martes, 6 de noviembre de 2012

FELICES LOS QUE TIENEN NECESIDAD DEL ESPÍRITU

El día sábado transcurría en esa fiesta cooperativa que daba toda la interacción que podían tener los esposos y se iba deslizando hacia la noche, cuyo atardecer gozaban caminando a la tranquera entre las vacas que deambulaban en los cuadros de la entrada con sus caras blancas que los miraban curiosas y delante de la extensión monumental de las sierras que formaban un arco de sur a norte de ciento cincuenta kilómetros mágicamente encendidos hasta permanecer como una brasa de fantasía. Precisamente  en los momentos en que ellos parados en la tranquera iniciaban la vuelta terminando su rosario, operación fundamental de unión efectivamente con la madre celestial, auxilio de los cristianos ¿En qué? En algo que se siente bien en las soledades: la nada de lo que somos en verdad.  El mundo las distracciones y distinciones nos hacen creer que somos algo y sin duda lo somos pero dependiente del ser que se alcanza trascendiendo.
Ellos tan tempranamente sin embargo habían emprendido tan raro camino por voluntad propia, aquél de las soledades del ermitaño ¡Y sin embargo se sentían plenos de sociedad fructífera entre aquellos vecinos dejados de la mano del gran mundo de donde ellos venían! El mundo había sido fecundado isn duda por la sabiduría en la historia pero este proceso se hallaba en franco desmantelamiento moderno, un proceso cuyo comienzo galanamente se celebra como una liberación pero que nadie sabe cuando ni cómo concluye. Es más: ¡nunca debe concluir porque nunca basta la liberación!
Ellos olfatearon esto en sus ciudades de origen y el resto lo hizo Tobías con su invitación. Pero lo que ellos eligieron en realidad era -como enamorados- estar juntos en todo y esto a nadie parecerá aberrante. "No es bueno que el hombre esté solo, hagámosle una compañera según él mismo"decía el Creador de la existencia.
Es cierto que el hombre era dueño de su mundo e iba decidiendo más y más todo sobre él. Pero Dios tiene el derecho de crear e invitar a sus criaturas al banquete celestial. Ellas podían de hecho declinar la invitación. En esto consistía la existencia: en ser. Y aquí hay, más que liberación, libertad.
Ellos se sabían libres ese crepúsculo coreando los avemaría con sencillez y avidez de amparo. No sé cómo experimentaban esa verdadera menesterosidad ontológica creatural entre tantas trompetas victoriosas del mundo encerrado. Sin embargo es el escalón primero de las hermosas bienaventuranzas de Jesús en el monte: BEATI PAUPERES SPIRITU. Y el griego dice: mendigos en cuanto al espíritu.
La noche los hallaría cocinando su comida elegida que les valía por la del mejor  restaurant del mundo. Frente a ellos ardían los leños o las raíces en la cocina económica donde se cocinaba lentamente el arroz con pollo, criado por ellos y faenado por Bernardo sin qu Flora lo viera, con azafrán traído de España.
 Hoy probaban una novedad: una radio con la cual les habian  dicho que se escucha la radio del estado que pasaba el concierto desde el teatro de la capital lejana que trasmitía en onda corta. Aunque ellos tenían, como hemos dicho su alimento para  la imaginación en una u otra obra fundamental de la literatura y habían hecho el cálculo que nunca las acabarían en sus enteras vidas, escuchar un concierto semanal prologado por un ilustrado musicólogo sería una conexión gozosa con lo que todavía el mundo de los hombres quería ofrecer.
Así aquella noche estrenaron radio y antena con variado éxito ya que la señal iba y venía creando en ellos el raro y agradable efecto que estabajn muy lejos y los compases del concierto número tres de Beethoven los perseguían en su viaje estelar.
Por cierto el campo repetía su propio concierto ante la armonía invisible de las estrellas que sin embargo diz que son un caos de velocidades increíbles. Mejor para la necesidad imperiosa de amparo ontológico. Ellos se entregaban en las manos de quien era el responsable de la existencia provisoria que si era bella de todos modos se fugaba como los compases que en ese momento estaban en el delicioso largo del concierto para piano ejecutado por Claudio Arrau en la orquesta dirigida por Eugene Ormandy.
En Él eran esposos y en Él eran lo más cercanos que se pueda ser entre personas.

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