domingo, 17 de marzo de 2013

EL HUERTO DE LAERTES Y NAZARET


Fue el primer verano y la primera huerta y la primera granja de nuestros jóvenes. Los animales de granja causan tanta alegría que dan tristeza cuando alguno ha de sacrificarse para la alimentación de la familia. Flora nunca logró sobreponerse a ello. Amelia y Bernardo hacían aquella tarea y desde la llegada de Florencio comenzaron a comprender cómo se resuelve la pobreza con una Granja esquivando para siempre la miseria (la convicción de Florencio era absoluta a este respecto).
 Ellos ya tenían dos hijos y el tercero estaba por nacer y luego habían de tener hasta ocho y con la despensa bien abastecida de verdura fresca y de carnes para completarla.  Y digo de pollo, de conejo y de cerdo a los cuales se le añadieron por el genio de Florencio los peces sembrados en la lagunita.
Luego vinieron los dulces que con pan casero no encontraron nunca igual sumada a la manteca que se hacía con un frasco con manivela y paleta y era insuperable. Llegaron a veces a hacer queso aunque por allí se podía conseguir en abundancia. Y los alimentos mencionados son de la máxima enjundia. Sí que el dulce de leche llegó a ser célebre con el nombre de la Cooperativa.  La consecuencia de todo este ordemamiento fue  que el salario pudo ser ahorrado cada vez en mayor proporción y así agrandaron su casa y la dotaron cada vez con mejores comodidades.
Tuvieron en Flora una maestra a lo largo de los años y ésta una compañía en la marcha de la familia que en el caso suyo nunca fue numerosa como la de Amelia.
 Lo que es natural ha de volverse con mayor luz, espiritual y en el espíritu ha de darse el campo para el Espíritu prometido que obra en nosotros, según lo trazó la mano dulcísima de San Lucas. Por cierto no un camino fácil pero sí posibilitado por la gracia en la plenitud de los tiempos y cuando los obstáculos son removidos se encuentra tierra para la semilla sembrada por el Salvador del hombre. ¿De qué la salva? De su mera condición creada "fuera" de Dios y la incorpora a su ser en la Trinidad de Personas y lo hace en la figura de familia ya que el salvador fue hijo de una familia en la tierra. Allí ya comienza a salvar, a llenar al hombre de gracia, de santidad en las relaciones íntimas del matrimonio y de la familia.
Esto que parece un sermón es una realidad sacramental, la del sacramento de la piedad, de la domesticidad de los ya hijos de Dios, ya no meramente criaturas o, vistas biológicamente, seres vivos de un planeta especial en el sistema solar. Si no lo señaláramos estaríamos escondiendo la cabeza en el hueco de la exclusiva modernidad, tan fecunda en el terreno de las ciencias cuanto ciega en la realidad del misterio sacramental.
Nuestros personajes avanzaban por ese camino que Jesucristo había iniciado en el hogar de Nazaret durante treinta años. Un hecho histórico, metafísico y eclesial y ahora novelado en la nunca narrada historia de dos jóvenes avanzando en la nada  vacía del ser pleno donde resaltaban las personas despegadas providencialmente del sistema pegajoso de las cosas artificiales o ciudadanas.
Aquí valía el arado de mano, la montura, los arneses del carro, los azadones, palas y rastrillos y eran personajes célebres los árboles y las chimeneas en las casas, todo cubierto por el abrazo de las azuladas sierras que reflejaban la vida del cielo. El árbol llegó a ser absoluto como lo que significaba: lo arduo para el hombre que ha sido el arraigo.
Flora y Florencio casí les habían puesto nombre a los arbolitos plantados que crecían como raro prodigio a su vista. Y en esto quedaron aún por debajo de Laertes que le daba árboles a su hijo quien los nombró en su vuelta a los veinte años cuando tuvo que conquistar su hogar y ser reconocido en él.
En esta novela originaria se puede observar lo que decimos: si hay evolución en la historia será desde una sabiduría originaria cada vez reconocida y olvidada.   

