domingo, 11 de noviembre de 2012

FUNDAMENTO QUE BIEN SE PODRÍA EXCUSAR

Ese ritmo que adquirieron los días de los esposos que hacía tres meses se arrojaran al valle serrano viajando desde sus antiguas ciudades junto al mare internum podría parecer inesperado e insólito o poco creíble. Mas puede explicarse que no fue tanto el contraste pues se vio mediado por un don fundamental: el padre Mateo, el cual llenó el vacío que habríase originado careciendo de los maestros que los habían llevado en los años de juventud. Es cierto que esto es asimismo objeto de incredulidad: que existan o hayan existido tales maestros y dentro del catolicismo donde diz que cada sacerdote es un hipócrita según la modernidad. Pero el Espíritu sopla donde quiere también en este caso y en cada época. Hay quienes guardan tiernamente su palabra y se vuelven morada de las Personas Divinas. No pueden hacerlo, claro, quienes no creen en ello y elaboran una suerte de Olimpo de palabras literarias que abren universos virtuales y en ellos se guarecen entre sutilísimos conceptos dándose mutuamente la gloria por sus talentos.
Nuestros personajes, también,  tienen el derecho de acogerse a su universo, que precisamente es el católico y de encontrar allí sus mentores y por cierto la Providencia tiene el poder de proporcionarles los medios.
Siempre queda la cuestión de porqué unos reciben y muchos no, habida cuenta de que hablamos de millones. Pero he aquí que lo que narramos es real y que nada vale comparar a don Quijote y Sancho que solitarios se esconden en Sierra Morena frente a millones de Chinos que llenan los campos de su populosa patria o muchos indigentes que vivíeron en suburbios de grandes ciudades como se narra en novelas de Dickens o bien la profunda experiencia de un Joyce o Becket en Dublin.
Y además de su condición real y junto a ella, está su posibilidad la cual conlleva una necesidad. Podemos si recordar aquello que lo bello es difícil. Para preservar todo esto existe y existió en los últimos dos mi años una fuente de salud que ha sido la Misa. Se la puede ver como un rito que causa efectos subjetivos en los fieles pero que posee en sí el acto salvacional del sacrificio del mismo Dios hecho hombre. Esto, se crea o no en ello no le quita ni añade nada porque es un hecho del ser mismo.
El domingo había llegado dando la vuelta el tiempo como imagen móvil de la eternidad. Ellos concurren con el tío por el polvoriento camino en su viejo y sonoro "Ford" a santificar la fiesta en aquella celebración compleja que hemos descripto y que hace justicia a la realidad tal cual es en su esencia: el mundo es inestable y siempre peligra, por lo menos las personas que viven en él, algunas sometidas a su imperio otras inocentes de su destino. La gracia está pues en la fuente sacramental pero es tanto el objeto de la fe que a algunos les parece que el ser en lugar de darse se sustrae. 
Los jóvenes tenían todavía una noción mas suave de la realidad por más que Europa había pasado por dos terribles guerras mundiales que ellos no habían vivido más la guerra de España. Eso claro está es un patrimonio de algunos hombres: el haber eludido tales desgracias. Pero sabemos que la paz tiene sus peligros y torcedores graves de la condición humana porque quien atiza las guerras no está ocioso en la paz. Es cosa apocalíptica sabida por los lectores del vidente de Patmos.
Pasaron la deliciosa Misa que en firme latín profirió el padre Mateo y fueron una vez más sus huéspedes. Nos da timidez el decirlo de nuevo: esto era gracia sobre gracia. Pero para muchos -sino para todos- sería lo más aburrido. No así para nuestros personajes que en el almuerzo vivieron lo que después se dirá 

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