El trabajo de los hombres deriva del "comerás el pan con el sudor de tu frente", que significa "ya dependerá de ti tu subsistencia", los ha obligado no a una pena, más bien ésta consiste en haber perdido la ocasión de estar frente a Dios vacando a la contemplación. Así los sacó Dios del paraíso para que no mal usaran el fruto del árbol de la vida. Ya la emplearían en forma viciosa librados a su arbitrio.
Viendo a los hombres en el estado actual parecería que la supuesta pena no comporta pena alguna para la sociedad humana sino que es una liberación que los des obliga de semejante tarea contemplativa.
Los hombres tras el pecado y por medio de éste se quitaron la responsabilidad de la relación con el ser infinito: ¡tan lindas lucían las cosas de la naturaleza! Luego les gustó la lucha del mundo por el predominio: los hizo poderosos a los unos y obedientes a los otros. Y vivieron felices en la infelicidad: esclavos de sí mismos y de los poderosos. El poder en verdad está en el mundo, como una poderosa caja de resonancia que enajena y produce el olvido, es decir la no verdad en favor de la opinión.
La persona en Adán y Eva, imagen y semejanza de quien dijo "Hagamos" (y fue muy buena su creación) se fue lógicamente sumergiendo porque los individuos pasaron a ser parte de un todo (multiplicándose en el pueblo) al cual a lo largo de los milenios le fueron dando la materia individual de sus deseos y desórdenes del tipo de Caín que reza: yo soy yo en mis impulsos.
La sociedad a la cual obedecerían al mismo tiempo será receptora de cómo es y no de como tiene que ser el hombre. Más y más el amo y el esclavo se intercambian. Y la realidad viene a ser un precipitado de los impulsos individuales regidos por el de un rey que los legitima y representa: Yo soy yo y mi querer es ley.
La sociedad libre hoy no lo tiene pero ella es rey de los individuos a quienes va legalizando hasta un límite: la ley delgada que será la del consenso en cada momento. Sin rastro de absolutez divina.
No será necesario aclararlo: Dios no abandona a su criatura y lo guía por el camino de la verdad por milenios. Las personas, cada una, lo escuchan de más a menos sean de una cultura u otra.
La Iglesia que construyó la sociedad europea pretendió vanamente tutelarla mas dejó su impronta en ella que ahora jugando al pluralismo pretende legalizar la patente para hacer lo que se desee. Una suerte de Sodoma pero tecnológica. Y esto logró hacerlo argumentando que hay muchas religiones. Divide ut imperes.
Todo esto sea dicho para ver qué trabajo les tocó a Florencio y Flora luego de su elección de venirse al fin del mundo a recibir el legado del tío Tobías. Sin luz eléctrica ni vecinos ciudadanos ni todo lo que ello implica, sea positivo o negativo, lejos del mundo en que habían nacido y crecido, que en sí lejos de malo habría de ser visto como hermoso, ellos entraban nada queriendo sino el tiempo pleno del hogar en una sabia explotación ganadera a la cual le añadieron la cooperativa.
¿Luego qué si el trabajo que tenían les era -como a muchos hasta hoy- tan gozoso? Trabajar a pleno campo y entre sierras pensando en las horas de plena intimidad que pasaban en su casita no solamente no era una maldición por su belleza sino que no tuvo la condición de olvido de la contemplación que ya en la plenitud de los tiempos está viva en el calendario litúrgico y fácil es seguirla y aprovecharla.
Ya estamos en miércoles de ceniza y ellos concurrieron con su tío, el eremita, a la ceremonia que brindó el padre Mateo en el templo parroquial. Esta vez con la asistencia de las hermanitas de la paz que maravillaron a los asistentes con su piedad sencilla.
No fue tan difícil seguir a Abel en lugar de Caín lo que sí lo es, parece, es no ser dominado por el pecado. Para ello está la gracia, obra del cordero de la Pascua que ya se anunciaba tras los cuarenta días de la cuaresma.
Los campos crecerían en belleza, aquí en estas latitudes, la del otoño cuando maduran los pastos y las vacas están gordas a más de felices ¡Tanta dulzura hay en el brillo del cielo, tánta que los jóvenes recordarían siempre el advenimiento del primer otoño que se extiende en estos lugares mucho sobre el invierno, el cual además es luminoso, como si no quisiera dejar nunca aquella belleza otoñal.
