miércoles, 9 de mayo de 2012
SANTIAGO APÓSTOL: SED AUTORES DEL VERBO
/ En el día, de claro en claro, se hacían las tareas necesarias a la manutención de los hombres que comerán el pan con el sudor de su frente al salir fuera del paraíso y de aquel estado contemplativo puro.
/En la noche, de turbio en turbio, se leía lo que hombres ya dentro del mundo han contemplado por las rendijas que aquél deja o directamente por el mismo claro que se abre por ventura ante los ojos que quisieron ver como aquel ciego de nacimiento, que expresó su necesidad al ser preguntado: “¿qué quieres que te haga?”; “que vea” contestó. “Pues ve” dijo Él. ¡Y tuvo la primacía de verlo!
/La rutina del día, con todo, era una ruta hacia lo que desde siempre y para siempre ha de ser procurado: el alimento perfecto que sale de la tierra. La de la noche era ruta por las narraciones evangélicas y en la necesidad de la vida eterna: el alimento del pan y la palabra de vida.
/ Así las vacas lecheras, el ordeñe, el ensayo primero del dulce de leche, la gordura para la mantequera, cuya manteca se convierte en “la mejor del mundo”, la colección de los huevos, la preparación de algún pollo (¡ay!) para engorde, el trabajo dentro de la casa para adecuarla a las necesidades (armarios, alacenas etc), la decoración de las cosas del habitar, la preparación de los lugares para flores alrededor de la casita; la vigilancia de la hacienda en general en el campo y en las aguadas, el estado de los terneros (si maman o no bien), la traída de la yegua con su cría, el manear el molino si arreciaba el viento: todo esto llenaba el día.
/ No era menor la actividad nocturna que abarcaba desde la puesta del sol hasta la medianoche. La oración de vísperas y completas; la lectura de la liturgia del día y la jornada de la “Vida es Sueño” frente a la chimenea; la lectura entera del Génesis paso a paso; el diálogo final en el lecho nupcial; entendido por diálogo lo que corresponda al cuerpo y al alma en su jerarquía e índole.
/ A mitad de semana, cada quince días se apersonaba el director espiritual, salvo ocupación de urgencia, e utilizaban el privilegio de la confesión con un sacerdote que a ello se había consagrado: a llevar la salvación a los hijitos del Padre, así como hacen los buenos padres en lo inmediato con sus hijos. Nada para extrañarse. Fue dado al mundo.
/ Y el sábado era el día cooperativo: vinieron tempranito y Florencio propuso como moción:
“Hoy debemos terminar ese cerco y habría que iniciar la esparraguera. Por eso propongo que los varones alambradores vayan a lo suyo y se esmeraren para concluir y las mujeres conmigo preparemos la tierra en el extremo sur ya alambrado”.
/ Todos aprobaron y después de unas rondas de mate se pusieron en filas cada uno con sus propias herramientas, Flora inclusive, con gran expectativa y entusiasmo.
/ La tierra era dada vuelta por Florencio y Zunilda y los demás, con los niños que lo tomaron como un juego, trabajan con azadones y rastrillos. El mediodía los tomó oliendo el asado que preparaba ¡Tobías! Quien los aguardaba como el rey o el amo de las vivas figuras del escudo de Aquiles a los trabajadores y aradores.
/No mucha comida porque había que seguir ya que el día es corto en invierno y si tenían tiempo prepararían las almácigas para la lechuga de invierno y la acelga que iban por los laterales. Los varones a todo vapor ya llevaban la mitad del trabajo y llegarían sin duda porque se trataba de un alambre ligero que no exigía lo del alambre de los cuadros. Bernardo, Rosendo y Silvano, experto poceador, bastaban y sobraba para terminarlo ¡Había que ver como hacía un pozo circular sin hacer mucha fuerza y, bueno, con el hacha cómo cortaba los postes mejor que una máquina! Entre chanzas avanzaban aunque eran muy serios los tres y la chanza era más bien la ironía con la cual expresaban sus pensamientos de cuando en cuando. Sus almas eran hechura del sosiego de estos campos, de la dignidad de los caballos que montaban y criaban, del buen ejemplo que les había dado Tobías y sobre todo del azul penetrante de las eternas sierras que resplandecen sin escatimar coloridos matices y formas. Y de noche la vía láctea, cuando no hay luna que avance con sus ensoñaciones por las ramas de los talas y algarrobos y por los alambrados. Las disonancias en sus vidas consistían en lo que a música hace, en los mugidos de los vacunos, la protesta de los toros, el cacareo de los gallos, la amenaza de las catas sobre el maizal, la monotonía del crespín, del carpintero…
/Porque en lo que hace a las guitarras las había, por herencia española, buenas y acompañadas por algún virtuoso bandoneón a piano, eran en algún casamiento un “regalo el oílle y el escuchalle”. Y cuando algún gaucho solitario con guitarra pasaba por los lugares podemos imaginar que esto era para estas gentes como un concertista en el mejor de los teatros del mundo donde entre galerías y paraísos atestadas de adictos las gentes se apiñaban (“si es tan chico este corral porque meten tanta oveja” decía Anastasio el pollo). En cambio aquí en la pobreza, debajo de algún algarrobo abuelo, al aire encendido por los rayos del sol poniente, acaso se arrimaran algunos paisanos del lugar. La música no era algo diario ni semanal ni aún mensual. Por eso se valoraba la ocasión.
/Por fin llegó entonces el sol a hundirse en las sierras chicas y terminaron con gran esperanza el día de la cooperativa. Todo quedó consignado en libro de actas, el cual quedaría para ejemplo de las generaciones que podrían ver cómo el hablar de los hombres puede llegar a ser obra: ESTOTE FACTORES VERBI ET NON AUDITORES TANTUM.
/ Alegría sobre alegría en la serenidad, los esposos se redujeron a su hogar donde les esperaba el pucherito que Flora había puesto en un recreo en la cocina a fuego lento. Toda la rutina del camino fue cumplida, de un camino despejado de vicios que se adquieren cuando no se trabaja el alma como se hace con la huerta: dando vuelta la tierra, desmenuzando cascotes, rastrillando hasta hacerlos polvo, abonarla, regarla finamente. Entonces, sí, da un aroma bendito y puede recibir la semilla para dar noventa, sesenta o treinta de fruto.
/ Y al otro día el gozo de la misa porque sería domingo, el día del Señor.
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