidad de recibir la gracia viendo y queriendo lo que procede del principio: a quien era en el Principio, el Logos y al Don hypostático, que procede de quien origina y de su imagen perfecta ¡Felices los menesterosos con respecto al espíritu! agregaba, con su personal traducción del griego en la primera bienaventuranza, este sacerdote que había cursado filosofía en Universidades alemanas donde pudo leer en griego a Plotino, como se ve. Y en verdad creía que sin él se desgajaba San Agustín quedando las consabidas moralinas que se multiplican como las ranas en los arroyos.
Ahora con la caridad, gozo y paz de los frutos que recibía por su esmerada preparación y buena disposición según la autoridad de San Pablo, fuente fundamental para él, la tenía a la dulce joven mallorquina cuyos ojos eran como los del mediterráneo que la rodeó en su patria.
Sembrada esa tierra con la semilla del reino de los cielos le tocaba a él proteger en ella la gracia. Flora había tenido aquel sueño donde se veía atacada por adversarios que tenían armas para distanciarla primero de Florencio y luego hasta separarla a través de aparentes razones individuales. La pesadilla llevaba esta situación progresiva a través de los años a un aislamiento que remataba en la soledad más abrumadora de la vejez.
Ella le contó este sueño.
Mateo resopló y dijo:
Mira como el adversario te ha puesto las piezas para que puedas neutralizar sus jugadas y pasar al ataque-
¡Ay padre, eso me angustió mucho! Yo creía estar unida a Florencio de tal modo que no fuera yo sola quien jugara una partida con el diablo!- dijo Flora.
Y el cura presto respondió: ¡sí está muy cerca en unidad sacramental pero son dos personas que pueden imperceptiblemente ser alejados! En el mundo hay mil cosas para hacerlo y aquí muy pocas pero aquí puede trabajar el contradictor y calumniador como lo hizo en el jardín de Edén: volviendo la persuasión en contra de la verdad al disfrazarla.
¡Ay padre entonces deberé jugar sola esa partida! ¿Cómo puede dejarnos Dios así? lloró Flora.
Fácil la respuesta- dijo el cura- "Bástate mi gracia". No estás sola: El está en ti. Si no lo supieras, no lo recibieras en los sacramentos, no quisieras encontrarte con el Señor Vivificante en tu intimidad no podrías estar cerca de Florencio, como ocurre con quienes se van aislando por carencia de su soplo avivador y acercador de personas. Hay una procesión infinita entre tu persona y la de tu esposo así como por carencia hay un alejamiento progresivo.
¿Bien pero cómo tomarlo si es invisible? -se quejaba Flora.
¡Ah hija, ya ves que la turbación te separa del Señor, más íntimo que tú misma! -contestó sonriente Mateo- porque olvidas lo elemental. Hay una mano para tomarte en la presencia de su ser infinito, no por ello menos sino más presente. Y como sabes es el sacramento donde el hombre Dios está en su carne tangible a mano. Ahí tienes su cuerpo que es contemplable y comible. Él, Verbo encarnado, te toma cuando tú lo comes. Ese alimento es un sostén que, valga la redundancia, te sostiene en el infinito de su ser simple. Él es en realidad tu esposo en primer grado por su unión carnal y el sacramento del matrimonio sólo despliega tal unión. No estás sola: estás super unida o unida en la consumación de la unidad como dice San Juan al final del discurso de la cena. Mira hija cómo viene la sexualidad matrimonial a ser un signo de la consumación en el ser y con el ser.
¡Entonces Padre que me perdone la falta de fe, de esperanza y de caridad! Dios es quien está tan íntimo conmigo y de quien escapo para refugiarme en Florencio, el cual al no poder darme lo que ofrece el Señor Vivificante, el amor del Padre y del Hijo, se resbalará de mis manos anhelantes -dijo Flora estremecida con su sensibilidad femenina hecha a la lectura de Antígona y Electra.
Así hija tú harás como penitencia una lectio diaria de aquello que rezas, el Magnificat. Sola tomarás un verso por día y lo meditarás mientras haces tus tareas. Y ahora EGO TE ABSOLVO IN NOMINE PATRIS ET FILII ET SPIRITUS SANCTI, AMEN.
Esta fue la primera confesión de la tarde en la estancia la "Bendición". Florencio y Tobías habían revisado la huerta y comentado acerca de cada cantero y cada surco. El campo azulado por las sierras que brillaban en aquella tarde estival de tal manera que avergonzaban al firmamento, los rodeaba.
Sin embargo el enemigo está más presente en el paraíso.
