Un miércoles de aquel final de verano el cura
se vino a la Bendición
con las dos monjitas y se encontraron con los esposos. Congeniaron
inmediatamente por la dirección que llevaban en sus vidas: AD INTRA. No sé si
serán muchos o poquísimos en número pero sí que si hay fuera hay dentro o bien
lo de afuera lo es del interior.
En un primer momento la Bendición se conmovió
entera: todos vinieron a ver a las recién llegadas, desde Tobías hasta Rosendo
y por supuesto los niños de Amelia y Bernardo. Se improvisó un asado pues la
carnicería de la estancia siempre tenía carnes a mano para abastecer y sobre
todo la cooperativa ya en marcha ya verduras variadísimas: varias clases de
lechuga y de tomate, chauchas. Berenjenas, pimientos, repollo, zanahoria,
remolacha y muchos huevos. Después frutas en una variedad admirable ya
transformadas en dulces que les obsequiaron a las visitantes.
Las hermanitas quedaron fascinadas con esa
comunidad cooperativa que adquiría vida día a día con las cosas concretas y
bellas de la creación, lejos del arsenal de moralinas ciudadanas de
revoluciones exteriores que pretenden ignorar la condición de los hombres. Digamos:
su debilidad frente al pecado.
Allí pudieron ver aquello de "al Cesar lo
que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios", fuera de un mesianismo
social que reproduce la esperanza de los habitantes de la Jerusalén de la época de
Jesús, un Mesías ahora socialista decorado con toda moralina.
Aquí vieron al joven catalán hacer el capital
social a base de granja con la proporción de la justicia solónica, porque no
era ajeno a ese conocimiento (desconocido por los ilustrados hodiernos) de
EYFROSYNE, DIKE Y EIRENE. Y las hermanitas precisamente perseguían la paz y
querían ser eirenopoiéticas según reza la séptima bienaventuranza.
Ellas habían dudado en llamarse hermanitas de
la paz o de las bienaventuranzas y debemos tenerlas por tales, ya que su camino
estrecho consistía en subir de grada en grada según este esquema:
ALTURA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS
DE DIOS
Caridad: don de Sabiduría= poetas de la paz
Fe: don de inteligencia= contemplativos
Esperanza: don de ciencia= misericordiosos
Hambrientos de justicia: don de fortaleza=
llenos de Dios.
Mansos don de piedad= arraigados en la tierra
Afligidos: don de consejo= cercanía de Dios
Pobres de espíritu don de temor=habitantes del
reino.
Supieron que hay que subir por el camino
estrecho y entrar por la puerta angosta para alcanzar la vista desde la cima
del monte de las bienaventuranzas. Tal sabían que es la realidad revelada
a los pequeños y oculta a los sabios de este mundo, realistas de baratija.
La dirección dada por la modernidad: “no se
sube hasta que no se resuelva el problema de los pobres” era para los que se
encontraron ese verano en la estancia la Bendición una apariencia típica del
CONTRADICTOR.
Para que a nadie se le ocurra obedecer al
designio de las bienaventuranzas vengan todos a llorar con los pobres su
pobreza económica ante los poderosos capitalistas. Lloren porque finalmente el
estado nación no toma la decisión de aplicar los medios técnicos conocidos para
hacerlos ciudadanos reales y no de nombre o meros votantes o aplaudidores. Me
refiero al desarrollo y no sin las virtudes requeridas para los gobernantes:
las tres teologales y las cuatro cardinales más los dones del Espíritu Santo
que las vuelven heroicas, dado el caso.
Con este talante de moralina fácil mataría el
diablo dos de un mismo tiro: los pobres económicamente recibirían migajas junto
con cariño y buenos propósitos (nunca se habla de sacramentos medicinales) y
los que ayudan no subirían jamás a la cima por confusión espiritual y ciencias
sin ciencia.
Al Cesar, en cambio, se le da la cooperativa
como iniciativa de pocos y el desarrollo como movimiento nacional: si fuera
posible que los pueblos subdesarrollados entendieran el modo ya en marcha de la
posesión de sus medios propios en la integración regional y nacional.
A Dios: obedeciendo sus palabras, subiendo las
gradas para recibirlo por las virtudes, dones y bienaventuranzas más
sacramentos.
Porque los pobres son posesores del reino y no
meramente pobres, son pobres en cuanto al espíritu, desocupados en cuanto a las
cosas. Sí, la pobreza ayuda por carencia de aquello que de por sí desvía si no
está enderezado al fin último que es la verdad primera, pero hay que configurar
un hijo de Dios, subiendo por las gradas de las bienaventuranzas, enseñanza
explícita del Verbo que hace que sus palabras sean sustancia. El hombre no es
menos que esto ni para menos y su maximum es la persona, imagen y semejanza. Lo
otro es masa.
Así lo hicieron los cristianos desde el
comienzo. Está documentado.
Las hermanitas, Florencio y el padre alemán
debatieron esto durante la tarde hasta la noche porque también entre las
frondas y montes de chañares, talas y algarrobos se hallan sabios. Y tras una
larga velada el cura retornó al pueblo llevado por don Tobías en la sonora
"chatita" Ford, porque debía plantear cuestiones de dirección
espiritual y se quedaría a dormir en la parroquia y las hermanitas por el
contrario decidieron quedarse ante la invitación de Flora en la pieza de
huéspedes. Tendrían una íntima conversación con los esposos que iría echando
los cimientos de una nueva especie de fraternidad en la Iglesia.
¡Que intensidad la de aquella noche: se creería al verlos que habían ingresado en la eternidad! En medio de los campos que espiran en la noche
lo que llamamos espíritu.
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