Acaso los raros lectores se pregunten cómo perseveramos en este bosquejo de novela cuyas líneas son como una naveta y el texto un tejido de telar manual. Volvemos sobre lo mismo pretendiendo que se forme un dibujo del hogar cuya monotonía usualmente es motivo de un escape hacia el mundo y sus miembros, obligados a seguir sus compases cada vez más alocados y desbocados hacia la liberación.
Esta es la disparidad entre la vida contemplativa y la activa tan tratada por Agustín, Gregorio y Tomás cuanto poco leída hoy en día y menos practicada.
Nosotros nos ubicamos en ese hogar navegante del océano del ser que se nos antoja infinito, en cuanto al espacio pues en sus noches con sus lucecitas del farol a kerosene acompaña a la vía láctea en su escuadrón estelar y en cuanto al tiempo habita en una plenitud por su adscripción a la simplicidad del ser.
Más y más irán viendo los esposos que Dios es el ser subsistente y en primer lugar es simple y luego perfecto e infinito, desembocando en lo uno transparente. Lo han empezado a vivir ellos simplemente y gracias a las ayudas providenciales lo conocerán paso a paso.
No debe parecer arbitrario que ellos tengan cerca al padre Mateo de ojos azulados en ese pueblito, porque no era el primero de los curas alemanes que habitó junto a aquellas sierras ni será el último, aún restringiendo su rasgo principal: su basamento en los Santos Padres, en Tomás y sobre todo en Joseph Matias Scheeben. En cuanto a religiosas que buscan la vida contemplativa en esos sitios muchos podrán mostrar infinidad de ejemplos hasta el día de hoy.
Hay personas así:lo que sucede que poco valor suele dárseles o bien pasan en el anonimato.
Nosotros, el escritor y su amanuense, hemos querido abrir esta nada de acontecimientos narrables para ingresar en el acontecer del ser. Justamente en lo que no es objeto de novela pero que ha sido el fin de la primera y originaria que amamos desde niños: la ODYSEA.
Es lo que leen Florencio y Flora y se deleitan en estos momentos con el primer momento: la Telemaquia. En la mejor posición porque ellos han pasado por la navegación del mar Jónico e incluso han hecho una incursión por el Peloponeso. Ellos nacieron junto al mar Mediterráneo y tuvieron la ocasión desarpovchada quizás por los más.
Ahora sin embargo ellos llevan a cabo en el extremo del mundo como si fueran feacios lo que apenas se señala posible en el alejado país de Esqueria.
Mas el "ahora" de aquellos célebres sitios no es el de Telémaco ni Nausikaa. Quedan todavía sin embargo lugares en el fin del mundo. Pero la Odisea ha sido constante desde Homero, pasando por Fenelón, Rousseau, Hölderlin y finalmente el padre de la novela posmoderna: James Joyce.
Nosotros seguimos el desarrollo de esta novela originaria en la mente de Florencio y su Flora como Cervantes siguió los aparentes desvaríos de su Quijote siguiendo las de caballería.
Ellos hundidos aquella noche de su primer verano pensaban que bien y verdaderamente eran Nausikaa y Telémaco ignorantes del tráfago mundano (aún el de sus preciosas ciudades mediterráneas) e ignorados por todos aquellos que no fueran bien prójimos, bien cercanos, envueltos aquí por ese mágico tul serrano que en las tardes ¡oh dichosa ventura! los hace unos en el OIKOS, poseído en el acorde íntimo de un puro pensamiento.
Las estrellas dirigidas por la cruz del sur los llevaban hacia "adonde nadie parecía y la caballería a vistas de las aguas descendía".
Y así era la verdad porque en el más cercano bebedero bajo la luna llena venía una tropilla de caballos a beber esa noche y ellos se acercaron a escuchar la música de sus delicados belfos y la repentina percusión de sus cascos entre los firmes resoplidos.
Nadie lo sabe que no lo haya probado: allí el ser se expande en la cercanía de los campos solitarios.
Esta es la disparidad entre la vida contemplativa y la activa tan tratada por Agustín, Gregorio y Tomás cuanto poco leída hoy en día y menos practicada.
Nosotros nos ubicamos en ese hogar navegante del océano del ser que se nos antoja infinito, en cuanto al espacio pues en sus noches con sus lucecitas del farol a kerosene acompaña a la vía láctea en su escuadrón estelar y en cuanto al tiempo habita en una plenitud por su adscripción a la simplicidad del ser.
Más y más irán viendo los esposos que Dios es el ser subsistente y en primer lugar es simple y luego perfecto e infinito, desembocando en lo uno transparente. Lo han empezado a vivir ellos simplemente y gracias a las ayudas providenciales lo conocerán paso a paso.
No debe parecer arbitrario que ellos tengan cerca al padre Mateo de ojos azulados en ese pueblito, porque no era el primero de los curas alemanes que habitó junto a aquellas sierras ni será el último, aún restringiendo su rasgo principal: su basamento en los Santos Padres, en Tomás y sobre todo en Joseph Matias Scheeben. En cuanto a religiosas que buscan la vida contemplativa en esos sitios muchos podrán mostrar infinidad de ejemplos hasta el día de hoy.
Hay personas así:lo que sucede que poco valor suele dárseles o bien pasan en el anonimato.
Nosotros, el escritor y su amanuense, hemos querido abrir esta nada de acontecimientos narrables para ingresar en el acontecer del ser. Justamente en lo que no es objeto de novela pero que ha sido el fin de la primera y originaria que amamos desde niños: la ODYSEA.
Es lo que leen Florencio y Flora y se deleitan en estos momentos con el primer momento: la Telemaquia. En la mejor posición porque ellos han pasado por la navegación del mar Jónico e incluso han hecho una incursión por el Peloponeso. Ellos nacieron junto al mar Mediterráneo y tuvieron la ocasión desarpovchada quizás por los más.
Ahora sin embargo ellos llevan a cabo en el extremo del mundo como si fueran feacios lo que apenas se señala posible en el alejado país de Esqueria.
Mas el "ahora" de aquellos célebres sitios no es el de Telémaco ni Nausikaa. Quedan todavía sin embargo lugares en el fin del mundo. Pero la Odisea ha sido constante desde Homero, pasando por Fenelón, Rousseau, Hölderlin y finalmente el padre de la novela posmoderna: James Joyce.
Nosotros seguimos el desarrollo de esta novela originaria en la mente de Florencio y su Flora como Cervantes siguió los aparentes desvaríos de su Quijote siguiendo las de caballería.
Ellos hundidos aquella noche de su primer verano pensaban que bien y verdaderamente eran Nausikaa y Telémaco ignorantes del tráfago mundano (aún el de sus preciosas ciudades mediterráneas) e ignorados por todos aquellos que no fueran bien prójimos, bien cercanos, envueltos aquí por ese mágico tul serrano que en las tardes ¡oh dichosa ventura! los hace unos en el OIKOS, poseído en el acorde íntimo de un puro pensamiento.
Las estrellas dirigidas por la cruz del sur los llevaban hacia "adonde nadie parecía y la caballería a vistas de las aguas descendía".
Y así era la verdad porque en el más cercano bebedero bajo la luna llena venía una tropilla de caballos a beber esa noche y ellos se acercaron a escuchar la música de sus delicados belfos y la repentina percusión de sus cascos entre los firmes resoplidos.
Nadie lo sabe que no lo haya probado: allí el ser se expande en la cercanía de los campos solitarios.
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