La tarea del enganche de la yegua al sulky exigía un complicado conocimiento de los arneses o correajes que estaban en la casita de las monturas. El arte de la talabartería se ajusta a la belleza del caballo el cual en esta época mecánica ya no se subordinaba a la guerra (como explica Aristóteles) sino al camino del campo, que es el fin para el fin último, aquel, arduo, que en este instante estaba transitando Tobías en su ermita cuando recitaba el capítulo catorce del evangelio de San Juan y se fijaba en aquello:
QUIEN POSEE MIS PALABRAS Y VELA O LAS CUIDA SOLÍCITAMENTE, ÉSTE ES EL QUE ME AMA, MAS QUIEN ME AMA SERÁ AMADO POR MI PADRE Y YO LO AMARÉ A ÉL Y ME MOSTRARÉ A ÉL YO MISMO EN PERSONA.
Mientras esto sucedía allá en la ermita, aquí ante la vista de los niños y de los viajeros Amelia y Bernardo armaban pacientemente el arnés, uniendo la inquieta yegua con el ligero sulky. Era una aventura para los neófitos. Nadie la consideró muy arriesgada desde el momento en que los niños muchas veces hacían un mandado con él ¡Pero son niños de campo! Ella no podría hacer valer sus conocimientos de música eclesiástica antigua y él su visión cooperativa de la producción agraria! Pero ambos contaban con el carro de Eneas cuando las yeguas de Tros salvaban o perseguían en los combates por su ligereza. Ellos eran dos como Néstor y el hijo de Tideo persiguiendo a Héctor por la llanura.
Aquí, claro está, irían por la llanura de la paz.
Cuando se subieron ante la algarabía de los niños y los consejos de los padres la yegua trotó con brío hacia la tranquera donde se bajó Flora para abrirla, ya que Florencio era el conductor. Ella a miraba con amor las pacientes vacas mientras cerraba la tranquera y subió ansiosa al sulky. Florencio debió gritar el habitual: ¡arre! y la yegua, aunque acostumbrada a este trayecto, inició con pena el trote que la alejaba de la querencia.
Los esposos iban en el ensueño real de la poesía y no en la prosa real de la utilidad. Si puede considerarse real el habitar repetiremos aquel verso del poeta de los Alpes: LLENO DE MÉRITO MAS POÉTICAMENTE HABITA EL HOMBRE SOBRE LA TIERRA.
Y en verdad ambos comenzaron a gozar con el trote armónico de la yegua homérica y más y más, yendo hacia ella, con el avance de la sierra, en la tarde cuando se dibujan las lomas arboladas y cobran una vida singular. Una, bien redonda, tenían enfrente, su hermosura era una invitación a llegarse a ella, a la izquierda sobre la sierra monumental otras siete lomas tan verdes como azules arrojaban su misterio a los perseguidores de la paz, que creían tener ante sí el preámbulo de la vida eterna, la cual ojo no vio ni oído oyó. Todo era luz en la tarde dorada: ¡singular maravilla porque estaban en pleno invierno!
A izquierda y derecha el monte alternaba con algún barbecho y detrás un molino junto a una casita. El camino de tierra hacía tras los cascos una nube de oro. El alma de los esposos era pura alma, situación perfecta cuando los cuerpos son jóvenes. De este modo llegaron a los arrabales del pueblo donde aminoraron la marcha y se dirigieron ante la extrañeza de algunos (que veían dos forasteros en sulky) directo al almacén. Bajaron, atando la yegua con el cabestro al palenque y mientras Flora hacía las compras para la casa con la mujer de don Britos que le sonreía (en aquellos tiempos era raro ver una española porque no habían turistas) con respeto y delicadeza, Florencio se entró a hablar con el mismo Britos reclamando algunos elementos para los cercos que no habían llegado. Quedó todo arreglado por esta parte y también llenó su canasta Flora por la suya con la alegría del matrimonio que piensa transformar en felicidad cada cosa sencilla pues la subordina a ese fin último que de acuerdo a la Ética a Nicómaco consiste en el ejercicio de las virtudes morales e intelectuales.
Ahora, tres de la tarde y libres, ¿adónde ir? No se atrevieron a llegarse a la loma que los atraía tanto pues el día era corto y no quedaba sino visitar al padre Mateo. Y eso les resultaba gozoso ya que era un maestro y un pastor.