viernes, 15 de marzo de 2013

SITUACIÓN PECULIAR DE FLORA Y FLORENCIO

Parece que la sociedad es lo substante y ciertamente los filósofos atenienses no concebían al hombre sino en la POLIS. Bien natural es en el hombre humano la amistad ciudadana pero ya en la plenitud de los tiempos lo substante es la persona cuyo ser es la relación con otra persona en una cercanía que no tiene tope; es decir siempre se puede acercarse más y tal cercanía se llamó ya no PHILIA SINO AGAPE, al punto ser ser la otra persona un otro yo que se conforma a ella.
Así no puede ni debe confundirse esto con individualismo opuesto a lo social. Así la persona crea comunidad de personas giradas hacia la persona del Verbo que llama en la persona del Espíritu. Esto debe ser aclarado en esta historia como necesidad por lo inusual del horizonte de comprensión de algo olvidado o quizás nunca bien comprendido pero de hecho acaecido. La expresión "plenitud de los tiempos" es el ejemplo raro para quienes han seguido considerando el tiempo como una sucesión geométrica de puntos ahora en un universo en expansión física y cultural.
He aquí que nuestros personajes  por el instinto de la fe y por la ingenua lectura de las epístolas paulinas acariciaban la "plenitud del tiempo" la cual, bien que difícil para el entendimiento, es mejor posición que la de la hemorragia de ese tiempo con el cual se conforman los hombres adoradores de la sociedad evolutiva.
Es verdad que nuestros personajes eran jóvenes y más cercanos a la niñez sus almas estaban llenas del optimismo del ser que es hoy y no comprende particiones abstractas. El niño vive sin saberlo la eternidad y en el caso de los jóvenes el amor confirma tal estancia en la verdad del ser. El amor, bien que raro, es maestro de sabiduría con quienes no tienen obstáculos fundamentales para recibirlo y anida en corazones generosos como muchas veces se ha dado de ello testimonio en el vasto teatro de la existencia.
Por ello el horizonte de estos jóvenes parece utópico sobre todo para las mentes positivas que han tenido la experiencia romántica como efímera. El sentimiento puede ser de corto vuelo pero no cuando está fundamentado en la idea del espíritu y menos cuando se hunde en aquella experiencia de la mente trinitaria.
Flora y Florencio decíamos por instinto de la fe, ínsito en la naturaleza, sin obstáculos a la vista se habían visto favorecidos por el terreno preparado por el tío Tobías. Pero aprovechar la oportunidad no es casual porque no se escribe, como suele decirse, la Divina Comedia juntando las letras y salen los tercetos. Además hay que ver qué jóvenes ciudadanos hubieran aceptado esto de otra manera sino como un castigo.
Ellos respiraban felicidad junto a los animales de ese cuadro de la maternidad, donde las vacas estaban pariendo una tras otra. Y ahora sí que había trabajo.Un día Flora descubrió un ternerito que estaba solo y perdido y le salvó la vida y fue criado en los galpones con regocijo, hasta que encontraron una madre que lo aceptara.
Ella estuvo ayudando a la cría de una potranca de ese mismo modo con los niños con quienes mucho compartía de las tareas cercanas a la casa.
El arraigo es el ejercicio que llevaban a cabo con Florencio y en él se olvidaban de todo lo que había estado en el programa difuso de las carreras que se le proponen en la así llamada "civilización" que a veces es apenas "urbanización". La primera tiene que ver con la libertad o la proyección temporal del derecho, la segunda meramente con liberación indefinida.
Hay un nuevo arraigo en marcha aquí en la Bendición que ha dado aliento a los nacidos en el antiguo y que los confirma enriqueciéndolos con la enjundia de la historia, que no es evolución lineal.

