lunes, 29 de octubre de 2012

LOS FIELES EN LO POCO

Desde arriba de la loma que no era alta pero suficiente para servir de barrera por el sur oeste a la casa se veía todo el llano con el monte y la totalidad de las sierras. Los esposos recién estaban aprovechando las posibilidades de su lugar que había de ser objeto de alabanza y admiración sin término.
 Puede haber una situación sin variación en algunas épocas de la historia y quizá también de la prehistoria que se dan por el aislamiento y  la suerte, que algunos llamamos providencia. Las cosas de Dios si fueran comprensibles no provendrían de Él.
Ellos, como hemos dicho, se aprestaban a vivir allí siempre y de la misma manera. Sabemos que esto no implica la monotonía de la igualdad o la vaciedad de una tautología. Y nosotros, con  riesgo, queremos ver adonde para tanta mismidad. El hecho es que el subir a la loma siempre les parecerá mágico a lo largo de su vida, la cual no será vista nunca como una sucesión (que al cabo de allí procede la igualdad) sino como un crecimiento hacia el origen. Y cada primavera será la primera con sus brotes que si bien son explicados por las ciencias biológicas ahora con precisión nunca dejarán de ser algo divino como lo sintieron los amigos de la belleza pura en Jonia, amistad que culminó en la ENTELEQUIA, en la perfección del fin, en vista del cual todo ha sido hecho  y es el SKOPOS de la entera PHYSIS.
Flora y Florencio sin duda se sumergieron en una soledad apacible pero no sin compañía, a la cual le fueron dando el aliento de su pureza creciente en la comprensión del fin que rige la naturaleza entera y ellos mismos con la ayuda de la gracia haciéndose templos del Espíritu Santo, cosa que no debería ser excepcional pero que dadas las circunstancias de esta edad del mundo lo es.
Nosotros los seguimos pues hasta su hogar y sus tareas internas que eran para ellos la quintaesencia de la realidad en la cual se encuentran los hombres y que ellos agradecían  hora tras hora. El haberse casado y llegar del desayuno al almuerzo y desde allí a la cena lo veían y sentían como el mismo paraíso ya que no sólo no esperaban otra cosa sino que les parecía increíble que ellos fueran los artífices de su propio hogar, donde suele decirse que debajo de mi manto al rey mato. Uno allí es rey y cuando se tuvo la dicha de haber recibido el don que recibieron de su tío se dio una condición fundamental de aquello que algunos hombres tuvieron antes de la historia en la soledad del aislamiento entre montañas, otros en la historia eludiendo la opresión de la misma y otros quizá tendrán en el futuro de modos ahora impensables.
El hecho de no tener ocasión de divertirse, de salir o tener variadas expectativas aseguraba este gozo simple en un espacio de absoluta libertad que puede antojársele a muchos como prisión ¡Y de hecho las gentes de la ciudades modernas lo dicen!
Para ellos el cielo puro y absoluto se hará una necesidad total, junto al árbol, la sierra, y todas las criaturas que acompañan con su diario regocijo este escenario natural. Ellos no pensaban en futuro alguno, sino que,despegados de los hombres de las ciudades, se posesionaron de ese presente y nunca más lo soltaron.
Así ese almuerzo que les tocaba aquel día era “todos los almuerzos de su vida”: con un mismo hilo se tejía el tapiz de sus vidas como los versos de un mismo poema. Si eran fieles en lo poco pasarían al gozo de su Señor, que todavía ojo no vio ni oído oyó.
Y Flora le hizo aquel arroz siempre esperado y muchísimas veces comido con devoción en la cocina donde la vida se hacia verderamente vida.

