domingo, 2 de junio de 2013

EL HOTEL DE LA LOMA

En el siguiente encuentro  Flora y Florencio llegáronse hasta el hotel de la loma pues tenían deseos de conocerlo. No conocían la sierra aún y esa visita los aproximaba a su misterio. Pasaron el pueblo y subieron por un camino cada vez más empinado, al ver el cartel entraron y sintieron el misterio del sitio que parecía un monasterio natural. La loma los cerraba por el norte, por debajo pasaba una estruendosa acequia de piedra con el agua que venía de las cumbres. Hacia arriba la montaña con bosque de molles y hacia abajo el valle que brillaba como un tesoro de diamantes y detrás otra loma boscosa cerraba el claustro. En ese recinto estaba construido el hotel.
Cuando aparecieron los nuevos amigos que allí se alojaban en sus vacaciones los llevaron a caminar un poco hacia arriba y se refrescaron en un arroyo con grandes piedras. Ellos se maravillaron de la pureza del lugar y sus corazones hacían una promesa de fidelidad como ante un santuario al cual se peregrina.
El almuerzo lo tuvieron en el enorme comedor del hotel con mucha madera lustrada junto a una sala con grandes ventanales que daban al jardín con mesitas,sillones y una gran chimenea. La comida típica de la sierra era el cabrito que en este caso fue hecho al horno de tal manera que se deshacía y deshuesaba al mínimo toque. Luego de un plato preliminar con paté casero y fiambres también hechos en el hotel acompañada de panecillos especiales pasaron al cabrito serrano y este perfecto almuerzo concluyó con varios postres entre los cuales la torta de chocolate Selva Negra fue la reina. Los dueños eran un matrimonio de una mujer dinamarquesa con un húngaro.
Después fueron a sentarse en los sillones y allí se expandió la conversación donde Hugo contó la historia de su familia. Con buena voz y semblante que traslucía una noble emoción comenzó de la siguiente manera:

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