Aurelio Agustín Ruvituso siempre estaba en su tarea solitaria. Pero si estaba solo él caminaba por las altas cumbres de las obras de hombres que han pensado lo que para siempre y desde siempre quiere ser pensado. Precisamente el camino hacia adentro de la sierra por donde se asciende es como el camino que transitaba este solitario en la esfera de Sófocles y Shakespeare. Racine y Moliére, Chejov e Ibsen, Homero, Virgilio, Dante y Goethe; Cervantes, Balzac, Dostoiewsky, Galdós, Fielding, Conrad. Defoe, Setevenson, Sterne hasta el espesísimo Joyce, línea a línea, verso a verso sin ningún apuro en el ritmo cuyo fin está en el permanecer en cada partecica ¿Quien lo corría? ¿Quienes lo urgían? Solamente el amor que obra por la obra misma. Y su resultado es el gozo y la paz de recibir lo escrito tal cual es.
La escuela secundaria no lo exigía al máximo pero lo hacía cumplir con la misión de la humanidad y en eso sí se empleaba a fondo. Recibía a los alumnos en su casa y a todo aquel que quisiera preguntar y saber. Y luego avanzaba por su camino sin perder más tiempo que alguna reunión por semana con el médico y el cura que cada vez se hacían más intensas. Su esposa maestra de escuela llenaba la casa de alegría, sirviendo de contrapeso a su misantropía. La relación de ella con los vecinos era normal y sencilla aunque vivía en un mundo de profundidad extraordinaria ya que para Aurelio eran más reales don Quijote y Edipo que el vecino más próximo. Y vivía inmerso en poemas donde prados y montañas vivían poéticamente.
De todos modos su contacto con la así llamada realidad había encontrado en su esposa su conexión y en Mateo su sentido. En la paternidad se despertaba su ternura y su conexión con los hijos se hizo efectiva pero nunca podía llegar a comprender qué primacía merecía la realidad vista por los que rodeaban a don Quijote, curas, barberos, venteros y menos aún los cuadrilleros. Es cierto que él por la conversación con sus amigos no podía adoptar un modelo contemporáneo ni tampoco le hubiera sido fácil porque él veía en mismo valor el así llamado pasado con el indefinido presente.
Nadie que pasara años examinando La Tempestad, Pericles, el Rey Lear y Filoctetes podía caer en el fetichismo de lo actual ¡Una totalidad semejante pesa mucho! La otra totalidad tiene su fuerza en otros poetas y artistas pero viene acompañada muchas veces por la ignorancia maldiciente de la otra. Su imaginación estaba tan cimentada en aquel Ulises que el nuevo no podía llevarlo consigo sino que lo observaba simplemente con aquel amor a las letras que le decía aquello: "todo me es lícito pero no me dejaré dominar por nada" Había partido en la nave del laertíada y sabía atarse al mástil para conocer todo pero sin dejar la meta, que veía más y más en aquel sitio donde echaba raíces como el algarrobo.
La escuela secundaria no lo exigía al máximo pero lo hacía cumplir con la misión de la humanidad y en eso sí se empleaba a fondo. Recibía a los alumnos en su casa y a todo aquel que quisiera preguntar y saber. Y luego avanzaba por su camino sin perder más tiempo que alguna reunión por semana con el médico y el cura que cada vez se hacían más intensas. Su esposa maestra de escuela llenaba la casa de alegría, sirviendo de contrapeso a su misantropía. La relación de ella con los vecinos era normal y sencilla aunque vivía en un mundo de profundidad extraordinaria ya que para Aurelio eran más reales don Quijote y Edipo que el vecino más próximo. Y vivía inmerso en poemas donde prados y montañas vivían poéticamente.
De todos modos su contacto con la así llamada realidad había encontrado en su esposa su conexión y en Mateo su sentido. En la paternidad se despertaba su ternura y su conexión con los hijos se hizo efectiva pero nunca podía llegar a comprender qué primacía merecía la realidad vista por los que rodeaban a don Quijote, curas, barberos, venteros y menos aún los cuadrilleros. Es cierto que él por la conversación con sus amigos no podía adoptar un modelo contemporáneo ni tampoco le hubiera sido fácil porque él veía en mismo valor el así llamado pasado con el indefinido presente.
Nadie que pasara años examinando La Tempestad, Pericles, el Rey Lear y Filoctetes podía caer en el fetichismo de lo actual ¡Una totalidad semejante pesa mucho! La otra totalidad tiene su fuerza en otros poetas y artistas pero viene acompañada muchas veces por la ignorancia maldiciente de la otra. Su imaginación estaba tan cimentada en aquel Ulises que el nuevo no podía llevarlo consigo sino que lo observaba simplemente con aquel amor a las letras que le decía aquello: "todo me es lícito pero no me dejaré dominar por nada" Había partido en la nave del laertíada y sabía atarse al mástil para conocer todo pero sin dejar la meta, que veía más y más en aquel sitio donde echaba raíces como el algarrobo.
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