sábado, 26 de mayo de 2012

SOBREMESA FRUCTUOSA

/Mateo dijo entonces en la sobremesa: / “El domingo es el día del Señor y solamente suyo. El hecho de que los judíos hayan murmurado porque Jesús curara en sábado no le quita ni una “i” al día del Señor, precedido por la ley y los profetas. He aquí que el mundo se fue yendo para otro lado y santificó otras fiestas, que concluyeron con hacerse imprescindibles y Dios sabe en que concluirán, sin Dios como objeto. /Es cierto que el culto termina en formalismo cuando pierde Dios su implicancia en el espíritu, cuando deja de ser mi propio contenido. Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí, aseguraba San Pablo donde la Iglesia aparece, se concibe y se transforma en sacramento vivo, es decir en realidad operante. / El domingo es el día, el día séptimo de la creación que incluye el devenir de los seis días como resultado y es la eternidad bienaventurada. Por eso cada domingo recapitula litúrgicamente las misas semanales, lo cual a su vez es signo de la gran semana que confluye en la Pascua de Resurrección. Todo el año litúrgico con sus témporas constituye el tiempo sagrado que va de la Navidad a la Pascua, la cual abre el paso a la eternidad bienaventurada donde concluyen las condiciones actuales derivadas del pecado el cual continúa operante en el mundo de los hombres. /La pascua proyecta en el tiempo Pascual las consecuencias del ingreso en el cielo del hombre Dios y produce la venida del Espíritu Santo, que implica la plenitud de Dios en la creación. Con la promesa cumplida y consumada el tiempo alcanza su plenitud y al revelarse la vida ad intra de Dios se nos hace partícipes de ella. Y así misa tras misa el tiempo litúrgico vuelve a su comienzo en la Navidad a través de lo que se llama tiempo ordinario y día tras día de la semana se vuelve al dulce domingo, signo de la pascua”. /Así concluyó Mateo con su discurso pues siempre tenía llena su alma de lo que hacía y de ello hablaba habitualmente porque de la abundancia del corazón habla la boca. / “Dices bien Mateo” contestó Tobías, no es arbitraria la numeración de los días y su vuelta en la semana: suele explicarse todo por costumbre cultural, como si lo que hacen los hombres fuera meramente cosa propia”. / “El siete es un número que expresa plenitud: los dones son siete como las bienaventuranzas y los sacramentos. San Agustín les acopla las tres virtudes cardinales y las cuatro cardinales en el Sermón del Señor en el Monte. Y es un número sagrado porque el candelabro del tabernáculo tenía siete brazos de donde colgaban las siete lámparas. Era de oro puro y constaba de una base y un tallo vertical del cual derivaban tres brazos a cada lado, paralelos, sobre un mismo plano que formaban un semicírculo. El sacerdote con tenacillas de oro echaba los desechos de las lámparas en unos vasos de oro, mañana y tarde, según los preceptos que dio Moisés en el desierto”, agregó Mateo. / “Es así que el oro que hay en nuestros altares no procede de ostentación ni avaricia sino del Antiguo Testamento” dijo Florencio admirado. Y el mallorquín obsesionado con el tema usual del análisis moderno, la cultura, dijo: “Dios se dirigió a Abraham con una promesa, a Moisés con la ley y se definió a sí mismo con el YO SOY. Habla y no hay más que decir sino escuchar y atesorar su palabra sustancial. Y quien tenga oídos para oír que oiga”. /Mientras tanto Flora con la cocinera del cura, con la cual había hecho buenas migas, vinieron trayendo el mate, la pava y las hierbas aromáticas nacidas en el suelo bendito de las sierras. / El momento era de plena intimidad y los integrantes se hallaban traspasados, más que por el agrado, por el gozo de la verdad que de la caridad procede: había un no sé qué en esa sala frente a las sierras que se sentía con agradecimiento. La fe como sustancia estaba debajo como fundamento y debe ser subrayada para comprender lo que iban experimentando desde su llegada los recién casados: un gozo que se explica por la disposición de recibir lo que Dios ha dado y regala a quien lo quiera ya que por ello su reino se acercó en la plenitud de los tiempos. Dentro de esta “gracia divulgada” nuestros jóvenes sentían lo cotidiano como un paraíso, a la manera del hermano del staretz de los Hermanos Karamazov. /Entonces la conversación giró en torno del médico y su peculiar posición, junto a la del extravagante profesor de literatura que habitaban en ese pueblo por aquel consejo del célebre autor anterior al siglo de oro español que escribió aquel libro liminar: “Menosprecio de corte y alabanza de aldea”: “Oh bendita tú aldea do la casa des más ancha, la gente más sincera, el aire más limpio, el sol más claro, el suelo más enjuto, la plaza más desembarazada, la república con menor rencilla”. /El cura los mencionó porque eventualmente podían visitarlo ya que se sentían libres y con la confianza de hacerlo dentro de esa privacidad que habían elegido para sus vidas, que los volvía hombres celosos de su intimidad, la cual los ocupaba casi totalmente fuera de sus oficios de servicio. Pero la amistad es una necesidad perentoria aún para el solitario y para el