miércoles, 15 de mayo de 2013

ENTUSIASMOS CONCORDANTES


Florencio respondió a su amigo narrando sus repetidos trabajos dentro de su entusiasmo por el habitar presente. Su amigo sin concebir todo lo narrado le respondía desde la antigua ciudad alemana donde seguía los seminarios de su maestro:

"Veo que estáis pasando estos días de epifanía cazando estrellas fugaces de las muchas que peregrinan en la noche y en los calurosos días entre el movimiento de las vacas y terneros que deban ser enlazados y curados, en medio de aquellas sierras al este y al oeste, sin redes opresoras de palabras, dejando que los árboles, el cielo, las estivales nubes les hablen entre mugidos de vacas sedientas y la nobleza de tropillas de caballos que, según narráis, “hunden sus delicados belfos en las aguas del bebedero sorbiendo las frescas aguas que los molinos extraen en acompasados braceos”.
 El alma que es en cierta forma todas las cosas  percibe por lo tanto cielo, sierra, campo, árboles y animales en su querencia ¡El alma se aquerencia en el don simple de la tierra! Esto significa habitar.
Para que esto suceda las condiciones que deben darse son los medios de la virtud. Con la adquisición de las virtudes cardinales el alma ingresa en un orden que la dispone para recibir la serenidad de la tierra que es nuestra contrada y todavía “aquello que se alcanza por ventura” es decir: la gracia que ha sido dada en la plenitud de los tiempos. Sin el orden no hay recepción de la gracia, no hay buena tierra para que germinen y crezcan las semillas de la palabra en treinta, sesenta y noventa.
¿Debemos recordar la ley de gravitación universal? Quizás sea necesario, en cambio, poner sobre el papel la ley nueva de la gracia que es eterna, porque nunca pasará cuando alguna vez no haya más gravitación.
Pero hay también que hacer valer lo que ha valido como conquista inmarcesible desde Aristóteles a Santo Tomas: el sistema clarísimo de las virtudes de donde se deducen los pecados definidos por la ausencia de cada una de ellas. No aplicar tales principios sería como ir a pie antes de domar el caballo o viajar solamente con ellos a través de los desiertos y extensas llanuras poseyendo motores a explosión. Peor todavía, es condenarse a todo tipo de enfermedades morales en épocas donde se lucha con éxito contra las corporales.
En este caso se puede retroceder y olvidar lo que  pone orden en los impulsos que más y más buscan satisfacción. Esta acción de la filosofía ha sido tan contrariada por Federico Nietzsche  que una esfera restringida de modernidad se inaugura con él creando su propia atmósfera, determinada por la vida y así pronto tendrán los impulsos su propia manifestación dentro de una particular esfera lingüística.
“Cómo es” era para la Filosofía “cómo no debía ser”, distinguiéndose así el camino abierto a “cómo tiene que ser”. 
Aquella  modernidad sanciona “cómo es la vida” y sus hijos aún sancionan  lo que no tiene que ser como "norma". Esto se comienza a desplegar sistemáticamente rompiendo todo sistema. Esta paradoja deja lugar a las paradojas, así lo ha dicho mi maestro en su última clase. Todo esto te parecerá oscuro ahora pero he debido sintetizar lo recibido e inédito. Ya habrá tiempo para que se vaya acercando del cielo empíreo donde se expresa de una manera precisa, serena y sin prisa. Un abrazo de tu amigo y afectos para Flora".

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