miércoles, 8 de enero de 2014

LA NUEVA PALABRA DE LA CONTEMPLACIÓN

Las dos hermanitas de la paz recibían el misterio de cercanía de la profunda inmersión en las sierras grandes cuya morfología hemos destacado: antes de las lomas, luego de las lomas en los vallecitos verdes, más allá en los bosquecillos de molles que se agitan en las tardes, en las laderas y sus praderas pastosas y finalmente en las cañadas recogidas que llevan a las cimas recortadas sobre el éter.
Ellas ya habían sido captadas por esta fuente de paz, el cual en sí unifica el tiempo. Ahora buscaron al párroco del pueblo que ahora debemos decirlo se llamaba LA PAZ. 
Mateo las recibió una tarde de aquel verano y sostuvo una larga conversación que terminó en cena. Luego antes que la noche se espesara fueron llevadas por el taxista irlandés amigo del cura.
El fruto de aquella conversación dejó establecida aquella nueva congregación cuya novedad se expandiría hasta el ingreso de un matrimonio en consonancia con el carisma fundamentado en el habitar, la nueva palabra de la contemplación. 

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