martes, 17 de junio de 2014

SIGUE EL PREÁMBULO DEL AUTOR

Si la vida de los santos es en el misterio como predica San Pablo con la energía que obra en él con poder no podemos avizorar cómo herirá a nuestros personajes el misterio de la iniquidad. Pedimos que sea desde afuera sin tocar el centro vital de la gracia.
Decimos que no deben tener pecado pues los sacramentos los cubrirán. Sabemos que la voluntad de la criatura no se basta y la de Dios está manifiesta. Nosotros hacemos votos como Pablo por los hermanos de que así será. Por ahora están echando raíces en el valle y su voluntad dirigida por la gracia es acompañada por el ministro "en virtud de la dispensación divina a él confiada".
No sé lectores míos porqué nosotros hemos carecido de tal bien ministerial y al mismo tiempo el homicida ha logrado herirnos y dividirnos. Pero tanto la gracia impide que nos corrompamos como nos ha proporcionado a nuestros personajes inmaculados y perfectos como los tiene San Pablo según da testimonio en sus cartas, él herido por la espada pero no por la desesperanza con respecto a la gloria que lo plenifica en el presente lleno de tribulaciones.
Así nos hacemos eco de este misterio escondido y manifestado en tal presente y venga la espada sobre nuestro cuello y lo vivan nuestros personajes de este valle enclaustrado por estas montañas que van cobrando tales colores desde la mañana a la tarde que hacen del día una imitación del paraíso.  
Claro está, esto siempre y cuando estemos en el campo vacío de ciudad y de hombres y lleno de árboles y aves.
Así vuelto Florencio a su caballo que los cruza rítmicamente y Flora a su casa llena de rincones y ambos a la huerta y granja el trabajo de los días con el sudor de la frente se realizaba en tal convento luminoso y poblado de armonía natural que ha sido patrimonio de los hombres por milenios.
Pero entre dos misterios: el de la gracia que estaba escondida y el de la iniquidad que bien manifiesto se está hasta ahora mientras esto escribo.

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