Aquí reina la paz y la gran posibilidad de recibir la gracia viendo y queriendo lo que procede del principio: a quien era en el Principio, el Logos y al Don hypostático, que procede de quien origina y de su imagen perfecta ¡Felices los menesterosos con respecto al espíritu! agregaba, con su personal traducción del griego en la primera bienaventuranza, este sacerdote que había cursado filosofía en Universidades alemanas donde pudo leer en griego a Plotino, como se ve. Y en verdad creía que sin él se desgajaba San Agustín quedando las consabidas moralinas que se multiplican como las ranas en los arroyos.
Ahora con la caridad, gozo y paz de los frutos que recibía por su esmerada preparación y buena disposición según la autoridad de San Pablo, fuente fundamental para él, la tenía a la dulce joven mallorquina cuyos ojos eran como los del mediterráneo que la rodeó en su patria.
Sembrada esa tierra con la semilla del reino de los cielos le tocaba a él proteger en ella la gracia. Flora había tenido aquel sueño donde se veía atacada por adversarios que tenían armas para distanciarla primero de Florencio y luego hasta separarla a través de aparentes razones individuales. La pesadilla llevaba esta situación progresiva a través de los años a un aislamiento que remataba en la soledad más abrumadora de la vejez.
Ella le contó este sueño.
Mateo resopló y dijo:
Mira como el adversario te ha puesto las piezas para que puedas neutralizar sus jugadas y pasar al ataque-
¡Ay padre, eso me angustió mucho! Yo creía estar unida a Florencio de tal modo que no fuera yo sola quien jugara una partida con el diablo!- dijo Flora.
Y el cura presto respondió: ¡sí está muy cerca en unidad sacramental pero son dos personas que pueden imperceptiblemente ser alejados! En el mundo hay mil cosas para hacerlo y aquí muy pocas pero aquí puede trabajar el contradictor y calumniador como lo hizo en el jardín de Edén: volviendo la persuasión en contra de la verdad al disfrazarla.
¡Ay padre entonces deberé jugar sola esa partida! ¿Cómo puede dejarnos Dios así? lloró Flora.
Fácil la respuesta- dijo el cura- "Bástate mi gracia". No estás sola: El está en ti. Si no lo supieras, no lo recibieras en los sacramentos, no quisieras encontrarte con el Señor Vivificante en tu intimidad no podrías estar cerca de Florencio, como ocurre con quienes se van aislando por carencia de su soplo avivador y acercador de personas. Hay una procesión infinita entre tu persona y la de tu esposo así como por carencia hay un alejamiento progresivo.
¿Bien pero cómo tomarlo si es invisible? -se quejaba Flora.
¡Ah hija, ya ves que la turbación te separa del Señor, más íntimo que tú misma! -contestó sonriente Mateo- porque olvidas lo elemental. Hay una mano para tomarte en la presencia de su ser infinito, no por ello menos sino más presente. Y como sabes es el sacramento donde el hombre Dios está en su carne tangible a mano. Ahí tienes su cuerpo que es contemplable y comible. Él, Verbo encarnado, te toma cuando tú lo comes. Ese alimento es un sostén que, valga la redundancia, te sostiene en el infinito de su ser simple. Él es en realidad tu esposo en primer grado por su unión carnal y el sacramento del matrimonio sólo despliega tal unión. No estás sola: estás super unida o unida en la consumación de la unidad como dice San Juan al final del discurso de la cena. Mira hija cómo viene la sexualidad matrimonial a ser un signo de la consumación en el ser y con el ser.
¡Entonces Padre que me perdone la falta de fe, de esperanza y de caridad! Dios es quien está tan íntimo conmigo y de quien escapo para refugiarme en Florencio, el cual al no poder darme lo que ofrece el Señor Vivificante, el amor del Padre y del Hijo, se resbalará de mis manos anhelantes -dijo Flora estremecida con su sensibilidad femenina hecha a la lectura de Antígona y Electra.
Así hija tú harás como penitencia una lectio diaria de aquello que rezas, el Magnificat. Sola tomarás un verso por día y lo meditarás mientras haces tus tareas. Y ahora EGO TE ABSOLVO IN NOMINE PATRIS ET FILII ET SPIRITUS SANCTI, AMEN.
Esta fue la primera confesión de la tarde en la estancia la "Bendición". Florencio y Tobías habían revisado la huerta y comentado acerca de cada cantero y cada surco. El campo azulado por las sierras que brillaban en aquella tarde estival de tal manera que avergonzaban al firmamento, los rodeaba.
Sin embargo el enemigo está más presente en el paraíso.
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