jueves, 14 de marzo de 2013

LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD

Florencio por su parte le contestó a su amigo:
                                                                    "Realmente tu experiencia es fundamental; el haber hallado tal maestro sutil que avanza como la luz por un medio saturado en ideologías y pensamientos rimbombantes es una gracia. Al maestro de Freiburg lo conocíamos por su fundamentalidad que te parecía una bomba que implosionaba la cerrazón moderna pero esto que ahora me cuentas es como un cisne reposando en las aguas del río Mincio cantado por Virgilio. Me mantendrás al tanto y me nutriré de ello sin mérito alguno de mi parte y eso será gracia sobre gracia. Porque yo estoy en la soledad apacible y tú parece que en medio del ruido del mundo has hallado una soledad fecunda paralela.
Nada hay más soledoso que la Filosofía, lo supieron Parménides, Plotino, Descartes, Kant y Hegel que sin mal no recuerdo se enteró de la entrada de Napoleón por un cañonazo delante de su ventana, según solías contarme. Así estuvieron Platón y Aristóteles en su Atenas más que ruidosa vanidosa y sobre todo ignorante del valor de tamaños genios. Porque nadie es profeta en su tierra ni en su tiempo aunque tenga el consuelo de algún número de discípulos que tampoco terminan comprendiendo.
Pero nosotros no tenemos porqué entrar en cuentas con nadie y como decía Sancho: cuando te den la soguilla corre con la vaquilla. Yo tengo al cura Mateo y algunos amigos aquí más que interesantes como verás cuando me visites. Y me esfuerzo por hacer la verdad. La cooperativa marcha de tal modo que ya tenemos  todo lo necesario para la cocina de los integrantes. Es la primera etapa en la cual se ahorran gran parte del sueldo y nosotros con Flora comemos de la obra de nuestras manos produciendo un gozo inenarrable. Tú sigue en aquel frente novedoso que abre un sendero en el mundo y nosotros te acompañaremos con nuestras bendiciones y oraciones. Damos gracias a Dios por este comienzo que si no fuera sencillo podríamos calificarlo de glorioso.
                                                                                               un abrazo de tu amigo Florencio.

Así fue la carta que despachó Florencio desde su serenidad. Estaba lejos la Bendición en las sierras de las montañas de Friburgo a la sazón en invierno pero esto lo hacía más denso y fundamental como la filosofía como la sabiduría misma donde se hallaban él y Flora, pues ella está cercana a los hombres de buena voluntad.

miércoles, 13 de marzo de 2013

ENTUSIASMO EPISTOLAR


La contestación de la carta de Flora a su madre fue la siguiente: "Sí, mamá, aquí también tenemos presente a la Virgen que teje nuestra familia. Ella nos hace integrantes de un mismo tapiz donde late el misterio de caridad, misterio de Nazaret, misterio de cercanía cuya experiencia es nuestra vida. Ella hace la Iglesia que nos une a Jesucristo. Saber esto nos hace felices y habitamos en la riqueza de la llena de gracia. 
Nosotros vamos a misa una vez por semana pero rezamos el rosario todas las tardes caminando hasta la tranquera, es decir la puerta de la Bendición. Leemos la liturgia diaria y nuestra gran novela de los libros de la Biblia todas las noches antes de dormir ¿Por qué tanto? ¿No es lo más bello? ¡Ah esa ida y vuelta flanqueados por las dos sierras, la alta al este y la baja al oeste, que se encienden con colores que sólo la pintura puede copiar!
Muchas veces el cura viene aquí y nos confiesa y comemos con el tío, que viene otras veces también a almorzar. Una vez por semana tenemos reunión de Cooperativa y trabajo en común. No estamos tan solos como parece pero la soledad la llevamos por divisa: sólo en ella florece nuestra unión sacramental con Cristo, tal como nos la explica el padre Mateo y nosotros la sentimos. A Él debemos escuchar y no al mundo y a las modas. Lo dijo el Padre celestial: “A Él escuchad”.
Papá debe ponerse feliz porque su hijita no se aleja sino que se acerca al gran momento de las moradas del cielo. Quiero decir que no nos separamos. Parezco todo una teóloga pero claro, con Mateo y Tobías y otros amigos que se agregan mi alma se llena y no soy tan corta de ingenio para no comprender cosas tan necesarias para la felicidad que hemos recibido.
Aquí en el comienzo del verano todo hecha hojas: nuestros árboles recién plantados, nuestras legumbres, nuestras gallinas sacan pollitos, nuestros conejos gazapos, nuestros cerdos lechoncitos y por supuesto nuestras vacas paren terneritos inmaculados. Pero lo mejor son los potrillitos: nada hay más bello ni que más me estremezca. Es un mensaje divino de la bondad de las ideas de Dios.
Ya ves que hay mucho, muchísimo que ver y hacer. Y todos formamos una comunidad de trabajo. Florencio está muy ocupado en ello pero al ritmo de la naturaleza. Yo no sé si esto será así siempre pero aquí no hay discusión ¿Será porque somos pocas las personas? Además en muchos aspectos hay igualdad porque la Cooperativa es construcción y posesión común de los pocos pero sustantivos bienes.
Ya tenemos de todo para la comida del hogar.
                                     Un abrazo a todos y especialmente a mi papá."
                                                      FLORA.