Cargaron la canasta, subieron y andando hacia la plaza dejaron el sulky frente a la casa parroquial. El cura los vio y salio a recibirlos con la alegría de poder acercarse más a ellos como director espiritual, sin duda su vocación
¡Felices los esposos que tuvieron tal sacerdote, que es imprescindible para la vida sacramental del sacramento grande! Ellos orgullosos le contaron su aventura del viaje y pasaron a la casa parroquial donde comenzaron con el mate, cebado por la cocinera mientras el cura iba diciendo esta verdad absoluta o dogmática recordando a su maestro Scheeben:
“La Iglesia es un misterio sacramental donde se realiza el ser supra trascendente de Dios cuyo misterio se concretiza en su cabeza, el hombre Dios. Allí el misterio de Dios en la creatura se traspasa por la naturaleza del Hijo de Dios y tiene consecuencias prodigiosas en la gracia que se vierte en la naturaleza creada ya tocada por el pecado original, ya inclinada al pecado actual. La gracia de la caridad ennoblece los corazones infinitamente y prepara el organismo espiritual por las virtudes cardinales que debemos (próximamente) tratar junto con las teologales para conocer los pecados. De lo contrario no funciona el sacramento de la penitencia que es la puerta estrecha para recibir el pan de vida que es la concreción de la caridad: el mismo ser de Dios, según San Juan.
Queridos esposos, solamente así se encenderá el sacramento del matrimonio, copia natural de la unidad de las Personas Divinas en el orden sobrenatural” Y diciendo esto bebió su mate con hierbas de la sierra.
Florencio le pidió entonces confesión aunque manifestó no conocer el número de los pecados.
“Así se puede morir y mueren los cristianos con muchos pecados que afean sus vidas y no permiten que la caridad los haga santos y Jesús dijo: SED PERFECTOS: Él derramó para ello el Espíritu Santo”, dijo el cura.
Entonces mientras se retiraban al confesionario Flora se fue con la cocinera a ver la cocina y a recibir consejos culinarios de la experimentada mujer. Ella era todo entusiasmo por hacer las cosas sencillas del hogar, sentía que en eso se tocaba un misterio cuya raíz nacía en Dios. El padre Mateo lo había explicado en su casa pero ella lo venía sintiendo en lo más íntimo de su alma. La verdad se experimenta en un medio sin alteraciones, el sol luce en el claro del bosque, en un cielo límpido. Por eso el Verbo que lució en las tinieblas a los que lo recibieron los hizo dignos de ser llamados hijos de Dios. Y eso se insinúa desde los salmos y los profetas, libros escritos para quien tiene oídos para oír (esta clase de literatura). Y es presente para quienes abrazan el pasado y tienen un futuro clarificado máximamente.
Salió Florencio de donde nunca quisiera según la liviandad que sentía en su alma, detrás venía Mateo que aunque quisiera retenerlos los exhortó a que se pusieran en camino, prometiéndoles una pronta visita. Ellos lo abrazaron y con alegría se subieron en el sulky que con una leve invitación a andar se puso en movimiento por obra de la yegua que interpretó que era hora de la vuelta y cuando salía del pueblo tomó un trote diferente que a la ida: podemos decir que no sólo era sostenido y vigoroso sino que parecía alegre. La sabiduría del animal se hecha de ver en aquello que llamamos querencia.
El sol caía sobre las sierras chicas. Los algarrobos parecían concentrarse en una sinfonía de color junto a los talas. La sierra grande que había estado bebiendo el cielo, según observación de Flora, ahora ardía en su conjunto como “una llama de amor viva, como un cauterio suave, que a vida eterna sabe”. Cuando iba a mitad de camino el sol se escondió y una franja azul intenso sobre las sierras grandes se hizo rosada. Unas nubecillas sobre el poniente refractaban la luz de tal manera que se formaban surcos de luz rosada en un cielo azul que se volvía añil. Salió la luna por detrás por sobre las altas crestas y los cascos de la yegua parecieron de cristal.
La tranquera, el camino, la luz de la casa donde los niños estaban esperando con el fuego prendido, el llegar y descargar las compras resumieron la verdad de lo sencillo de un día que representaba lo eterno para esos esposos recién llegados desde tan lejos, para quienes el trote de es yegua baya sobre el camino de tierra sino era la gloria sí era la paz dada a los hombres de buena voluntad.