martes, 23 de octubre de 2012

VIDA MÁS VIDA

Ahora las tardes de primavera obligaban a los esposos a caminar entre los almendros, ciruelos, duraznos y damascos en flor para no perderse lo efímero de su manifestación que es una clara alabanza de la gloria ¿O puede ser simple biología funcional? ¿Cantan los pájaros para cosas específicas? Sin duda lo harán pero, como dice don Quijote a los barberos del mundo: ¡cuan ciego es quien no ve por tela de cedazo! Sin duda tendrá barbada el alma quien no perciba el plus de vida que explota en un huerto semejante.
Los esposos revisaban su huerto donde ya había algunos frutales grandes y tocaban, como quien palmea a los jovencitos que tienen algún éxito en el deporte, a los que ellos habían puesto.
Se formaba ahora un bosquecillo al pie de la loma, detrás de la casa donde se elevaban también unos pinitos alepensis protectores de hongos. La acequia pasaba rumorosa por el borde y debajo por el costado de la casa comenzaba la huerta y más allá, a los cien metros, porque era larga, los cercos de alambre tejido del gallinero, las conejeras, los chiqueros y la lagunita donde se estiraban los patos y un cisne que trajeron de repente no sé sabe de donde. Había pavos, gallinas y también hermosos patos. Ya todo esto estaba a unos trecientos metros hacia debajo de la casa y del otro lado de la lagunita estaba la casa de Amelia y Bernardo con los niños Mónica y Daniel que esperaban un hermanito.
En verdad es que había mucho trabajo y esto se daba entre medio de muchos animalitos. Ahora todo ordenado bajo la figura de la Cooperativa que con tanto ímpetu juvenil creara Florencio.
Había mucho que hacer pero todo era gozoso. Dar de comer a los chanchos siempre ha sido agradable y aún gracioso. Lo mismo a las gallinas a lo cual se le suma la junta de huevos y la aparición de pollitos. Los vistosos pavos son aún más graciosos. Los conejos son naturalmente amados por los niños. Pero esto no era un criadero: simplemente debía abastecer modestamente a tres familias y con lo que sobrara: ¡trueque! Por ejemplo el almacenero era interesado siempre en los huevos. Ya Florencio acariciaba la posibilidad de los dulces y otros envasados como los tomates que darían ocasión de lo mismo. No eran pocos los frutos que darían los mencionados frutales sumados a las higueras que ya existían que requerían sólo azúcar proveniente de la compra o bien del trueque, porque le leña de las cocinas salía del generoso monte. Pero había que trabajar. De hecho Bernardo cuando no vigilaba a los animales juntaba leña y después en el verano, azadón en mano, sacaba yuyos sin cesar. Creo cansar con la repetición de un concepto: es un trabajo ennoblecedor y lo sabe quien lo ha probado. Sin mencionar el empleo del caballo que es noble por esencia. Ellos usaban un carro jardinero para ir a pueblo y daba envidia verlos cuando los cuatro se subían con sus canastas y partían enganchando dos yeguas por el camino hacia la tranquera. El trote de los caballos ya es como el avanzar de los compases en una sinfonía. Ya hemos dicho que el campo se venía encima en el viaje y sobre todo ahora que había llovido. Los aromas de los chañares y las breas formaban una atmósfera espesa que el vehículo parecía desenmarañar y las sierras atraían, llamaban y absorbían a quienes cabalgaban o desembarazados eran llevados por crujiente carro hacia ellas
¡Nunca dejaron de sentir tal hechizo al hacerlo Florencia y Flora en cincuenta años! Y en las primaveras y veranos usaban la misma jardinera, luego en años sucesivos, ya cargada con los productos de la huerta que hemos mencionado.
La vida, como el poder, busca crecer mas ella es dulce y siempre produce más vida.     

