Florencio respondió a su amigo narrando sus repetidos trabajos dentro de su entusiasmo por el habitar presente. Su amigo sin concebir todo lo narrado le respondía desde la antigua ciudad alemana donde seguía los seminarios de su maestro:
"Veo que estáis
pasando estos días de epifanía cazando estrellas fugaces de las muchas que
peregrinan en la noche y en los calurosos días entre el movimiento de las vacas
y terneros que deban ser enlazados y curados, en medio de aquellas sierras al
este y al oeste, sin redes opresoras de palabras, dejando que los árboles, el
cielo, las estivales nubes les hablen entre mugidos de vacas sedientas y la
nobleza de tropillas de caballos que, según narráis, “hunden sus delicados
belfos en las aguas del bebedero sorbiendo las frescas aguas que los molinos
extraen en acompasados braceos”.
El alma que es en cierta forma todas las
cosas percibe por lo tanto cielo,
sierra, campo, árboles y animales en su querencia ¡El alma se aquerencia en el
don simple de la tierra! Esto significa habitar.
Para que esto suceda
las condiciones que deben darse son los medios de la virtud. Con la adquisición
de las virtudes cardinales el alma ingresa en un orden que la dispone para
recibir la serenidad de la tierra que es nuestra contrada y todavía “aquello
que se alcanza por ventura” es decir: la gracia que ha sido dada en la plenitud
de los tiempos. Sin el orden no hay recepción de la gracia, no hay buena tierra
para que germinen y crezcan las semillas de la palabra en treinta, sesenta y
noventa.
¿Debemos recordar la
ley de gravitación universal? Quizás sea necesario, en cambio, poner sobre el
papel la ley nueva de la gracia que es eterna, porque nunca pasará cuando alguna vez no haya más
gravitación.
Pero hay también que
hacer valer lo que ha valido como conquista inmarcesible desde Aristóteles a
Santo Tomas: el sistema clarísimo de las virtudes de donde se deducen los
pecados definidos por la ausencia de cada una de ellas. No aplicar tales
principios sería como ir a pie antes de domar el caballo o viajar solamente con
ellos a través de los desiertos y extensas llanuras poseyendo motores a
explosión. Peor todavía, es condenarse a todo tipo de enfermedades morales en
épocas donde se lucha con éxito contra las corporales.
En este caso se
puede retroceder y olvidar lo que pone orden en los impulsos que más y más buscan
satisfacción. Esta acción de la filosofía ha sido tan contrariada por Federico
Nietzsche que una esfera restringida de
modernidad se inaugura con él creando su propia atmósfera, determinada por la vida y así pronto tendrán los impulsos su propia manifestación dentro de una particular esfera
lingüística.
“Cómo es” era para la Filosofía “cómo no debía
ser”, distinguiéndose así el camino abierto a “cómo tiene que ser”.
Aquella modernidad sanciona “cómo
es la vida” y sus hijos aún sancionan lo
que no tiene que ser como "norma". Esto se comienza a desplegar sistemáticamente rompiendo todo sistema. Esta paradoja deja lugar a las paradojas, así lo ha dicho mi maestro en su última clase. Todo esto te parecerá oscuro ahora pero he debido sintetizar lo recibido e inédito. Ya habrá tiempo para que se vaya acercando del cielo empíreo donde se expresa de una manera precisa, serena y sin prisa. Un abrazo de tu amigo y afectos para Flora".
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