A la noche frente a una tetera llena con té traído de la europea Barcelona con pan casero, queso de cabra y luego torta, que había hecho Flora iniciaron un comentario:
“He andado de niña con entusiasmo en el metro de Madrid en una ida y vuelta y admiraba esa obra como mágica”
“También yo he vivido esa magia con mis tías que me llevaban al cine pero…” decía Florencio interrumpiéndose
“Pero esa época de oro pasará y se volverá prosaica…además le falta algo” iba diciendo ella
“Le falta lo que hemos hecho hoy…” decía él
“Sí, esto es armónico aquello era un prodigio técnico…”dijo la profesora de coros
“El andar a ese trote es algo originario y por lo tanto tiene algo del fin donde ciertamente no habrá metro ¿Viste ese cielo surcado de rayos cuando el sol se hundió en el azul intenso de las sierras chicas?” dijo él
“Es el paraíso que es imagen de la casa del Padre, realidad verdadera”, dijo ella
“Por eterna, pues no es hechura del hombre ni creatura alguna. No es difícil de comprender y el cuento del paraíso metaforiza aquello que ojo no vio todavía. Nosotros no nacimos para andar en metro y morir sino para habitar en el misterio del Hijo”, dijo él
“Es decir que nacimos para vivir eternamente” dijo ella con entusiasmo
“Y mirando ese fin todo lo demás es detalle, según decía mi maestro Juan”
“Miremos los íconos donde la madre tiene al niño y contempla lo que en su interior acontece”, dijo ella iluminada
“¡Cuánto hace que los hombres saben esto y corren hacia fuera hechizados por las cosas! Nosotros queremos autoabastecernos y lo demás es para gozar de los dones que nos han sido dados. Pero ¡alerta que hay quien arruina y ensucia!”, afirmó él con decisión.
“Por ello la armadura de los sacramentos que nos dejó Jesús tras su crucifixión”, decía ella subrayando verdad tan conocida como poco sabida y aún olvidada a costa de anular su sacrificio.
“ LLORAN A DIDO, como escribió Agustín: en este caso lloran cuando pierde el Barcelona pero jamás los propios pecados. El sacramento de la penitencia, habida cuenta que el justo peca siete veces al día, es fundamental para el funcionamiento de los demás. Es la virtud de la penitencia basada en la humildad la que nos lleva al sacramento que nos quita los impedimentos o vicios que se afincan en el alma como enfermedades que se hacen crónicas.” decía él con tono dramático.
“Tenemos confesor a nuestro gusto” dijo Flora, levantándose a buscar su labor (estaba bordando las alpargatas que había comprado al llegar).
“Lo que es providencial es que continúa lo que nuestros maestros y confesores nos enseñaron. En realidad tal es la función del sacerdocio en la Iglesia ” dijo Florencio con seriedad.
“Pero tiene un plus que estoy percibiendo” decía Flora concentrando la mirada.
“Sí puesto que es bien dogmático pero con un dogma vivificado por la experiencia” dijo él
“¿Y lo del hogar de Nazaret? Eso sí que es nuevo. Intuyo que nuestra madre lo hace hablar. Yo siento que ella se hace más visible cuando él habla.” decía ella
“Algo se trae entre manos este cura y lo que se entrevé entusiasma. Es como los misterios que nos ofrece nuestra sierra
cada día” agregaba él
“¡Ah esa loma que teníamos enfrente y tan nítida se destacaba!” recordaba Flora entusiasmada.
“¡Es verdad! quien tiene fe le dice al monte que salte y cambie de lugar y…”dijo Florencio.
“¡Sí! Aquí los montes saltan de alegría a la tarde ¡Cómo vibraban las lomas de la izquierda! ¿Qué habrá detrás de ellas?” decía Flora excitada.
“Iremos, iremos a ver” dijo él.
Y lo bueno del asunto era que en aquello tiempos no había nada: solo pasto muy verde cortado al ras por ovejas y cabras y una esfera de luz que sin duda anticipaba la gloria. Nada que el hombre haya hecho, apenas unas pircas de piedra redondeando el corral, las laderas que también se movían vistas de cerca y una inmensa, profunda y acariciante soledad.
Ellos lo verían, tenían derecho a ver y sentir esto que en el Verbo hizo el Padre como de paso:
MIL GRACIAS DERRAMANDO
PASÓ POR ESOS SOTOS CON PRESURA
Y YÉNDOLOS MIRANDO
VESTIDOS LOS DEJÓ DE SU HERMOSURA.
Lectura del día a la luz de la lámpara de kerosene y enfundarse bajo el quillango fue el bello final de aquel día que prometía ser siempre el mismo día.
debe decir:el trote de esta yegua baya si no era la gloria era la paz
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