misántropo que si se le da calor, nuevamente, sin sentirlo se va acercando porque está con su persona a flor de piel. Y persona exige personas. Eso había logrado el cura. /Por cierto se cumplió la expectativa y sonando la puerta la cocinera vino con el médico del pueblo quien no carecía de gran curiosidad por conocer a los recién venidos, de quienes, por otra parte había de ser médico, para beneficio de ellos, ya que era un gran estudioso y diligente sanador. Fue presentado por el cura a los jóvenes e inmediatamente ellos quedaron prendados de su personalidad de científico y artesano. Y él los rodeó de preguntas acerca del mediterráneo y de sus experiencias en aquellas célebres ciudades. Después volviéndose a Tobías lo reconvino por su pereza para venir a consulta: “Voy a tener que visitarlo yo”, dijo el médico “Pues bien lo espero en mi ermita, pero para estar” le respondió , “yo vendré a su consultorio para lo otro”. Y quedaron concertados para la consulta. Hacía una década que lo atendía y el médico lo venía llevando muy bien. /Reencendidas las vueltas del mate el cura le fue tocando todos sus asuntos preferidos para que los jóvenes lo conocieran y conocieran el pueblo cuyos habitantes eran más conocidos por el médico que por nadie: “Aquí los hogares son sencillos y podían vivir una vida desahogada por la carencia de gastos ya que cada uno tiene su horno de pan, su chacrita, muchos tienen telar, algunos hilan su lana serrana y todos aprovechan desde antaño la fruta producida por los frutales en clima privilegiado ¿Diversiones? Las pocas que pueden procurarse en lugares semejantes pero que tienen mucha cercanía y ocasiones de compartir cosechas y tareas. Como en todos lados está la peligrosa taberna que aquí es un almacén tipo pulpería. Pero no es algo constitutivo. Algunas carreras cuadreras, asados para el primero de mayo, locros en el veinticinco, casamientos y baile de carnaval. En cuanto al fútbol se puede decir que cada vez gana más adeptos en la juventud pero es algo por ahora extraño a su idiosincracia el así llamado “club”. Por estas zonas ha dejado una honda huella el ejemplo del cura Brochero en los paisanos que concurrían a los célebres retiros y una tradición gaucha se deja sentir. La tradición en general ha aportado hasta ahora gran estabilidad. Fíjense que según estudios de un historiador local en un período de setenta años hubo en las parroquias vecinas nada más que siete hijos naturales. No hay educación muy extendida pero tampoco hay lo que ésta trae consigo en la complejidad social: pérdida de las normas morales implícitas en la tradición y necesidad del pensamiento que las conciba que se llama filosofía. Es paradógico el progreso que aporta medios y no colabora a la adquisición de las virtudes que vuelven espiritual al hombre. Esto todavía está casi muerto al así llamado progreso pero eso solamente es cuestión de tiempo. Nosotros claro está traemos la ciencia y su aplicación pero hay algo “podrido en Dinamarca” que parece incontenible o imposible de conducir hacia el fin último de lo humano y que lo trasciende”. Con esto se presentó este hombre que había dejado la gran ciudad donde la ciencia rebosaba y se había incluido en el misterio de la mansedumbre de estas sierras para ser él mismo y hacer sus cosas. /Entonces fue el momento para que Florencio le contara acerca de su cooperativa como medio educativo desde el trabajo y esto lo maravilló: no es para menos porque es el medio más concreto de educación y promoción humana, es una aplicación filosófica y si se quiere platónica. De ello hablo abundantemente el joven catalán que estaba feliz de poder realizar lo que amaba en el pensamiento puro. ¡Sí que el médico se entusiasmó con ese camino ya emprendido! Prometió colaborar en él de algún modo viendo en ello una solución a la aporía que había planteado poco ha. /En esa atmósfera se regocijaba Mateo, se alegraba Tobías, se emocionaba Flora y el domingo iba cobrando una densidad inusitada. Repercutía otra vez aquello de la epístola de Santiago: Estote factores Verbi… /La reunión sin embargo debía concluir porque el día de invierno era corto y los habitantes de la “Bendición” debían retornar a sus moradas antes de que las sombras avanzaran por los caminos. Ellos como sabemos, obedeciendo a la noche, tenían obligación con el hogar y su enjundía y ya ansiaban estar en su armonía, nunca debidamente descrita y enteramente experimentada. Es así que se despidieron con pena y emprendieron la marcha con alegría. Muy poco le faltaba al sol para sumergirse en la sierra chica y mientras se abrasaban las sierras grandes fronteras, que ahora tenían a la espalda, el Ford en suave sinfonía mecánica, cuidada por el especialista en motores del pueblo, hombre alto y taciturno, se deslizó camino abajo. Cuando dejando atrás tranqueras, molinos, mugidos y montecitos de algarrobos llegaron a abrir la tranquera principal de la Bendición vieron con agrado el humo de las casas como el de dos embarcaciones que en el puerto los aguardaban para la partida a navegar por el océano del ser mencionado por Dante.

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