domingo, 10 de marzo de 2013

PAX IN TERRIS

Las lluvias comenzaron a ser frecuentes y los pastos a crecer. La mañana la pasaron Rosendo, Bernardo y Florencio en su trabajo rutinario: juntar, revisar, separar y reubicar hacienda. Todavía no habían llegado los grandes calores y no había   terneros "enbichaos" pero se iban vacunando en los bretes que tenían las entradas a las represas.
Rosendo y Bernardo trabajaban con mucha habilidad y complacencia, era el trabajo que habían realizado desde pequeños: enlazar, voltear, arrear. Los animales eran señalados por razón de su vacunación y todo funcionaba con orden y voluntad.
Florencio en realidad supervisaba como antes Tobías y se deleitaba con esos animales que miraban como los santos pintados por el Angélico que él había visto en Arezzo, como si no estuvieran en este mundo de la angustia y la sobre excitación. No bien pasaban el trago amargo del pinchazo y de la encerrona se iban felices a sus pastos del paraíso. Y tenían razón: no habían ellos recibido la maldición del pecado original sino a través de los hombres. Quien viera a aquellas vacas perderse en los prados, olvidándose  de su mundanidad, no podría albergar memorias tristes. Pero sabemos que el impedimento para ello viene de adentro, del ser, de la grima que se presenta en el claro del ser.
 Sin embargo el paso de los caballos en el camino de vuelta los sumergía en el orden bello, en el cosmos, en el designio de su creador. El cosmos sin embargo está enmarcado en acosmías como límite del cual nos rescata el salvador, aquel que ha vencido al cosmos.
Era un saber arduo sin duda que Florencio no poseía con precisión pero que breviter estaba contenido en el catecismo de la Iglesia ¿Cómo sino se requiere de un salvador que es el mismo Dios sino por ser la finitud una condición -aún sin pecado- enteramente infranqueable para la criatura que sin embargo apetece un bien infinito? Pues hecho para el Amor no se sacia sino con el Amor o Agape que es infinito. "Fecisti nos ad te" se repetía el alumno de aquel colegio donde se habían comprometido a enseñar lo que tiene que ser enseñado. No es cosa de exclusión la lectura de las Confesiones y lo es de fructuoso ejercicio en latín.
Caras beatíficas de las Hereford más nobleza simbiótica del caballo, más chañares, breas, jarillas algarrobos, más pastos aromáticos y aves compañeras traía en el alma de Florencio que se encontraba ahora con Flora de voz dulce y alma tierna.
 El almuerzo con espinacas de su huerta, habas, papas, salsa blanca con la leche de sus lecheras y huevos duros de sus gallinas y alguna pechuga de añadidura hicieron su deleite. El vino de su valle mezclado en una jarra con naranjas de las sierras alegraba y enorgullecía ¡Todo era propio y estaba al alcance de la mano laboriosa! Ellos se creían benditos y estaban en la Bendición.
La tarde la emplearon en primer lugar para contestar las cartas recibidas y en segundo lugar se ocuparon junto con los niños y Bernardo en la ahora inmensa huerta. Sobre la sierra se elevaban enormes nubes llamadas cumulus y que eran la obra de todos los pintores del renacimiento ayudados por ángeles ¡Tan gigantescas se elevaban y coloridas al soplo de las brisas de las cumbres! Ese soplo del Espíritu allí arriba que está llamando a quien sea capaz de Dios, a quien suba en su más pesante humildad.
A lo largo de la extensión de las sierras se efectuaba esa tarea de instalación artística que parecía envolverlos  mientras trabajaban en los canteros y surcos en el Adviento, tiempo de ángeles y hombres de buena voluntad que están sobre la tierra. La paz resonaba como reflejo de la gloria. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Florencio y Flora tenían de vuelta las cartas. Esa tarde de verano se sentaron en la galería a leerlas. Flora recibía con lágrimas suaves las palabras de su madre:
"Sí que tú, querida hijita, has hecho una rara cosa: irte a miles de kilómetros de nuestra Palma. Pero no lo has hecho a la aventura como tantos inmigrantes sino que has pasado de familia a familia porque te has ido con mi hermano Tobías, el bueno. Todo queda en familia como suele decirse y el desgarro no lo es tanto aunque no para tu padre que se sienta a orillas del mar para añorar tu persona mientras medita en la existencia. Creo que lo fundamental en estos casos es saberse unidos a quien nos une  para que no haya vacío entre nosotros. Hemos heredado la fe y recibimos la gracia ¿qué más podemos esperar? Las cosas se complican más y más y nosotros nos simplificamos más y más. Vamos a la catedral cada día y veneramos a nuestra virgen a quien pedimos que nos tenga en el amor de familia. Creo que eso es todo hasta más ver". De este linaje lulliano era su madre y así encaraba la separación.
En cuanto a Florencio abrió la carta de su amigo Martín:
"Sabrás por ésta amigo de mi viaje a Friburgo. Allí escuché clases de Heidegger  y conocí a un discípulo pequeño en estatura y grande de ánimo. Tiene una forma peculiar de comprender la filosofía griega. No sigue lo usual de la historiografía inglesa aunque ha ido al King College ni la francesa aunque ha estado en París pero también hay que decir que no es un alemán clásico. Tiene la fundamentalidad de éste último, la sutileza de aquel y la concretidad del primero. Creo que he hallado un maestro aunque por ahora estamos bajo la atmósfera encantada de Heidegger. Yo estudio mucho griego porque allí hay una clave: cómo usan las palabras los escritores y los poetas. Mi pequeño maestro ha visto una rasgo diferenciante en el empleo de LOGOS Y ALETHEIA. Te imaginarás mi entusiasmo hundido en este tesoro. Los días me resultan cortos para estudiar y me envuelve un sentimiento indescriptible y una luminosa esperanza ante todo este horizonte. Tú allí en tus campos y yo aquí en mis delicados estudios somos uno. Un abrazo de tu amigo".
Vio Florencio cómo él participaría de aquel horizonte sereno libre de ideologías en un terreno minado por las luchas de escuelas y ensayistas que subían al escenario como aquel idiot de Macbeth that strets and frets an hour upon the stage.
 La tarde avanzaba en su dorado, acentuada por la sierras que devolvían los rayos embellecidos por sus verdes lomas y prados, claras laderas y oscuras cañadas. Era cosa que por repetida no era sino sorprendente en sus resplandores combinados. Regaron juntos la huerta dejando correr las aguas por acequias artificiosas. Había venido Rosendo quien los ayudó junto con Bernardo en la especial tarea de lso envíos a uno y otro cantero y surco del líquido que tomaba los colores de la atmósfera dorada.
Flora se desprendió con los niños para buscar las lecheras y se veía por el campo levantando una nube de oro entre los balidos de las vacas que espiaban gozo en los campos aromáticos. Los terneritos triscaban entre sus madres con sus caritas blancas que enternecían a Flora.
Lo cotidiano era sin embargo manifestación de algo admirable y verdadero ¿Logos y Alétheia?  Florencio se reunió brevemente con ambos auxiliares y planearon lo que había de hacerse al día siguiente. Tras retirarse a sus casas Florencio volvió a la suya y encontró a Flora tocando canciones infantiles en el armonio y enseñando un poco de música a los niños. Pasado este preciso momento ellos salieron también corriendo y Flora se aplicó a prepararle la comida al imaginativo Florencio que siempre esperaba de ella un sabor nuevo.
El tiempo se ensanchaba para que ellos rezaran el rosario caminando cuando el sol se ponía por las sierras chicas, leyeran la liturgia del día y comieran. Después venía la lectura que los transportaría a Argos o a Corinto según leyeran Electra o Antígona. Tenían que estirarse las horas para que todo cupiera en estos activos jóvenes que se distraían hacia adentro.
Les esperaba la lectura de los libros de la Biblia antes de dormirse. Ellos los tomaban también como literatura. Hemos visto cómo se sentían identificados con Abraham mirando las estrellas ¡Y qué cielo contemplaban, qué firmamento los cubría! Sin luz en pleno campo la respiración tenue de la bóveda celeste los acariciaba, más en el verano. Su habitación era receptáculo de lo infinito.
Mas allá a unos mil metros don Tobías rezaba, lloraba y contemplaba en su ermita

