No era una selva pero sí un monte. No era pues húmedo y tropical pero siendo seca la atmósfera la vegetación era subtropical. Llovía en los veranos y así el agua era suficiente para criar pastos para la hacienda que se beneficiaba por una buena sanidad. Tenían sombra en verano y un calor seco y en invierno mucho sol y cielos despejados. Era un valle cobijado por las sierras, saludables para los pulmones, lo cual atraía veraneantes de otras zonas de la pampa húmeda y de las ciudades grandes.
La sierra tenía vegetación de árboles como el molle que formaba bosquecillos y tenía aquellas lomadas con vegetación más bien baja de duraznillo, chilca y hierbas aromáticas como la genciana, peperina y muchas otras buscadas por medicinales. Más arriba de los bosques había pastizales abiertos y laderas con vegetación, es decir: no eran áridas sino amenas. En las cañadas se escondían tabaquillos que cubrían alguna pequeña cueva y quedaban cocos en los blancos pastos duros y algún arroyo bajaba por ellas, como el que proporcionaba agua al pueblo generosamente ruidosamente despeñándose en cascadas deliciosas.
Esto atraía a personas de otras regiones que incursionaban a veces en el pueblo donde se alojaban en un único hotel que estaba a un lado de la mencionada loma redonda. Si uno venía de una gran ciudad se enamoraba inmediatamente a su llegada y ya quería siempre volver. A veces planeaba venirse a vivir otras veces se conformaba con una casita de vacaciones.
Aquel año había llegado al hotel un matrimonio joven de la zona progresista del gran río Paraná que había fundado con sus hermanos una empresa que fabricaba cosechadoras. Iban avanzando con esa pequeña y virtuosa industria. Se tomaban los hermanos vacaciones por turno pues trabajaban muchísimo y con gran inteligencia y voluntad, porque no tenían las circunstancias un fomento adecuado par tales emprendimientos o lo tenían por momentos y luego les eran quitados por una suerte de ceguera ideológica de los gobiernos. Pero ellos como muchos otros capeaban los temporales con amor a su empresa, que lejos de ser utilitaria era teórica en el sentido aristotélico de la palabra: trabajaban por amor a la producción y al perfeccionamiento de las cosechadoras, es decir que obraban por el gusto de la obra misma productiva y por el bien que resultaba en las siembra,empleando y capacitando a sus numerosos empleados. Amaban pues el bien con inteligencia y se capitalizaban por el ascetismo que debían ejercitar en las épocas de malas políticas agropecuarias y económicas. La economía ciencia de un delicado equilibrio heraclíteo no tolera rigideces y orgullosas actitudes.
Este joven , Hugo, venía con su esposa y un niño de cuatro años y otro de dos al hotel y tenía la costumbre de ir a Misa los domingos. Por ello bajó aquel domingo y siguió la hermosa Misa a la cual asistían los habitantes de la Bendición como acto máximo de la oración semanal que con tanto gozo practicaban.
A la salida bien impresionados por la forma tan pura de decirla que tenía nuestro teólogo alemán fueron a entrevistarlo y la bonomía de él y la juventud admirativa de la familia veraneante los llevó a encontrarse en la casa parroquial con Florencio y Flora, los cuales les brindaron hospitalidad con el gusto de su padre espiritual. Una jugosa conversación entre los jóvenes matrimonios que tanto tenían para contar, más acerca de sus proyectos de vida que de lo que poseían al presente, llenó la jornada pues congeniaron los jóvenes Florencio y Hugo. De cooperativa a empresa familiar se fueron narrando sus emprendimientos que rebozaban todo aquello que Hesíodo había escrito hacía 2500 años en los llamados: TRABAJOS Y DÍAS.
Prometieron visitarse: el veraneante iría a conocer con gran gusto la Bendición y el recién llegado iría con Flora a conocer el hotel junto a la loma. Lo semejante busca lo semejante. La juventud enérgica es como una fuente que surge vigorosa en la pureza de las cumbres, es por decirlo en el ámbito de Hesíodo conforme a las Musas. Tienen ellas que ver con el obrar y las obras en armonía y pureza.
La sierra tenía vegetación de árboles como el molle que formaba bosquecillos y tenía aquellas lomadas con vegetación más bien baja de duraznillo, chilca y hierbas aromáticas como la genciana, peperina y muchas otras buscadas por medicinales. Más arriba de los bosques había pastizales abiertos y laderas con vegetación, es decir: no eran áridas sino amenas. En las cañadas se escondían tabaquillos que cubrían alguna pequeña cueva y quedaban cocos en los blancos pastos duros y algún arroyo bajaba por ellas, como el que proporcionaba agua al pueblo generosamente ruidosamente despeñándose en cascadas deliciosas.
Esto atraía a personas de otras regiones que incursionaban a veces en el pueblo donde se alojaban en un único hotel que estaba a un lado de la mencionada loma redonda. Si uno venía de una gran ciudad se enamoraba inmediatamente a su llegada y ya quería siempre volver. A veces planeaba venirse a vivir otras veces se conformaba con una casita de vacaciones.
Aquel año había llegado al hotel un matrimonio joven de la zona progresista del gran río Paraná que había fundado con sus hermanos una empresa que fabricaba cosechadoras. Iban avanzando con esa pequeña y virtuosa industria. Se tomaban los hermanos vacaciones por turno pues trabajaban muchísimo y con gran inteligencia y voluntad, porque no tenían las circunstancias un fomento adecuado par tales emprendimientos o lo tenían por momentos y luego les eran quitados por una suerte de ceguera ideológica de los gobiernos. Pero ellos como muchos otros capeaban los temporales con amor a su empresa, que lejos de ser utilitaria era teórica en el sentido aristotélico de la palabra: trabajaban por amor a la producción y al perfeccionamiento de las cosechadoras, es decir que obraban por el gusto de la obra misma productiva y por el bien que resultaba en las siembra,empleando y capacitando a sus numerosos empleados. Amaban pues el bien con inteligencia y se capitalizaban por el ascetismo que debían ejercitar en las épocas de malas políticas agropecuarias y económicas. La economía ciencia de un delicado equilibrio heraclíteo no tolera rigideces y orgullosas actitudes.
Este joven , Hugo, venía con su esposa y un niño de cuatro años y otro de dos al hotel y tenía la costumbre de ir a Misa los domingos. Por ello bajó aquel domingo y siguió la hermosa Misa a la cual asistían los habitantes de la Bendición como acto máximo de la oración semanal que con tanto gozo practicaban.
A la salida bien impresionados por la forma tan pura de decirla que tenía nuestro teólogo alemán fueron a entrevistarlo y la bonomía de él y la juventud admirativa de la familia veraneante los llevó a encontrarse en la casa parroquial con Florencio y Flora, los cuales les brindaron hospitalidad con el gusto de su padre espiritual. Una jugosa conversación entre los jóvenes matrimonios que tanto tenían para contar, más acerca de sus proyectos de vida que de lo que poseían al presente, llenó la jornada pues congeniaron los jóvenes Florencio y Hugo. De cooperativa a empresa familiar se fueron narrando sus emprendimientos que rebozaban todo aquello que Hesíodo había escrito hacía 2500 años en los llamados: TRABAJOS Y DÍAS.
Prometieron visitarse: el veraneante iría a conocer con gran gusto la Bendición y el recién llegado iría con Flora a conocer el hotel junto a la loma. Lo semejante busca lo semejante. La juventud enérgica es como una fuente que surge vigorosa en la pureza de las cumbres, es por decirlo en el ámbito de Hesíodo conforme a las Musas. Tienen ellas que ver con el obrar y las obras en armonía y pureza.