Florencio y Flora tenían de vuelta las cartas. Esa tarde de verano se sentaron en la galería a leerlas. Flora recibía con lágrimas suaves las palabras de su madre:
"Sí que tú, querida hijita, has hecho una rara cosa: irte a miles de kilómetros de nuestra Palma. Pero no lo has hecho a la aventura como tantos inmigrantes sino que has pasado de familia a familia porque te has ido con mi hermano Tobías, el bueno. Todo queda en familia como suele decirse y el desgarro no lo es tanto aunque no para tu padre que se sienta a orillas del mar para añorar tu persona mientras medita en la existencia. Creo que lo fundamental en estos casos es saberse unidos a quien nos une para que no haya vacío entre nosotros. Hemos heredado la fe y recibimos la gracia ¿qué más podemos esperar? Las cosas se complican más y más y nosotros nos simplificamos más y más. Vamos a la catedral cada día y veneramos a nuestra virgen a quien pedimos que nos tenga en el amor de familia. Creo que eso es todo hasta más ver". De este linaje lulliano era su madre y así encaraba la separación.
En cuanto a Florencio abrió la carta de su amigo Martín:
"Sabrás por ésta amigo de mi viaje a Friburgo. Allí escuché clases de Heidegger y conocí a un discípulo pequeño en estatura y grande de ánimo. Tiene una forma peculiar de comprender la filosofía griega. No sigue lo usual de la historiografía inglesa aunque ha ido al King College ni la francesa aunque ha estado en París pero también hay que decir que no es un alemán clásico. Tiene la fundamentalidad de éste último, la sutileza de aquel y la concretidad del primero. Creo que he hallado un maestro aunque por ahora estamos bajo la atmósfera encantada de Heidegger. Yo estudio mucho griego porque allí hay una clave: cómo usan las palabras los escritores y los poetas. Mi pequeño maestro ha visto una rasgo diferenciante en el empleo de LOGOS Y ALETHEIA. Te imaginarás mi entusiasmo hundido en este tesoro. Los días me resultan cortos para estudiar y me envuelve un sentimiento indescriptible y una luminosa esperanza ante todo este horizonte. Tú allí en tus campos y yo aquí en mis delicados estudios somos uno. Un abrazo de tu amigo".
Vio Florencio cómo él participaría de aquel horizonte sereno libre de ideologías en un terreno minado por las luchas de escuelas y ensayistas que subían al escenario como aquel idiot de Macbeth that strets and frets an hour upon the stage.
La tarde avanzaba en su dorado, acentuada por la sierras que devolvían los rayos embellecidos por sus verdes lomas y prados, claras laderas y oscuras cañadas. Era cosa que por repetida no era sino sorprendente en sus resplandores combinados. Regaron juntos la huerta dejando correr las aguas por acequias artificiosas. Había venido Rosendo quien los ayudó junto con Bernardo en la especial tarea de lso envíos a uno y otro cantero y surco del líquido que tomaba los colores de la atmósfera dorada.
Flora se desprendió con los niños para buscar las lecheras y se veía por el campo levantando una nube de oro entre los balidos de las vacas que espiaban gozo en los campos aromáticos. Los terneritos triscaban entre sus madres con sus caritas blancas que enternecían a Flora.
Lo cotidiano era sin embargo manifestación de algo admirable y verdadero ¿Logos y Alétheia? Florencio se reunió brevemente con ambos auxiliares y planearon lo que había de hacerse al día siguiente. Tras retirarse a sus casas Florencio volvió a la suya y encontró a Flora tocando canciones infantiles en el armonio y enseñando un poco de música a los niños. Pasado este preciso momento ellos salieron también corriendo y Flora se aplicó a prepararle la comida al imaginativo Florencio que siempre esperaba de ella un sabor nuevo.
El tiempo se ensanchaba para que ellos rezaran el rosario caminando cuando el sol se ponía por las sierras chicas, leyeran la liturgia del día y comieran. Después venía la lectura que los transportaría a Argos o a Corinto según leyeran Electra o Antígona. Tenían que estirarse las horas para que todo cupiera en estos activos jóvenes que se distraían hacia adentro.
Les esperaba la lectura de los libros de la Biblia antes de dormirse. Ellos los tomaban también como literatura. Hemos visto cómo se sentían identificados con Abraham mirando las estrellas ¡Y qué cielo contemplaban, qué firmamento los cubría! Sin luz en pleno campo la respiración tenue de la bóveda celeste los acariciaba, más en el verano. Su habitación era receptáculo de lo infinito.