domingo, 3 de marzo de 2013

Se podría decir que los días iban hacia adentro en lo mismo. A mitad de semana iban a hacer las compras y el domingo iban a misa. A veces el padre Mateo venía a confesarlos y a compartir con ellos el tiempo pleno que mencionamos ya que el rey del universo invita a perder el tiempo con su visita al alma que es su morada. Por lo tanto debe hacerlo su sacerdote. Es decir acercarse a las personas nada haciendo es, decía el cura, aquello que se llama CARIDAD, o sea tomar como suyas a las personas y comunicarles lo que se es antes de lo que se tiene, que siempre es algo escaso. En cambio en lo que uno es hay infinitud porque Dios está dándome el ser. Si Él nos mantiene en el ser, solía decir, es para comunicarnos su Persona, no por una vocación biológica ya que la vida es nuestra materialidad, la posibilidad de unos seres compuestos de materia y forma de participar formalmente en el espíritu del Espíritu que el Padre y el Hijo eternamente espiran. EL ESPÍRITU ESPIRA: éste es el ser de Dios, concluía Mateo.
Podemos pensar que en ese pueblito al pie de las sierras regía el ser y no la cosificación del sistema de los entes que crece y crece en la civilización ciudadana tan orgullosa de sí misma en tanto altivamente la considera como "la realidad". A ellos, Mateo, Florencio y Flora nada se les daba de esa realidad, para no mencionar a ermitaño. Mateo ejercitaba los Misterios del Cristianismo de Scheeben que muestran como desde la Trinidad de Personas se tiene la creación del hombre y en él se realiza el misterio de la gracia, de Dios en la criatura, a través de la unión hypostática cuya consecuencia es la Iglesia como gran sacramento donde se preludia por el sacramento de los sacramentos la gloria para la cual hemos sido creados. Florencio y Flora beneficiarios por tener tal director espiritual que repartía ese misterio escondido por los siglos ahora revelado a los pequeños a su vez ejecutaban la verdad del sacramento final, el matrimonio donde se realiza aquello del Génesis: hagamos al hombre a imagen y semejanza y varón y mujer los creó a imagen de Dios.
Esta es la historia que aquí se narra y es tan posible, cuanto necesaria cuanto exigible por la índole de lo que ha sido dado al hombre y pisado como pasado sin desarrollar. Esta novela es su modesto desarrollo delante de unas sierras que parecían esperarlo por su quietud que invita a la permanencia.