Y les cuento que las sierras se concentran como el vino añejo en color, olor y sabor. Porque embriagan con sólo mirarlas.
¿Acaso fuimos en verdad echados del paraíso y perdimos la contemplación?
Viendo a los hombres en el estado actual parecería que la supuesta pena no comporta pena alguna para la sociedad humana sino que es una liberación que los des obliga de semejante tarea contemplativa.
Los hombres tras el pecado y por medio de éste se quitaron la responsabilidad de la relación con el ser infinito: ¡tan lindas lucían las cosas de la naturaleza! Luego les gustó la lucha del mundo por el predominio: los hizo poderosos a los unos y obedientes a los otros. Y vivieron felices en la infelicidad: esclavos de sí mismos y de los poderosos. El poder en verdad está en el mundo, como una poderosa caja de resonancia que enajena y produce el olvido, es decir la no verdad en favor de la opinión.
La persona en Adán y Eva, imagen y semejanza de quien dijo "Hagamos" (y fue muy buena su creación) se fue lógicamente sumergiendo porque los individuos pasaron a ser parte de un todo (multiplicándose en el pueblo) al cual a lo largo de los milenios le fueron dando la materia individual de sus deseos y desórdenes del tipo de Caín que reza: yo soy yo en mis impulsos.
La sociedad a la cual obedecerían al mismo tiempo será receptora de cómo es y no de como tiene que ser el hombre. Más y más el amo y el esclavo se intercambian. Y la realidad viene a ser un precipitado de los impulsos individuales regidos por el de un rey que los legitima y representa: Yo soy yo y mi querer es ley.
La sociedad libre hoy no lo tiene pero ella es rey de los individuos a quienes va legalizando hasta un límite: la ley delgada que será la del consenso en cada momento. Sin rastro de absolutez divina.
No será necesario aclararlo: Dios no abandona a su criatura y lo guía por el camino de la verdad por milenios. Las personas, cada una, lo escuchan de más a menos sean de una cultura u otra.
La Iglesia que construyó la sociedad europea pretendió vanamente tutelarla mas dejó su impronta en ella que ahora jugando al pluralismo pretende legalizar la patente para hacer lo que se desee. Una suerte de Sodoma pero tecnológica. Y esto logró hacerlo argumentando que hay muchas religiones. Divide ut imperes.
Todo esto sea dicho para ver qué trabajo les tocó a Florencio y Flora luego de su elección de venirse al fin del mundo a recibir el legado del tío Tobías. Sin luz eléctrica ni vecinos ciudadanos ni todo lo que ello implica, sea positivo o negativo, lejos del mundo en que habían nacido y crecido, que en sí lejos de malo habría de ser visto como hermoso, ellos entraban nada queriendo sino el tiempo pleno del hogar en una sabia explotación ganadera a la cual le añadieron la cooperativa.
¿Luego qué si el trabajo que tenían les era -como a muchos hasta hoy- tan gozoso? Trabajar a pleno campo y entre sierras pensando en las horas de plena intimidad que pasaban en su casita no solamente no era una maldición por su belleza sino que no tuvo la condición de olvido de la contemplación que ya en la plenitud de los tiempos está viva en el calendario litúrgico y fácil es seguirla y aprovecharla.
Ya estamos en miércoles de ceniza y ellos concurrieron con su tío, el eremita, a la ceremonia que brindó el padre Mateo en el templo parroquial. Esta vez con la asistencia de las hermanitas de la paz que maravillaron a los asistentes con su piedad sencilla.
No fue tan difícil seguir a Abel en lugar de Caín lo que sí lo es, parece, es no ser dominado por el pecado. Para ello está la gracia, obra del cordero de la Pascua que ya se anunciaba tras los cuarenta días de la cuaresma.
Los campos crecerían en belleza, aquí en estas latitudes, la del otoño cuando maduran los pastos y las vacas están gordas a más de felices ¡Tanta dulzura hay en el brillo del cielo, tánta que los jóvenes recordarían siempre el advenimiento del primer otoño que se extiende en estos lugares mucho sobre el invierno, el cual además es luminoso, como si no quisiera dejar nunca aquella belleza otoñal.
Y les cuento que las sierras se concentran como el vino añejo en color, olor y sabor. Porque embriagan con sólo mirarlas.
¿Acaso fuimos en verdad echados del paraíso y perdimos la contemplación?
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