En la mesa del padre Mateo se comió una carne a la cacerola con papas, sabrosa como su cocinera era capaz de hacerlo. En esos tiempos espesos de la sierra los esposos, por otra parte, todo lo hallaban maravilloso. Era cuestión de permanecer en el gozo que brinda el Señor teologalmente en la esperanza andando "la jornada de la vida sin errar". Para ello como hemos ponderado cada vez ellos habían recibido al director espiritual, hombre consagrado y confirmado en la Iglesia. Bueno fue para ellos haber comenzado su matrimonio así porque un error en el comienzo es más tarde grande y luego abismal. Y bueno para el cura tener en quienes emplear el carisma central de la Iglesia que es un gran matrimonio cuyo esposo es Cristo. Esta fluidez de su concepción eclesial paulina alimentada por los teólogos de Colonia, alumnos de Scheeben era el tesoro de Mateo que en esta tarde se vería probado.
En efecto vino a los postres el profesor del pueblo especie de relojero de la literatura según leía escrupulosamente las obras, desarmando y armándolas de nuevo. Tiempo para ello no le faltaba. Cumplía con sus clases mañaneras y se sumergía en su escritorio que daba al misterio de la sierra. Había estado leyendo en los últimos meses nada menos que "EN LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO" de Proust, clásico de la modernidad contemporánea.
Quizás un poco conmovido por tal movimiento sísmico venía a recibir el claro del padre Mateo sobre sus oscuros llenos de sutilezas leídas y analizadas en un resbalar constante por los tomos de dicha obra. Y encontró allí inesperadamente a los jóvenes con su tío.
Bueno, ya llevaba varias sesiones con el vigoroso discípulo de Scheeben y heredero de Pablo y ahora el núcleo de sus inquisiciones lo configuraba la presencia del claro inocente de Florencio y Flora. Precisamente el matrimonio y la esponsalidad de Cristo con la Iglesia no solamente disipaban las nieblas de la gran literatura sino que al entroncarla con la totalidad de la historia desmantelaban esa peligrosidad que tienen los senderos transitados de Sodoma y del mundo actual, cubierto por las aguas del diluvio cultural.
"Al comienzo no fue así" recordaba el padre Mateo mirándolos con el brillo profundo e inmaculado de sus azules ojos. El matrimonio y la fundamentalidad de la pareja del varón y la mujer se vio en su presencia sapiencial como en su ausencia mundanal moderna como clave de bóveda de la existencia en sí".
"Así ha sido también, dijo Tobías, en la poesía homérica antes de la historia. Esto lo saben nuestros maestros del mar mediterráneo. En la tierra de la pederastia primero existió el canto sexto de la Odisea, mucho antes, cuando el mar Adriático era el extremo del mundo y la isla de Corcyra la tierra apartada de los feacios". "Yo estuve allí" agregaba Tobías con entusiasmo y con el gozo de sus sobrinos, también algo conocedores de esas divinas aguas. "Yo desembarqué en Paleokstritza viniendo de Palma y pude ver aquel paraíso glauco adonde llegó Ulises luego de las iras de Poseidón. Y me encontré rodeado de tal luz que tuve como exacta la circunstancia del varón tolerante de dolores al encontrarse en aquella entrada o ría con la joven princesa feacia, Nausikaa, la nave del matrimonio, algo así como la Beatriz de Dante, alegoría de la Iglesia. Y quiero contarles, Divina Comedia por medio, tan bien conocida, que subiendo del puerto de los Feacios al posible palacio de ALKINOO, me hallé en un monasterio dedicado a la virgen THEOTOKOS. La que siendo madre de Dios es fundadora del hogar en su enjundia máxima de intimidad".
Entonces Flora que sabía lo que competía a su ethos ya comentado antes señaló: "Sí tío y estaba la nave detenida en piedra entrando al puerto ¿No es cierto?"
"¡Pintiparada!" dijo Tobías con énfasis. Y Ulises le dibujó a la joven la intimidad inmarcesible del fin real de la existencia: la posesión del hogar entre varón y la mujer en la unidad cordial de un mismo pensar"
"Luego tendré que sumergirme en la Odisea después del tiempo perdido y recuperado de Proust ya que también es la clave de Joyce. Y vosotros me diréis acerca de los lugares con detalle ya que por allí navegasteis y no parece ser indiferente el haber visto aquello con los propios ojos", respondió el sabio literato.
El padre Mateo no podía sino estar agradado al máximo tras el giro que había tomado la conversación y agregó: "hay algo de misterioso en la genialidad de tales escritores modernos que tienen tal conexión con Freud en todo sentido y todos con el autor del ORIGEN DE LA TRAGEDIA. Lo que se podría decir desde nuestra infantil inocencia serrana es el hueco que dejó en los europeos la carencia de la virtud teologal de la esperanza, que, por cierto, forman una coraza con la fe y la caridad."
"Sucede que quienes hemos perdido la dimensión del ser hemos quedado sumergidos en el olvido protegido por nuestras universidades en la cultura moderna", dijo el literato ya purificado por los días de esa sierra que acaricia con su azul como el mare nostrum a los antiguos jonios.
