En ese campo magnético y en aquellos años inocentes con tan pocos medios de comunicación se podía vislumbrar precisamente la comunicación en días que en lugar de ser sucesivos eran "días para adentro".
Y he aquí que a ello convocaba la narración de San Lucas a puro talento elocutivo. La anunciación y la navidad sobre la figura de una joven a la cual la palabra interior de Dios apunta como GRATIA PLENA por medio de un ángel ante la reina de la humildad constituía aquel tesoro escondido en un campo que esta hermanitas de la paz habían comprado vendiendo todo.
La sierra era atractiva como un centro gravitacional, configuraba un misterio de cercanía. Es cierto que no bien se retiran las cosas de este mundo resplandecen las de esta tierra: árboles, arroyos, piedras, hierbas, animales, profundidades crecientes, alturas progresivas, todo bendecido por un cielo envolvente, por un brillante éter que en tardes y mañanas hablaba de la realidad del paraíso.
Simple la oferta y ardua la liberación de los sucesos de este mundo que más y más implican a religiosos, estudiosos, científicos, comerciantes, políticos y pueblo trabajador en general para el cual el fin está en el tener más y más medios mientras se va desvaneciendo el fin.
¿A qué venía yo? ¿Por qué estoy ahora aquí? Para vivir y sobrevivir gozando lo más posible de las cosas. Algunos, solo algunos, le añaden poder y éxito a esta precaria estancia. Porque de ida el salmista vio un lirio y de vuelta ya se había marchitado.
La sierra en cambio absorbía este vivir transformándolo en "habitar". La sabiduría que ya late en los primitivos Proverbios de la Biblia hace aquí morada cuando allá resbala ante los sucesos que atraen la atención y desarraigan.
¿Qué arraigo puede haber en casas pegadas unas a otras, y en departamentos horizontales que hacen una sola casa con células para avispas? El arraigo está cada vez en lo virtual de las pantallas en la publicidad de la vida que es discusión, guerra y por lo menos burla distractiva.
Aquel entramado de libros por el contrario llama al habitar desde Abraham en sus tiendas bajo el cielo estrellado hasta la invitación del Verbo de la paz ante la pregunta:¿Maestro donde habitas? Venid y ved...
Las hermanitas de la paz entre aquellos desinformados pobladores ingresaron en el camino estrecho que lleva a la vida quitando su atención del camino ancho que lleva a la perdición.
Ese camino es el que se va ensanchando en las grandes ciudades donde las gentes jóvenes de los campos y sierras acuden en busca de mejores condiciones de vida y concluyen cuando logran escapar de las Villas de emergencia en sórdidos barrios metropolitanos ahogados entre medios que en un momento pasan de ser necesarios a superfluos.
Precisamente las hermanitas yendo por el camino estrecho y asociándose al cooperativista Florencio practicaban medicina preventiva ofeciendo a las gentes los medios de aprovechamiento de sus cosas tradicionales (frutas secas y dulces, artesanías etc) pero en vista del fin que es la paz, "la última palabra de la historia".
Y he aquí que a ello convocaba la narración de San Lucas a puro talento elocutivo. La anunciación y la navidad sobre la figura de una joven a la cual la palabra interior de Dios apunta como GRATIA PLENA por medio de un ángel ante la reina de la humildad constituía aquel tesoro escondido en un campo que esta hermanitas de la paz habían comprado vendiendo todo.
La sierra era atractiva como un centro gravitacional, configuraba un misterio de cercanía. Es cierto que no bien se retiran las cosas de este mundo resplandecen las de esta tierra: árboles, arroyos, piedras, hierbas, animales, profundidades crecientes, alturas progresivas, todo bendecido por un cielo envolvente, por un brillante éter que en tardes y mañanas hablaba de la realidad del paraíso.
Simple la oferta y ardua la liberación de los sucesos de este mundo que más y más implican a religiosos, estudiosos, científicos, comerciantes, políticos y pueblo trabajador en general para el cual el fin está en el tener más y más medios mientras se va desvaneciendo el fin.
¿A qué venía yo? ¿Por qué estoy ahora aquí? Para vivir y sobrevivir gozando lo más posible de las cosas. Algunos, solo algunos, le añaden poder y éxito a esta precaria estancia. Porque de ida el salmista vio un lirio y de vuelta ya se había marchitado.
La sierra en cambio absorbía este vivir transformándolo en "habitar". La sabiduría que ya late en los primitivos Proverbios de la Biblia hace aquí morada cuando allá resbala ante los sucesos que atraen la atención y desarraigan.
¿Qué arraigo puede haber en casas pegadas unas a otras, y en departamentos horizontales que hacen una sola casa con células para avispas? El arraigo está cada vez en lo virtual de las pantallas en la publicidad de la vida que es discusión, guerra y por lo menos burla distractiva.
Aquel entramado de libros por el contrario llama al habitar desde Abraham en sus tiendas bajo el cielo estrellado hasta la invitación del Verbo de la paz ante la pregunta:¿Maestro donde habitas? Venid y ved...
Las hermanitas de la paz entre aquellos desinformados pobladores ingresaron en el camino estrecho que lleva a la vida quitando su atención del camino ancho que lleva a la perdición.
Ese camino es el que se va ensanchando en las grandes ciudades donde las gentes jóvenes de los campos y sierras acuden en busca de mejores condiciones de vida y concluyen cuando logran escapar de las Villas de emergencia en sórdidos barrios metropolitanos ahogados entre medios que en un momento pasan de ser necesarios a superfluos.
Precisamente las hermanitas yendo por el camino estrecho y asociándose al cooperativista Florencio practicaban medicina preventiva ofeciendo a las gentes los medios de aprovechamiento de sus cosas tradicionales (frutas secas y dulces, artesanías etc) pero en vista del fin que es la paz, "la última palabra de la historia".
No hay comentarios:
Publicar un comentario