sábado, 8 de junio de 2013

DOMINGO EN LA GRACIA

El domingo partieron todos del hotel a la misa monumental que cantaba el teólogo alemán de Colonia, por maravillosa providencia residente en aquel pueblo serrano del país del fin del mundo. Efectivamente, esta colocación da un vértigo que motiva a cosas sublimes para quien viene de la vieja Europa. En este caso se trataba de la sublimidad de lo más simple y no de la aventura: es el habitar, el hogar, que hace cercano lo lejano, es lo contrario del Ulises inglés, es Odiseo urgido por el AGAPE, por ser recibido por su esposa, rey, no ya reina del claro del ser, como le dice Ulises mendigo.
El ímpetu del río voraginoso que salta rocas y es origen de la energía eléctrica es la semejanza para el industrial y comerciante moderno. La energía del espíritu, la vida permanente que es al mismo tiempo inmanente, la del tiempo pleno como entelequia, como fin perfecto es la ecuación del habitar.
Decir que gozaron la Misa es decir algo lógico, ya que ella es objeto de fruición pura para que así se realice la catharsis del fiel y se verifique el acto portentoso de la redención. Sí, una misa dada con tanto sentido por nuestro cura envolvía a los bien dispuestos en la belleza supra trascendente de Dios, al par que los fijaba en Él según el pedido que el sacerdote para siempre dio en la última cena: PADRE TE PIDO QUE SEAN UNO COMO NOSOTROS SOMOS UNO.
No se puede dejar de maravillarse hasta un grado infinito ante tal sacerdocio que toma el celebrante en sí como representación sacramental. El sacramento del orden sagrado era creído por nuestro cura Mateo con toda fuerza, sabiduría y responsabilidad. Se trataba de comunicar sacramentalmente la gracia y no de una acción social. La sociología no haría mella en el seminario de Colonia plenificado por la santidad de un Scheeben.
Los jóvenes bebieron la gracia y luego de la Misa saludaron al cura y partieron hacia la Bendición porque mucho les quedaba por ver a Hugo y a su esposa de la estancia: ver y andar a caballo que es como recibir el misterio de la tierra.
Así llegaron e improvisaron una comida con lo mucho que había en esa huerta por arrancar y los huevos que había que juntar en la granja ¡No era cosa sino de estirar las manos y tomar de los dones que la Providencia estatuyó para las criaturas racionales!
Uno piensa: ¡qué lástima la rebeldía que se aleja de tales dones simples! Los hombres más y más los toman como medios e instrumentalizan como producción técnica lo que es objeto de sabiduría y es por sí mismo.
No todos sin embargo desobedecerán la fe y dejarán pasar los dones de la simplicidad. Esto último comentaban los nuevos amigos al juntar una docena de huevos y de un golpe llenar una canasta. La junta de tomates y choclos eran cosa de entusiasmar a hombres de buena voluntad. El don de la bondad de un Padre que siendo la bondad misma la comunica en la fluencia de la naturaleza, la cual vio Él que era buena.
Comieron, descansaron, ensillaron caballos y salieron al milagro de los senderos, de los prados y de las vacas las cuales en su querencia transmiten (como se experimenta cada vez) paz.

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