Dice San Bernardo: "¡Oh cuán dulce y deleitable sería vivir conforme a la naturaleza, añadido el divino amor, si la insensatez carnal lo permitiera! Curada la carne al instante la naturaleza estaría risueña, se complacería con las cosas naturales"
El alma. ¿Y qué es vivir conforme a la naturaleza?
Elhombre, Vivir conforme a la naturaleza propiamente es hacer en la tierra vida celestial: "vovlerse de las cosas exteriores a las interiores, de las inferiores subir a las superiores (San Agustín) y hacer todas las cosas según lo más excelente del hombre, esto es según la inteligencia como dice el filósofo en el libro décimo de los Éticos" (Séneca).
El alma. ¿Por ventura puede el hombre mientras vive en este valle de lágrimas (salmo 83) hacer vida celestial?
El hombre. Oye a San Agustín oye al Apóstol San Pablo. En el de Trinitate: Cuando por el entendimiento y el amor concebimos en la mente algo de lo eterno ya no moramos en este mundo". Es lo que dice el Apóstol: nuestra morada está en los cielos".
La lectura de San Buenaventura a todos plació y fue considerada como providencial en esas circunstancias por Tobías que entonces dándole más instrucciones sobre los detalles les comunicó que al día siguiente irían al pueblo a hacer las compras que consideraran necesarias. Él se retiró a la ermita que estaba a un kilómetro en un bosquecito.
Se llegaba por un sendero a lo largo de una acequia que bajaba presurosa de la sierra con un sonido delicioso que "al oro y al cetro pone en olvido". Los esposos lo vieron desaparecer detrás de unos árboles crepitantes y se pusieron a ordenar sus pertenencias. Sus corazones se elevaban en un agradecimiento consonante: ¡estaban allí llevados por manos cariñosas y quizás exigentes. El camino estrecho que lleva a la vida tiene escalones que son las heroicas virtudes de las bienaventuranzas: por ellas se asciende paso a paso a la paz. Habían sido enseñadas a la humanidad, eran bellas y eran acompañadas por los dones del Espíritu Santo. Florencio y Flora habíanlas leído como don Quijote de claro en claro y habían asumido la responsabilidad de salir a ese campo de libertad. El gozo reventaba por la cincha de Rocinante. Ellos lo sentían y a la par se estremecían. Eran jóvenes y nada trillado era su camino. Su encantamiento debía estar acompañado de firmeza y de las virtudes que comandadas por la prudencia no son corrientes en edades tan tempranas. Estaban determinados sin embargo como el Cid Campeador ¡ Y cómo se veía el horizonte aquella mañana! La luz del valle los embriagó ¡y estaban en pleno invierno!
El alma. ¿Y qué es vivir conforme a la naturaleza?
Elhombre, Vivir conforme a la naturaleza propiamente es hacer en la tierra vida celestial: "vovlerse de las cosas exteriores a las interiores, de las inferiores subir a las superiores (San Agustín) y hacer todas las cosas según lo más excelente del hombre, esto es según la inteligencia como dice el filósofo en el libro décimo de los Éticos" (Séneca).
El alma. ¿Por ventura puede el hombre mientras vive en este valle de lágrimas (salmo 83) hacer vida celestial?
El hombre. Oye a San Agustín oye al Apóstol San Pablo. En el de Trinitate: Cuando por el entendimiento y el amor concebimos en la mente algo de lo eterno ya no moramos en este mundo". Es lo que dice el Apóstol: nuestra morada está en los cielos".
La lectura de San Buenaventura a todos plació y fue considerada como providencial en esas circunstancias por Tobías que entonces dándole más instrucciones sobre los detalles les comunicó que al día siguiente irían al pueblo a hacer las compras que consideraran necesarias. Él se retiró a la ermita que estaba a un kilómetro en un bosquecito.
Se llegaba por un sendero a lo largo de una acequia que bajaba presurosa de la sierra con un sonido delicioso que "al oro y al cetro pone en olvido". Los esposos lo vieron desaparecer detrás de unos árboles crepitantes y se pusieron a ordenar sus pertenencias. Sus corazones se elevaban en un agradecimiento consonante: ¡estaban allí llevados por manos cariñosas y quizás exigentes. El camino estrecho que lleva a la vida tiene escalones que son las heroicas virtudes de las bienaventuranzas: por ellas se asciende paso a paso a la paz. Habían sido enseñadas a la humanidad, eran bellas y eran acompañadas por los dones del Espíritu Santo. Florencio y Flora habíanlas leído como don Quijote de claro en claro y habían asumido la responsabilidad de salir a ese campo de libertad. El gozo reventaba por la cincha de Rocinante. Ellos lo sentían y a la par se estremecían. Eran jóvenes y nada trillado era su camino. Su encantamiento debía estar acompañado de firmeza y de las virtudes que comandadas por la prudencia no son corrientes en edades tan tempranas. Estaban determinados sin embargo como el Cid Campeador ¡ Y cómo se veía el horizonte aquella mañana! La luz del valle los embriagó ¡y estaban en pleno invierno!
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