"A mí ese cuento de Nusikaa me fascinó cuando lo leí por vez primera y tomé en cuenta que allí se da un campo de combate porque se habla de una gran irritación del enemigo que se corresponde con el gozo de los amigos" dijo Florencio.
"Entiendo que es la ERIS que campea en los poemas" agregó el cura.
Y así fueron departiendo ya con mates, cebados por Flora a los cuales se incorporó el doctor del pueblo Carlos Boniface, con el cual se habló lo que después se dirá.
En efecto vino a los postres el profesor del pueblo especie de relojero de la literatura según leía escrupulosamente las obras, desarmando y armándolas de nuevo. Tiempo para ello no le faltaba. Cumplía con sus clases mañaneras y se sumergía en su escritorio que daba al misterio de la sierra. Había estado leyendo en los últimos meses nada menos que "EN LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO" de Proust, clásico de la modernidad contemporánea.
Quizás un poco conmovido por tal movimiento sísmico venía a recibir el claro del padre Mateo sobre sus oscuros llenos de sutilezas leídas y analizadas en un resbalar constante por los tomos de dicha obra. Y encontró allí inesperadamente a los jóvenes con su tío.
Bueno, ya llevaba varias sesiones con el vigoroso discípulo de Scheeben y heredero de Pablo y ahora el núcleo de sus inquisiciones lo configuraba la presencia del claro inocente de Florencio y Flora. Precisamente el matrimonio y la esponsalidad de Cristo con la Iglesia no solamente disipaban las nieblas de la gran literatura sino que al entroncarla con la totalidad de la historia desmantelaban esa peligrosidad que tienen los senderos transitados de Sodoma y del mundo actual, cubierto por las aguas del diluvio cultural.
"Al comienzo no fue así" recordaba el padre Mateo mirándolos con el brillo profundo e inmaculado de sus azules ojos. El matrimonio y la fundamentalidad de la pareja del varón y la mujer se vio en su presencia sapiencial como en su ausencia mundanal moderna como clave de bóveda de la existencia en sí".
"Así ha sido también, dijo Tobías, en la poesía homérica antes de la historia. Esto lo saben nuestros maestros del mar mediterráneo. En la tierra de la pederastia primero existió el canto sexto de la Odisea, mucho antes, cuando el mar Adriático era el extremo del mundo y la isla de Corcyra la tierra apartada de los feacios". "Yo estuve allí" agregaba Tobías con entusiasmo y con el gozo de sus sobrinos, también algo conocedores de esas divinas aguas. "Yo desembarqué en Paleokstritza viniendo de Palma y pude ver aquel paraíso glauco adonde llegó Ulises luego de las iras de Poseidón. Y me encontré rodeado de tal luz que tuve como exacta la circunstancia del varón tolerante de dolores al encontrarse en aquella entrada o ría con la joven princesa feacia, Nausikaa, la nave del matrimonio, algo así como la Beatriz de Dante, alegoría de la Iglesia. Y quiero contarles, Divina Comedia por medio, tan bien conocida, que subiendo del puerto de los Feacios al posible palacio de ALKINOO, me hallé en un monasterio dedicado a la virgen THEOTOKOS. La que siendo madre de Dios es fundadora del hogar en su enjundia máxima de intimidad".
Entonces Flora que sabía lo que competía a su ethos ya comentado antes señaló: "Sí tío y estaba la nave detenida en piedra entrando al puerto ¿No es cierto?"
"¡Pintiparada!" dijo Tobías con énfasis. Y Ulises le dibujó a la joven la intimidad inmarcesible del fin real de la existencia: la posesión del hogar entre varón y la mujer en la unidad cordial de un mismo pensar"
"Luego tendré que sumergirme en la Odisea después del tiempo perdido y recuperado de Proust ya que también es la clave de Joyce. Y vosotros me diréis acerca de los lugares con detalle ya que por allí navegasteis y no parece ser indiferente el haber visto aquello con los propios ojos", respondió el sabio literato.
El padre Mateo no podía sino estar agradado al máximo tras el giro que había tomado la conversación y agregó: "hay algo de misterioso en la genialidad de tales escritores modernos que tienen tal conexión con Freud en todo sentido y todos con el autor del ORIGEN DE LA TRAGEDIA. Lo que se podría decir desde nuestra infantil inocencia serrana es el hueco que dejó en los europeos la carencia de la virtud teologal de la esperanza, que, por cierto, forman una coraza con la fe y la caridad."
"Sucede que quienes hemos perdido la dimensión del ser hemos quedado sumergidos en el olvido protegido por nuestras universidades en la cultura moderna", dijo el literato ya purificado por los días de esa sierra que acaricia con su azul como el mare nostrum a los antiguos jonios.
"A mí ese cuento de Nusikaa me fascinó cuando lo leí por vez primera y tomé en cuenta que allí se da un campo de combate porque se habla de una gran irritación del enemigo que se corresponde con el gozo de los amigos" dijo Florencio.
"Entiendo que es la ERIS que campea en los poemas" agregó el cura.
Y así fueron departiendo ya con mates, cebados por Flora a los cuales se incorporó el doctor del pueblo Carlos Boniface, con el cual se habló lo que después se dirá.
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