martes, 1 de mayo de 2012
EL MÁS ACÁ DE LAS SIERRAS
Las sierras mediterráneas dan motivo para que se radiquen escritores, músicos y pintores, sea por motivos de salud sea buscando un esplendido aislamiento. No fue la excepción en este caso: la Providencia hizo que se reunieran el cura alemán, el eremita catalán (causa de que vinieran los recién casados, personajes de esta historia sin historia) y otros personajes que iremos presentando por turno.
Toca hablar del médico que había venido del otro lado de la sierra a este valle que mira con privilegio, sin obstáculos, la puesta del sol, artista sublime en sus postrimerías porque recién en su caída es que escribe obras sublimes, como La Odisea, Edipo, La Eneida, el Quijote se han escrito cerca del ocaso.
Nuestro médico si no había sido discípulo de Quirón ni de Esculapio lo fue de dos de los que llaman celebridades en una época brillante de la medicina del país. Y se radicó en nuestro pueblo con ese tesoro y su amor al estudio teórico que es fundamento de la praxis. Es decir que por estar en un pequeño pueblo no solo no dejó de estudiar sino que la soledad y los pocos pacientes que recibía en comparación de la gran ciudad le dejaban tiempo y espacio para su pasión: el saber. Y digo espacio porque era gran caminador y amante de la biología y la botánica y tenía en la sierra una fuente caudalosa de la vida en estado originario con cincuenta especies de hierbas aromáticas algunas de las cuales eran objeto de negocio para los acopiadores y trabajo para los lugareños.
A pesar de su formación científica –y esto podría explicar por qué había salido de los centros- no era ni anticlerical ni había perdido la fe de sus padres como iba siendo común desde la ilustración, el positivismo y todos los movimientos sucesivos que dejaron a los padres con gran pompa pero les sucedió lo inverso que a Saúl: los científicos hodiernos fueron en busca de un reino y obtienen más y más los asnos perdidos de Saúl, como graciosamente escribió Ortega y Gasset.
El “sí” y el “no” al denominado “progreso” los manejaba este amante del conocimiento científico con exactitud, ya que era ésta su característica. No era como aquel torero que se había bebido una botella de aguardiente y veía dos toros, toreando así al toro que no era y corneado por el toro que era.
A su juicio los ligeros vanguardismos que fueron surgiendo con alarde de victoria y gran desenvoltura eran como aquellos saltadores que se arrojan a la pileta haciendo piruetas y se encuentran con poca agua, dejando la dentadura en el fondo.
Coincidente con su sentido del habitar y sin exagerar en el estudio –cosa que hacen los hombres que han perdido el sentido del misterio y por su fe en la técnica su aptitud para él avanzando en aquel pecado llamado “curiositas”- pasaba algunas de sus horas en el profundo oficio de la carpintería, lo cual lo hacía más cercano a su esposa, ya que el artesano está donde obra y el científico vive encerrado en el laboratorio y acaba en obsesiones o simplemente se empobrece como hombre cuya esencia es integral, y el fundamento donde reposa lo accidental es ser primeramente “hombre”.
Creía que los especialistas en su profesión eran pocos y los demás estaban cautivos de la vanagloria, cosa que confirmaba al escuchar ese curso viviente, que era el cura Mateo, el cual sin omisión pasaba en sus generosas exposiciones por cada una de las virtudes y sus partes viniendo desde el ser de Dios y desde la Trinidad de personas pasando por la creación y no se detenía cuando la ciencia sagrada se concluía con los sacramentos y los “novísimos”. Tenía una versión abreviada según lo pedían las circunstancias. Con todo en ese pueblo había una riqueza fundamental: el tiempo.
He aquí que estos hombres sintonizaron inmediatamente entre sí, no sólo por los oficios complementarios (médico de almas y médico de cuerpos) sino más aún por el amor a la pura sabiduría que hallaban en la Serenidad, surgida de estas sierras y el valle que encerraban. Habían llegado a ser personas, es decir: hombres más acá de la superstición mundana de las cosas. Y las personas, solas, ellas mismas dicen cercanía como la gravitación avanza hacia el centro si no encuentra obstáculos ¡Cosas, estructuras, sistemas, organizaciones eran para ellos tan útiles cuanto sepultaban lo originario que reside en la persona!
Una es la creatividad dentro del sistema social o cultural –como era el caso de las vanguardias revolucionarias- que vienen avanzando por una se dicente evolución y otra, muy distinta, la creación originaria de la persona, no buscada como un “yo soy creador” sino como” Él crea en mí”, puesto que la persona es la primera y absoluta creación: lo demás es cuestión de detalle.
Ellos habitaban ante este horizonte del dejar ser al ser: uno en la medicina bien diagnosticada, dejando a la naturaleza que reaccione y a la psiquis que no interfiera, el otro permitiendo que el alma en el orden de las virtudes (muy conocidas por los antiguos) más la gracia dejen mostrarse a la imagen y semejanza en la Caritas del Padre en el Hijo y ambos realizaban su misión: delante de estas sierras.
El doctor Carlos Boniface (así se llamaba el médico), de padre francés tenía la mejor bondad que es la de la inteligencia de la verdad y si por su padre heredó la exactitud científica ilustrada, por su madre una firme vocación de belleza.
Quienes se han independizado de la estructura social y su psicología sienten la medida de aquella belleza revelada por Diótima de Mantinea cuya única exigencia es la pureza. Así tras Erixímaco y Aristófanes (cosmólogos y hombres de mundo) Sócrates narró el diálogo con la sacerdotisa, acerca de lo que está más allá de la esencia: la belleza, lo divino en la unicidad de su forma, el poder ver lo bello mismo divino de esencia única. Y este médico había leído a Joseph Moreau en francés y en eso era paralelo con el cura: por el otro Joseph, Scheeben. Con la Construccion de l’idealisme platonicienne tenía el médico para toda su vida en lo que hace a lecturas filosóficas.
Es notable la influencia decisiva que tienen ciertos libros de encontrar lectores, quienes se harán devotos de “ese libro” para toda la vida.
Esto sin duda da aliento a esta novela que busca a su único y personal lector a quien está destinada en el universo inconmensurable.
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algunos errorcitos prima facie:dice que el cura en sus exposciones sitemáticas "NO SE DETENÍA SINO CUANDO SE CONCLUÍA EN LA TERCERA PARTE DEL SISTEMA TOMÁSICO CON LOS SACRAMENTOS Y LOS NOVÍSIMOS" Es decir con el los medios y el fin de la vida eterna. La oración que viene a continuación no parece tener sentido.
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