miércoles, 15 de enero de 2014

SPIRITUS SPIRAT

Un miércoles de aquel final de verano el cura se vino a la Bendición con las dos monjitas y se encontraron con los esposos. Congeniaron inmediatamente por la dirección que llevaban en sus vidas: AD INTRA. No sé si serán muchos o poquísimos en número pero sí que si hay fuera hay dentro o bien lo de afuera lo es del interior.
En un primer momento la Bendición se conmovió entera: todos vinieron a ver a las recién llegadas, desde Tobías hasta Rosendo y por supuesto los niños de Amelia y Bernardo. Se improvisó un asado pues la carnicería de la estancia siempre tenía carnes a mano para abastecer y sobre todo la cooperativa ya en marcha ya verduras variadísimas: varias clases de lechuga y de tomate, chauchas. Berenjenas, pimientos, repollo, zanahoria, remolacha y muchos huevos. Después frutas en una variedad admirable ya transformadas en dulces que les obsequiaron a las visitantes.
Las hermanitas quedaron fascinadas con esa comunidad cooperativa que adquiría vida día a día con las cosas concretas y bellas de la creación, lejos del arsenal de moralinas ciudadanas de revoluciones exteriores que pretenden ignorar la condición de los hombres. Digamos: su debilidad frente al pecado.
Allí pudieron ver aquello de "al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios", fuera de un mesianismo social que reproduce la esperanza de los habitantes de la Jerusalén de la época de Jesús, un Mesías ahora socialista decorado con toda moralina.
Aquí vieron al joven catalán hacer el capital social a base de granja con la proporción de la justicia solónica, porque no era ajeno a ese conocimiento (desconocido por los ilustrados hodiernos) de EYFROSYNE, DIKE Y EIRENE. Y las hermanitas precisamente perseguían la paz y querían ser eirenopoiéticas según reza la séptima bienaventuranza.
Ellas habían dudado en llamarse hermanitas de la paz o de las bienaventuranzas y debemos tenerlas por tales, ya que su camino estrecho consistía en subir de grada en grada según este esquema:


ALTURA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS

Caridad: don de Sabiduría= poetas de la paz   
Fe: don de inteligencia= contemplativos
Esperanza: don de ciencia= misericordiosos
Hambrientos de justicia: don de fortaleza= llenos de Dios.
Mansos don de piedad= arraigados en la tierra
Afligidos: don de consejo= cercanía de Dios
Pobres de espíritu don de temor=habitantes del reino.

Supieron que hay que subir por el camino estrecho y entrar por la puerta angosta para alcanzar la vista desde la cima del monte de las bienaventuranzas. Tal sabían que es la realidad revelada a los pequeños y oculta a los sabios de este mundo, realistas de baratija.
La dirección dada por la modernidad: “no se sube hasta que no se resuelva el problema de los pobres” era para los que se encontraron ese verano en la estancia la Bendición una apariencia típica del CONTRADICTOR. 
Para que a nadie se le ocurra obedecer al designio de las bienaventuranzas vengan todos a llorar con los pobres su pobreza económica ante los poderosos capitalistas. Lloren porque finalmente el estado nación no toma la decisión de aplicar los medios técnicos conocidos para hacerlos ciudadanos reales y no de nombre o meros votantes o aplaudidores. Me refiero al desarrollo y no sin las virtudes requeridas para los gobernantes: las tres teologales y las cuatro cardinales más los dones del Espíritu Santo que las vuelven heroicas, dado el caso.
Con este talante de moralina fácil mataría el diablo dos de un mismo tiro: los pobres económicamente recibirían migajas junto con cariño y buenos propósitos (nunca se habla de sacramentos medicinales) y los que ayudan no subirían jamás a la cima por confusión espiritual y ciencias sin ciencia.
Al Cesar, en cambio, se le da la cooperativa como iniciativa de pocos y el desarrollo como movimiento nacional: si fuera posible que los pueblos subdesarrollados entendieran el modo ya en marcha de la posesión de sus medios propios en la integración regional y nacional. 
A Dios: obedeciendo sus palabras, subiendo las gradas para recibirlo por las virtudes, dones y bienaventuranzas más sacramentos.
Porque los pobres son posesores del reino y no meramente pobres, son pobres en cuanto al espíritu, desocupados en cuanto a las cosas. Sí, la pobreza ayuda por carencia de aquello que de por sí desvía si no está enderezado al fin último que es la verdad primera, pero hay que configurar un hijo de Dios, subiendo por las gradas de las bienaventuranzas, enseñanza explícita del Verbo que hace que sus palabras sean sustancia. El hombre no es menos que esto ni para menos y su maximum es la persona, imagen y semejanza. Lo otro es masa.
Así lo hicieron los cristianos desde el comienzo. Está documentado.
Las hermanitas, Florencio y el padre alemán debatieron esto durante la tarde hasta la noche porque también entre las frondas y montes de chañares, talas y algarrobos se hallan sabios. Y tras una larga velada el cura retornó al pueblo llevado por don Tobías en la sonora "chatita" Ford, porque debía plantear cuestiones de dirección espiritual y se quedaría a dormir en la parroquia y las hermanitas por el contrario decidieron quedarse ante la invitación de Flora en la pieza de huéspedes. Tendrían una íntima conversación con los esposos que iría echando los cimientos de una nueva especie de fraternidad en la Iglesia.

¡Que intensidad la de aquella noche: se creería al verlos que habían ingresado en la eternidad! En medio de los campos que espiran en la noche lo que llamamos espíritu.

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