viernes, 19 de octubre de 2012

LA IAMGEN DE LO ETERNO

Amaneció totalmente despejado como es regla de este valle mediterráneo y entonces las sierras emergían como un sueño, el de Dios, que es pura realidad para nosotros. Se levantaron Tobías y el sacerdote, se despejaron y rezaron laudes. Entonces el cura se despidió de su amigo y llegó caminando a través del sendero a la casa de Florencio y Flora a quienes encontró desayunando. Sí que los zorzales y jilgueros le habían dado en su asoentre los árboles del monte una función coral desbordante. Él tomó una taza de té mientras esperaba que apareciera el taxi del pueblo. Desde allí se veía la tranquera. La mañana era resplandeciente. El cura lleno de pasión divina les dijo:
"Cada día que comienza es como la historia de la creación: tiene un origen, un desarrollo y un fin. Hemos sido creados por Él, en Él y para Él y mirando esto hemos de vivirlo porque sólo así viviremos plenamente en la realidad. Sé que el mundo parcialmente ha olvidado esto y meramente "vive". Otros sienten el sinsentido de la vida y algunos la declaran irreal. Estos últimos tienen una mitad de razón: la declaran ilusión y se precipitan en el vacío que presienten detrás de todo. Aquellos se aferran a la realidad de las cosas tienen otra mitad de razón y van resbalando hacia el vacío. Es cierto que no es fácil y, menos ahra, dadas las circunstancias empujadas por quien nos dijo: "seréis como Dios conocedores del bien y del mal".
En cada día late esta historia. Nos esforzaremos hoy para ser aquello que San Pablo expresó gloriosamente en su himno a los Efesios: Hemos sido hechos antes de la constitución del cosmos para ser santos e inmaculados ante  su presencia en el amor". Y dicho esto rezaron este himno completo que llena las vidas del entusiasmo de hijos de Dios a quienes esperan verlo cara a cara como fin y consumación de sus vidas.
Mientras tanto el auto ya había llegado y esperaba la despedida del cura. Abrazó a sus hijos con ternura y se volvió al pueblo mientras Flora acompañaba a los niños a buscar las lecheras y Florencio se iba a la huerta a trabajar. Con el sol brillaban ya las hojitas de las lechugas, el perejil, las albahacas, las zanahorias, acelgas, espinacas que habían recibido la llovizna pasada como una bendición. Florencio gozoso fue a buscar a Flora que regresaba con su tacho de leche. Y entrada luego ella por los caminos de la huerta daba exclamaciones, admirada ante aquel espectáculo de vida. Estaban en la puerta de la primavera  y la vida natural explotaba. Los canteros eran una obra de arte. Pasaron a ver los brotes de los árboles y pronto estuvieron en el paraíso total: almendros en flor y algunos durazneros vistos con la sierra de telón de fondo.
Sus corazones jóvenes ardían y creían estar alabando la gloria de Dios cuando simplemente estaban en su orden bello, donde ellos habían incidido. Era simplemente "el escabel de sus pies", "lo poco en donde debían ser fieles" Quien ha sido joven y ha visto en una mañana de primavera los almendros delante de las divinas sierra esplendentes asentirá a lo narrado aquí. Era una imagen de la gloria eterna.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Mientras los mayores rezaban ya en la ermita los jóvenes pletóricos se preguntaban qué sería aquello del peligro de perder lo que actualmente los embargaba. Pero como nadie puede vivir lo que no experimenta ellos de momento pensaban en sus plantas y en la población de animales que dependían de ellos, por cierto no sometidos a pecado original alguno, más que el derivado de la enfermedad que azota la creación de los vivientes. Pero nada semejante a la tortuosidad de las almas que se apartan de la gracia por propia voluntad.
Dando vuelta las páginas de esta rara historia nosotros hacemos votos para que nunca se dejen apartar de la gracia dejando flojas las riendas del sacramento de la penitencia para que pueda lucir el sol del pan de vida. Apostamos a ellos para hacer verdadero a quien amamos: el Verbo de la Vida. Tal es nuestra esperanza: que alguien casado realice en el universo lo que tantos santos ya cumplieron.
Nuestros jóvenes ajenos a tamaña responsabilidad simplemente habitaban expandiendo su hogar en medio de la simplicidad de las cosas dadas por Dios en el paraíso. Claro, los embates de los que habla Teresa en su Vida acerca del alma y su enemigo todavía no los habían leído ni menos experimentado. Cómo jóvenes tenían una comprensión estética de la Pasión de Cristo, "ellos se ceñían e iban donde querían". Por fortuna para nosotros, escritores y lectores, quisieron ir a lo que podemos llamar un laboratorio sapiencial: el hogar de Homero, el hogar de Nazaret, el hogar de la naturaleza.
Los seguimos entonces en su enjundia cuando llenos de gozo por haber estado con el cura en su propio hogar (cosa era usual que el sacerdote compartiera con sus fieles momentos y atendiera de cerca a sus ovejas en los tiempos de antaño) y bajo ese amparo se retiraron a su habitación, que como hemos dicho creían que era una barquilla que navega en la profundidad del universo. Les ayudaba el hecho que sacando sus cabezas por su ventana veían el torrente de las estrellas que lo llevaba consigo en la inmensidad impensable. Mérito tenian en pensar que ello eran una estrella más en la cuenta qe ios le presentó a Abraham como parte de su herencia bendita. Saberse bendecidos en sus noches sobre la tierra comenzó a ser cotidiano y materia del Padrenuestro que rezaban despacio y con hambre y sed de justicia. Esa noche no fue la excepción. Creo que eran óptimas sus noches porque se dejaban llevar por las palabras de a promesa y sentrgban en sus manos y buenos sus días en que se ocupaban de las tareas que muchos tendrían por serviles y tediosas.
Pero ellos esperaban las hojas que saldrían de los brotes de sus árboles como un milagro sin par. En esa esperanza se durmieron en la cercanía total de cuerpo y alma. El aroma del campo en su totalidad lo envolvía en entera soledad fecunda.