Mas allá a unos mil metros don Tobías rezaba, lloraba y contemplaba en su ermita
"Sí que tú, querida hijita, has hecho una rara cosa: irte a miles de kilómetros de nuestra Palma. Pero no lo has hecho a la aventura como tantos inmigrantes sino que has pasado de familia a familia porque te has ido con mi hermano Tobías, el bueno. Todo queda en familia como suele decirse y el desgarro no lo es tanto aunque no para tu padre que se sienta a orillas del mar para añorar tu persona mientras medita en la existencia. Creo que lo fundamental en estos casos es saberse unidos a quien nos une para que no haya vacío entre nosotros. Hemos heredado la fe y recibimos la gracia ¿qué más podemos esperar? Las cosas se complican más y más y nosotros nos simplificamos más y más. Vamos a la catedral cada día y veneramos a nuestra virgen a quien pedimos que nos tenga en el amor de familia. Creo que eso es todo hasta más ver". De este linaje lulliano era su madre y así encaraba la separación.
En cuanto a Florencio abrió la carta de su amigo Martín:
"Sabrás por ésta amigo de mi viaje a Friburgo. Allí escuché clases de Heidegger y conocí a un discípulo pequeño en estatura y grande de ánimo. Tiene una forma peculiar de comprender la filosofía griega. No sigue lo usual de la historiografía inglesa aunque ha ido al King College ni la francesa aunque ha estado en París pero también hay que decir que no es un alemán clásico. Tiene la fundamentalidad de éste último, la sutileza de aquel y la concretidad del primero. Creo que he hallado un maestro aunque por ahora estamos bajo la atmósfera encantada de Heidegger. Yo estudio mucho griego porque allí hay una clave: cómo usan las palabras los escritores y los poetas. Mi pequeño maestro ha visto una rasgo diferenciante en el empleo de LOGOS Y ALETHEIA. Te imaginarás mi entusiasmo hundido en este tesoro. Los días me resultan cortos para estudiar y me envuelve un sentimiento indescriptible y una luminosa esperanza ante todo este horizonte. Tú allí en tus campos y yo aquí en mis delicados estudios somos uno. Un abrazo de tu amigo".
Vio Florencio cómo él participaría de aquel horizonte sereno libre de ideologías en un terreno minado por las luchas de escuelas y ensayistas que subían al escenario como aquel idiot de Macbeth that strets and frets an hour upon the stage.
La tarde avanzaba en su dorado, acentuada por la sierras que devolvían los rayos embellecidos por sus verdes lomas y prados, claras laderas y oscuras cañadas. Era cosa que por repetida no era sino sorprendente en sus resplandores combinados. Regaron juntos la huerta dejando correr las aguas por acequias artificiosas. Había venido Rosendo quien los ayudó junto con Bernardo en la especial tarea de lso envíos a uno y otro cantero y surco del líquido que tomaba los colores de la atmósfera dorada.
Flora se desprendió con los niños para buscar las lecheras y se veía por el campo levantando una nube de oro entre los balidos de las vacas que espiaban gozo en los campos aromáticos. Los terneritos triscaban entre sus madres con sus caritas blancas que enternecían a Flora.
Lo cotidiano era sin embargo manifestación de algo admirable y verdadero ¿Logos y Alétheia? Florencio se reunió brevemente con ambos auxiliares y planearon lo que había de hacerse al día siguiente. Tras retirarse a sus casas Florencio volvió a la suya y encontró a Flora tocando canciones infantiles en el armonio y enseñando un poco de música a los niños. Pasado este preciso momento ellos salieron también corriendo y Flora se aplicó a prepararle la comida al imaginativo Florencio que siempre esperaba de ella un sabor nuevo.
El tiempo se ensanchaba para que ellos rezaran el rosario caminando cuando el sol se ponía por las sierras chicas, leyeran la liturgia del día y comieran. Después venía la lectura que los transportaría a Argos o a Corinto según leyeran Electra o Antígona. Tenían que estirarse las horas para que todo cupiera en estos activos jóvenes que se distraían hacia adentro.
Les esperaba la lectura de los libros de la Biblia antes de dormirse. Ellos los tomaban también como literatura. Hemos visto cómo se sentían identificados con Abraham mirando las estrellas ¡Y qué cielo contemplaban, qué firmamento los cubría! Sin luz en pleno campo la respiración tenue de la bóveda celeste los acariciaba, más en el verano. Su habitación era receptáculo de lo infinito.
Mas allá a unos mil metros don Tobías rezaba, lloraba y contemplaba en su ermita
debe decir: las vacas que espiraban gozo....
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