El momento de la lectura de esta Misa de las
Misas solemne en grado sumo halló a nuestros personajes ya emocionados por la
progresión iluminadora y con la mente dirigida a toda verdad que sale de la
boca de Dios.
Ahora vinieron las lecturas monumentales que
indican el sentido de toda la Sagrada Escritura o profecías comenzando por la Creación , que es el todo
del ser; siguiendo con lo que muestra la situación del hombre caído y su
necesidad de salvación representada en el arca de Noé y la purificación de las
aguas como un bautismo; la prefiguración del sacrificio de Cristo en Isaac,
hijo de la promesa; la salvación de los hebreos como pueblo elegido por el
cruce del Mar Rojo en la Pascua ;
la constante condición de cerrazón de los hombres elegidos con respecto a los
dones espirituales del Dios que los llama, destacadas por Isaías; como se
colocan lejos de ellos como consta en la siguiente lectura del profeta Baruch
que exalta la maravilla del poder creador de Dios y su Sabiduría desaprovechada
por los hombres; la visión del profeta Ezequiel acerca de la resurrección de
los huesos vinculado a un Israel seco, sin espíritu; la narración de los tres
jóvenes arrojados por Nabucodonosor al horno por negarse a adorarlo según la clásico
libro de Daniel y la predicación de Jonás que hizo penitentes a los de Nínive.
Todo belleza con la inserción de los salmos que invocan al Dios vivo: COMO EL CIERVO ANSÍA LAS FUENTES DE LAS AGUAS ASÍ MI ALMA TIENE SED DEL DIOS VIVO.
Resonaban estas antiguas palabras en las almas jóvenes de nuestros personajes en estas espesas circunstancias de sus vidas enraizándose delante de estas sierras que los amparaban. La Misa continuaba en toda su solemnidad presidida por el sacerdote extranjero que tan bien la sabía decir ya que comprendía hasta el fundamento lo que significaba y realizaba.
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