sábado, 18 de mayo de 2013

LA PROVIDENCIA REMPLAZA A LA TRAGEDIA

La tarde avanzaba dorando los campos y haciendo de las hojas un acopio de láminas de oro para llenar todos los tesoros de los tiempos ¡Tanto se derrocha en una simple tarde estival en un valle! El tordillo que habían atado al sulky para ir al pueblo era gran trotador y si se lo conducía bien mantenía el ritmo hasta llegar al pueblo. Se diría que era su gusto hacerlo, una suerte de ejercicio en donde exponía su bella fuerza. Ellos aspiraban el aroma de los chañares entremezclados con decenas de otras variedades entre árboles y arbustos que estaban llenos de sus frutos y flores entonce, pues había seguido lloviendo
La magia de las sierras grandes en aquellos instantes consistía en su agrandamiento progresivo conforme avanzaban. Una ola de azules y verdes los iba envolviendo con sus encantos. La loma redonda  parecía adelantarse por el camino latiendo su verdor.
 Cruzaban parcelas, molinos con bebederos; dando una curva un caballo overo descansaba su cabeza sobre una alambrado mientras dos vacas chorreadas bebían toda la paz del universo. Detrás el azul de las sierras en perspectiva pulsaba las almas de los esposos ya aptos para recibirlas en las mil formas, desde este y aquel ángulo,más cerca y más lejos, a media mañana y a media tarde: ¡eran un espectáculo variable, siempre vivo como el fuego de Heraclito.
Ellos palpitaban y se sentían como discípulos bajo el encanto de su maestro, poeta de azules, verdes, carmines y grises que emanaban desde sí luz, luz vibrante como en los cuadros de Tiziano (que ellos habían visto en el Prado y en Italia en viaje de estudios y los pintores enseñan a mirar). El mismo caso en lo que a pintura se refiera era el de Mateo, que de Roma a Colonia había podido pasar en sus viajes por muchas pinacotecas.
 Ellos luego de visitar a don Britos en el almacén y a don Charras en el correo, donde enviaron algunas cartas a Europa, se dirigieron, claro está, a saludar a su padre espiritual quien los recibió con los  brazos abiertos preguntando:
"¿Cómo está nuestro viejo?"
"¡Ah por días no lo vemos pero Rosendo que da una vuelta todos los días dice que bien pero más taciturno!" -dijo Flora.
"Y el cura contestó con cierta solemnidad: "Nunca he visto un hombre que se prepare más diligentemente para la muerte, es decir para el tránsito. Habla con la Virgen y ella con seguridad lo consuela y le responde a lo que él le pide, que es sobre su esposa y aquellos a quienes ha amado en su existencia".
"Sí padre, es un ejemplo y nos abre un camino que llega a aquel día de la partida en la cual tenemos que meditar noche a noche", dijo Florencio con cierto acento de tristeza.
"Nadie quiere morir, agregó el cura, pero los que oran pueden bien morir".
¿No es verdad padre que morir es algo anti natural aunque todos por verificarlo constantemente lo llaman natural y lógico? Yo lo siento así: la vida que siento pensando, gozando y agradeciendo no acepta la muerte en su seno"  -decía Flora mientra le alcanzaba un mate con hierbas aromáticas.
"!Sientes bien en el Espíritu que nos enseña todo! Dios sopló y dio la vida espiritual y sobre ella poseíamos el Espíritu que nos daba la vida eterna porque para ello fuimos creados antes que el mundo fuese. Innatural era entonces la muerte en el comienzo pero en el origen estaba sancionada la vida inmaculada ante su faz en el amor. En aquel comienzo de nuestros primeros padres poseíamos la justicia original que incluía inmortalidad e integridad. La inteligencia sometida a Dios y nuestras fuerzas sensitivas e instintivas sometidas a la inteligencia. El pecado original rompe la paz de este nexo subordinante y se produce el desorden por el cual el cuerpo sujeto a corrupción (por constar de partes) no pudo mantenerse en la plenitud que el alma posesora del Espíritu Divino le aportaba. Ahora sobrevendría la lucha entre ambos, la tensión que sólo la gracia llegaría a resolver en victoria si acaso fuese bien recibida. La muerte y la enfermedad quedaron como penalidades que la voluntad torcida de Eva y sus hijos tendrían que sobrellevar ¡Pero no querida Flora nunca serán normales! De hecho Jesús lo demostró resucitando muertos y curando enfermos".  -Así hablaba Mateo en uno de sus precisos sermones iluminados por Santo Tomás de Aquino cuyas obras completas podían contarse en su biblioteca situada en aquel rincón de la tierra.
Y entre esas gloriosas conversaciones explicables entre miembros del cuerpo místico de Cristo acabaron dos pavas de mate y tras los abrazos afectuosos (ya hemos dicho cuán necesarios eran unos para los otros) los jóvenes esposos retornaron en el sulky en aquella tarde estival.
Ahora el tordillo cambió de paso. El entusiasmo lo llevaba en un ritmo similar pero como si dijéramos que aquel era con compases de negras y éste de corcheas y semicorcheas. La vuelta a la querencia mostraba cómo el noble animal comprendía aquello que expresara para siempre el poeta Homero  en la Odisea. Si la nobleza es tener origen el caballo lo significaba claramente por el distinto tenor que impuso a la vuelta, aunque siempre dentro del compás. Ahora tenían el sol poniente en las sierras chicas que a la distancia se veían como una línea trazada por un ángel, quizás el mismo pintor de esos morados nostálgicos que concentraban el día entero en un ocaso que bien se podría comparar a la buena muerte, aquella que espera la resurrección.
Llegando entre dos luces a la tranquera comprobaron cómo el tordillo sabía donde habitaba. Bajó el trote sin dudar antes de verse la entrada muy cubierta de monte, que se agranda de noche y aún algo más como lo poetiza Goethe en el rey de los Elfos. No era imposible presumir que algún chillido disonante era del puma, común en aquellas épocas cuando el campo estaba lleno de vizcacherales con la nocturna vizcacha que salía de su cueva a solazarse y a comer, bocado exquisito ella misma para los demás, que alguna vez se probaba como una suerte de horaciano "cabrito arrancado al lobo".
"!Ah la casa es la casa por más pobre que sea!" exclamó Flora, recordando don Segundo Sombra. Y el desarmar el sulky, llevar los arneses a la pieza de las monturas y bañar el sudoroso animal y largarlo a sus pastos fue obra de Florencio mientras Flora encendía las luces de la casa y preparaba algo para la cena.
El tordillo, por su parte, se fue como un relámpago en la nochecita al encuentro de su tropilla, resoplando notoriamente gozoso bien como los jóvenes acuden a un baile con la emoción de encontrarse con sus amigos que se prometen diversión. Aquí se puede mencionar aquello de Romeo: "mi corazón va hacia ti como los estudiantes huyen de la escuela". Con esa fuerza iba relinchando el caballo a través del prado a hundirse en el monte tembloroso.
Los que en verdad eran una especie de Romeo y Julieta eran Flora y Florencio que tenían fundado un hogar permanente en los cielos y se encontraban anticipando una de aquellas moradas prometidas, sin tragedia mas con providencia.  

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