Y así era aquel comienzo. La juventud es semejante a una fuente que mana su pureza en lo alto de la montaña para despeñarse con fuerza a través de las rocas que dan sonoridades inefables en las tardes y mañanas del paraíso.
Así lo estaban experimentando nuestros jóvenes esposos que no podían embancarse en bajos cenagosos porque habían dejado la sociedad compleja de la gran ciudad y se habían arrojado a la comunidad simple de la Estancia la Bendición con sus aledaños en medio de una Cooperativa gozosa porque tendía al autoabstecimiento, base de la bella libertad.
Ellos comían de lo propio y ello les provocaba un gozo infinito, algo que trascendía la utilidad y residía en la obra que produce el arte. Los tomates, las diversas clases de lechuga, las acelgas, las chauchas, los repollos, las cebollas, los ajos, los pimientos (hasta una experiencia con una plantas de papa que se iban enterrando y seguían produciendo) les daban, junto al monte frutal que iba creciendo poco a poco y los huevos, leche y carne de conejo, pollo y cerdo, la más grande alegría que habían experimentado en sus cortas vidas.
Y no había más espectáculo visual que las delicadas y cambiantes sierras y otro auditivo que los campos y montes llenos de pájaros y mugidos y relinchos.
La obra de arte espiritual era la Misa y la lectura llenaba sus noches de turbio en turbio. Los días de lluvia o de viento se desquitaban con lecturas de las altas cumbres de la literatura sin cuya lectura dudosamente se podrá alcanzar a ser hombre. Por lo menos la educación que le es muy necesario al hombre para serlo consiste en conquistar lo que se ha heredado. Cierto que el hombre tiene en sí la fuente que es su propia persona que en el sosiego puede emerger en el ritmo de la paz.
Todo esto fue de parte de nuestros jóvenes comunicado en su primer encuentro en la Bendición con el matrimonio visitante. La comida en la galería de su casa junto al algarrobo se prolongaba con el deleite de la conversación como si estuvieran -dado el olvido del paso o sucesión de las horas- en las moradas que Jesús nos anticipara.
Ellos por su parte comenzaron a contarles su actividad en el pueblo de donde venían en otra provincia que fue lo que se dirá en otro capítulo
Así lo estaban experimentando nuestros jóvenes esposos que no podían embancarse en bajos cenagosos porque habían dejado la sociedad compleja de la gran ciudad y se habían arrojado a la comunidad simple de la Estancia la Bendición con sus aledaños en medio de una Cooperativa gozosa porque tendía al autoabstecimiento, base de la bella libertad.
Ellos comían de lo propio y ello les provocaba un gozo infinito, algo que trascendía la utilidad y residía en la obra que produce el arte. Los tomates, las diversas clases de lechuga, las acelgas, las chauchas, los repollos, las cebollas, los ajos, los pimientos (hasta una experiencia con una plantas de papa que se iban enterrando y seguían produciendo) les daban, junto al monte frutal que iba creciendo poco a poco y los huevos, leche y carne de conejo, pollo y cerdo, la más grande alegría que habían experimentado en sus cortas vidas.
Y no había más espectáculo visual que las delicadas y cambiantes sierras y otro auditivo que los campos y montes llenos de pájaros y mugidos y relinchos.
La obra de arte espiritual era la Misa y la lectura llenaba sus noches de turbio en turbio. Los días de lluvia o de viento se desquitaban con lecturas de las altas cumbres de la literatura sin cuya lectura dudosamente se podrá alcanzar a ser hombre. Por lo menos la educación que le es muy necesario al hombre para serlo consiste en conquistar lo que se ha heredado. Cierto que el hombre tiene en sí la fuente que es su propia persona que en el sosiego puede emerger en el ritmo de la paz.
Todo esto fue de parte de nuestros jóvenes comunicado en su primer encuentro en la Bendición con el matrimonio visitante. La comida en la galería de su casa junto al algarrobo se prolongaba con el deleite de la conversación como si estuvieran -dado el olvido del paso o sucesión de las horas- en las moradas que Jesús nos anticipara.
Ellos por su parte comenzaron a contarles su actividad en el pueblo de donde venían en otra provincia que fue lo que se dirá en otro capítulo
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