Parece que la sociedad es lo substante y ciertamente los filósofos atenienses no concebían al hombre sino en la POLIS. Bien natural es en el hombre humano la amistad ciudadana pero ya en la plenitud de los tiempos lo substante es la persona cuyo ser es la relación con otra persona en una cercanía que no tiene tope; es decir siempre se puede acercarse más y tal cercanía se llamó ya no PHILIA SINO AGAPE, al punto ser ser la otra persona un otro yo que se conforma a ella.
Así no puede ni debe confundirse esto con individualismo opuesto a lo social. Así la persona crea comunidad de personas giradas hacia la persona del Verbo que llama en la persona del Espíritu. Esto debe ser aclarado en esta historia como necesidad por lo inusual del horizonte de comprensión de algo olvidado o quizás nunca bien comprendido pero de hecho acaecido. La expresión "plenitud de los tiempos" es el ejemplo raro para quienes han seguido considerando el tiempo como una sucesión geométrica de puntos ahora en un universo en expansión física y cultural.
He aquí que nuestros personajes por el instinto de la fe y por la ingenua lectura de las epístolas paulinas acariciaban la "plenitud del tiempo" la cual, bien que difícil para el entendimiento, es mejor posición que la de la hemorragia de ese tiempo con el cual se conforman los hombres adoradores de la sociedad evolutiva.
Es verdad que nuestros personajes eran jóvenes y más cercanos a la niñez sus almas estaban llenas del optimismo del ser que es hoy y no comprende particiones abstractas. El niño vive sin saberlo la eternidad y en el caso de los jóvenes el amor confirma tal estancia en la verdad del ser. El amor, bien que raro, es maestro de sabiduría con quienes no tienen obstáculos fundamentales para recibirlo y anida en corazones generosos como muchas veces se ha dado de ello testimonio en el vasto teatro de la existencia.
Por ello el horizonte de estos jóvenes parece utópico sobre todo para las mentes positivas que han tenido la experiencia romántica como efímera. El sentimiento puede ser de corto vuelo pero no cuando está fundamentado en la idea del espíritu y menos cuando se hunde en aquella experiencia de la mente trinitaria.
Flora y Florencio decíamos por instinto de la fe, ínsito en la naturaleza, sin obstáculos a la vista se habían visto favorecidos por el terreno preparado por el tío Tobías. Pero aprovechar la oportunidad no es casual porque no se escribe, como suele decirse, la Divina Comedia juntando las letras y salen los tercetos. Además hay que ver qué jóvenes ciudadanos hubieran aceptado esto de otra manera sino como un castigo.
Ellos respiraban felicidad junto a los animales de ese cuadro de la maternidad, donde las vacas estaban pariendo una tras otra. Y ahora sí que había trabajo.Un día Flora descubrió un ternerito que estaba solo y perdido y le salvó la vida y fue criado en los galpones con regocijo, hasta que encontraron una madre que lo aceptara.
Ella estuvo ayudando a la cría de una potranca de ese mismo modo con los niños con quienes mucho compartía de las tareas cercanas a la casa.
El arraigo es el ejercicio que llevaban a cabo con Florencio y en él se olvidaban de todo lo que había estado en el programa difuso de las carreras que se le proponen en la así llamada "civilización" que a veces es apenas "urbanización". La primera tiene que ver con la libertad o la proyección temporal del derecho, la segunda meramente con liberación indefinida.
Hay un nuevo arraigo en marcha aquí en la Bendición que ha dado aliento a los nacidos en el antiguo y que los confirma enriqueciéndolos con la enjundia de la historia, que no es evolución lineal.
Así no puede ni debe confundirse esto con individualismo opuesto a lo social. Así la persona crea comunidad de personas giradas hacia la persona del Verbo que llama en la persona del Espíritu. Esto debe ser aclarado en esta historia como necesidad por lo inusual del horizonte de comprensión de algo olvidado o quizás nunca bien comprendido pero de hecho acaecido. La expresión "plenitud de los tiempos" es el ejemplo raro para quienes han seguido considerando el tiempo como una sucesión geométrica de puntos ahora en un universo en expansión física y cultural.
He aquí que nuestros personajes por el instinto de la fe y por la ingenua lectura de las epístolas paulinas acariciaban la "plenitud del tiempo" la cual, bien que difícil para el entendimiento, es mejor posición que la de la hemorragia de ese tiempo con el cual se conforman los hombres adoradores de la sociedad evolutiva.
Es verdad que nuestros personajes eran jóvenes y más cercanos a la niñez sus almas estaban llenas del optimismo del ser que es hoy y no comprende particiones abstractas. El niño vive sin saberlo la eternidad y en el caso de los jóvenes el amor confirma tal estancia en la verdad del ser. El amor, bien que raro, es maestro de sabiduría con quienes no tienen obstáculos fundamentales para recibirlo y anida en corazones generosos como muchas veces se ha dado de ello testimonio en el vasto teatro de la existencia.
Por ello el horizonte de estos jóvenes parece utópico sobre todo para las mentes positivas que han tenido la experiencia romántica como efímera. El sentimiento puede ser de corto vuelo pero no cuando está fundamentado en la idea del espíritu y menos cuando se hunde en aquella experiencia de la mente trinitaria.
Flora y Florencio decíamos por instinto de la fe, ínsito en la naturaleza, sin obstáculos a la vista se habían visto favorecidos por el terreno preparado por el tío Tobías. Pero aprovechar la oportunidad no es casual porque no se escribe, como suele decirse, la Divina Comedia juntando las letras y salen los tercetos. Además hay que ver qué jóvenes ciudadanos hubieran aceptado esto de otra manera sino como un castigo.
Ellos respiraban felicidad junto a los animales de ese cuadro de la maternidad, donde las vacas estaban pariendo una tras otra. Y ahora sí que había trabajo.Un día Flora descubrió un ternerito que estaba solo y perdido y le salvó la vida y fue criado en los galpones con regocijo, hasta que encontraron una madre que lo aceptara.
Ella estuvo ayudando a la cría de una potranca de ese mismo modo con los niños con quienes mucho compartía de las tareas cercanas a la casa.
El arraigo es el ejercicio que llevaban a cabo con Florencio y en él se olvidaban de todo lo que había estado en el programa difuso de las carreras que se le proponen en la así llamada "civilización" que a veces es apenas "urbanización". La primera tiene que ver con la libertad o la proyección temporal del derecho, la segunda meramente con liberación indefinida.
Hay un nuevo arraigo en marcha aquí en la Bendición que ha dado aliento a los nacidos en el antiguo y que los confirma enriqueciéndolos con la enjundia de la historia, que no es evolución lineal.
corrección, debe decir: "AL PUNTO DE SER LA OTRA PERSONA OTRO YO QUE SE CONFORMA CON ELLA"
ResponderEliminarAdemás agrego: "giradas a la Persona del Verbo que llama en la Persona del Espíritu y en relación progresiva de unas con otras, ya que persona es un misterio relacional"