Ese sábado tuvieron reunión de la Cooperativa. Nunca habían experimentado tal cosa en esas latitudes ni ellos mismos. Ahora sabían que existían en otros lugares del país porque Florencio estaba en trámites de inscribirse en el registro de las Cooperativas y comenzó a recibir publicaciones de sus concretas experiencias. Esto los animó y los formaba en esa actvidad tan rara entre los hombres productores. Lo de ellos era pequeño pero no dejaba de ser una experiencia que debía expandirse en otros. Eso era más dificil que producir alcauciles y espárragos y luego envasarlos.
Aquí el entusiasmo de Florencio había logrado interesar a los así llamados peones del campo y había realizado algo novedoso al incluir a toda la familia. La reunión cuando se hace costumbre crea un tejido nuevo entre las personas, algo que abstractamente se llama solidaridad pero que mejor visto es un correspondencia y una responsabilidad mutua llamativa, que no existe sino en el consejo de una Cooperativa. Y esto les resultó tan importante como el ahorro que hicieron de sus salarios por el autoabastecimiento, que, claro está nunca puede ser total. Lo verdaderamente democrático de las decisiones admira paulatinamente conforme se va avanzando en ella. El resultado se va viendo como obra de todos y esto enseña el providencial sentido de la aparición de la democracia en aquella célebre ciudad de Atenas. Un milagro aparece al final de la interacción productiva: el capital social.
Este sábado se informó acerca de la evolución primaveral de los sembrados y se propusieron algunas medidas de acuerdo a la experiencia de cada uno en las legumbres. También se distribuyeron tareas, hasta para los niños que crecían en ese ámbito educativo de altísimo valor. Lo que se llama "práctica" allí estaba en su punto. Florencio había llegado para aplicar lo que en su escuela había iniciado. Pero no estaba inventando algo nuevo. Los principios cooperativas además venían de las necesidades perentorias y de la práctica efectiva durante ya varias décadas en el mundo entre hombres de buena voluntad.
Tomaron mate, leyeron el acta de la sesión anterior y pasaron a obrar sobre el terreno. Todo ello además concluía con un almuerzo que consistía en empanadas, especialidad criolla y el infaltable asado. Nada de esto admirará al lector, dado el país y el lugar donde existía tal Cooperativa. Lo que ha de sorprender es la actividad cooperativa misma tan difícil de establecer por la pereza o inercia de las personas de estos lugares. Pero el iniciarla con seriedad se volvía imprescindible al punto que la misma Cooperativa seiba experimentando como el fin de sí misa por el gozo legítimo de la cercanía.
Ese día sábado pues era una piadosa práctica de la "Bndición" ahora apadrinada por el viejo Tobías que se alegraba como aquel patrón descripto en el escudo de Aquiles, modelo de todo lo que aquí iba sucediendo y venerable por su augusta antigüedad. Velis nolis existió en el poema fundacional de Occidente y nadie puede adivinar si no tendrá fruto en la historia.
Aquí el entusiasmo de Florencio había logrado interesar a los así llamados peones del campo y había realizado algo novedoso al incluir a toda la familia. La reunión cuando se hace costumbre crea un tejido nuevo entre las personas, algo que abstractamente se llama solidaridad pero que mejor visto es un correspondencia y una responsabilidad mutua llamativa, que no existe sino en el consejo de una Cooperativa. Y esto les resultó tan importante como el ahorro que hicieron de sus salarios por el autoabastecimiento, que, claro está nunca puede ser total. Lo verdaderamente democrático de las decisiones admira paulatinamente conforme se va avanzando en ella. El resultado se va viendo como obra de todos y esto enseña el providencial sentido de la aparición de la democracia en aquella célebre ciudad de Atenas. Un milagro aparece al final de la interacción productiva: el capital social.
Este sábado se informó acerca de la evolución primaveral de los sembrados y se propusieron algunas medidas de acuerdo a la experiencia de cada uno en las legumbres. También se distribuyeron tareas, hasta para los niños que crecían en ese ámbito educativo de altísimo valor. Lo que se llama "práctica" allí estaba en su punto. Florencio había llegado para aplicar lo que en su escuela había iniciado. Pero no estaba inventando algo nuevo. Los principios cooperativas además venían de las necesidades perentorias y de la práctica efectiva durante ya varias décadas en el mundo entre hombres de buena voluntad.
Tomaron mate, leyeron el acta de la sesión anterior y pasaron a obrar sobre el terreno. Todo ello además concluía con un almuerzo que consistía en empanadas, especialidad criolla y el infaltable asado. Nada de esto admirará al lector, dado el país y el lugar donde existía tal Cooperativa. Lo que ha de sorprender es la actividad cooperativa misma tan difícil de establecer por la pereza o inercia de las personas de estos lugares. Pero el iniciarla con seriedad se volvía imprescindible al punto que la misma Cooperativa seiba experimentando como el fin de sí misa por el gozo legítimo de la cercanía.
Ese día sábado pues era una piadosa práctica de la "Bndición" ahora apadrinada por el viejo Tobías que se alegraba como aquel patrón descripto en el escudo de Aquiles, modelo de todo lo que aquí iba sucediendo y venerable por su augusta antigüedad. Velis nolis existió en el poema fundacional de Occidente y nadie puede adivinar si no tendrá fruto en la historia.
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