martes, 16 de octubre de 2012

LA SUBIDA AL MONTE

Los dos amigos en la fe cuya conversación era en los cielos se fueron caminando hacia la ermita y respiraban ese campo fragante y húmedo celebrado por los zorzales. El monte era un tesoro de resonancias que venían de las profundidades soledosas. Es verdad que uno se acostumbra a los ruidos de las ciudades amplficados más y más y no sabría decir qué misterio atrayente puede consistir en aquellas. Es más cuando cae la noche uno se recoge a la luz y a sus actividades que escapan de una concentración en honduras semejantes. El miedo al interior se va acentuando conforme avanzan las posibilidades de información acerca de hechos. Allí adentro nada sucede pero sí acontece algo de lo cual se escapa por indeterminado. Aquello que todos llaman Dios se asoma en esa nada de sucesos y gime una pequeña naturaleza como si correspondiera serenamente y consonante al misterio de su creación. ¿Para qué estamos aquí? Y la serenidad avanza sobre el simple aguardar y nada pasa sino la presencia de lo simple que se hace más y más presente, como si no hubiera un límite dentro del recinto de lo simple.
Los dos amigos avanzaban en silencio dejando que la hondura del monte los cubriera y el concierto del sosiego los aceptara en su sinfonía.
Ellos, claro, tenían a quien agradecerselo. Es en esa interiorización cuando la vocación se deja sentir, lo que Pablo llama PARÁKLESIS. En esa cercanía no se siente una voz externa del misterio oscuro y desconocido sino que se refrescan las palabras íntimas ya pronunciadas y se da el olvido de la múltiple garrulería de la comunicación de los hombres de este mundo que buscan la gloria unos de otros
¿Cuales palabras ya pronunciadas? EL QUE ME AMA ESTARÁ ATENTO  MIS PALABRAS Y YO LO AMARÉ Y ME MANIFESTARÉ A ÉL YO MISMO.
La TERESIS es el estado de alerta que tenían las doncellas con las lámparas de la fe. Ellos dos estaban preparados y se ayudaban mutuamente porque tenían la reserva de aceite. A QUIEN TIENE SE LE DARÁ, decía paradógicamente el Señor. Sus palabras objeto de cuidado celoso bullían más y más en su interior conforme avanzaban atravesando el monte hacia la ermita de Tobías. Tal era la PARAKLESIS, la bienvenida que les daba el Espíritu azuzando en sus almas las palabras del amigo, de aquel que los había amado primero y al cual ellos buscaban corresponder. Esa relación de la caritas unitiva que debía llamarse legítimamente religión en la plenitud de los tiempos. Todo esto, lo que dicen las palabras punzantes de la última cena, se recuerda en el aliento del Espíritu prometido como efectuándose de este modo el olvido del olvido o el recuerdo estremecido de aquel jardín primero, ahora dado en el interior del mundo.
 Él Señor Vivificante argumenta al mundo de pecado, de justicia y juicio y el paraíso se abre realmente en medio y al interior de la persecución periférica del mundo. Le ha sido dado al hombre  así en este maduro paraíso el camino estrecho de la humanización  o beatificación a costa suya, por las gradas de las virtudes bien qué con la ayuda de los dones del Espíritu con el mapa ascensional de las llamadas bienaventuranzas.
Ellos habían pasado  por la puerta angosta del scramento grande de la Iglesia y aspiraban a subir el monte de las bienaventuranzas. Más subian y más aliento henchía sus almas pues más se veía y más se amaba a quien los llamaba desde la altura en una verdadera EKKLESÍA. En esa gozosa cuanto trabajosa subida estaban frente a aquellas delicadas sierras que eran signo visible del monte en cuyas cimas esperaban ir más adentro en la espesura.
Ahora el amigo los esperaba en la ermita donde rezarían una suerte de completas buscando recibir su paz, tesoro que dejó el Hijo en el Espíritu Santo. Respiraron este viento lleno de aromas hasta llegar.

lunes, 15 de octubre de 2012

EL TIEMPO QUE GIRA

El té, una institución para los esposos, la cocina tan alabada por muchos y por menos cada vez habitada, la tarde azul con pinceladas ticianescas en vivo cambio y la conversación de quienes amaban aquello que Dios personalmente les había dado y que ellos apreciaban como el tesoro por el cual todo se vendía, iba a caracterizar la tarde que nunca avanza en vano en aquellos campos. Y no avanzar en vano significa girar en la plenitud circular que alcanza esa plenitud para la cual el futuro es hoy.
Ellos se sentaron como para no levantarse de esa mesa y primero gustaron del té y los panecillos. Pero cuando se hubieron saciado siguió más libre el placer de la conversación, que giró desde el emprendimiento de la granja de Florencio y todas las gozosas perspectivas que él dibujaba con entusiasmo hasta la sustancia del espíritu del cual Mateo se hizo portavoz.
"Miren, decía Florencio, cómo tendremos las legumbres escalonadas, sembrada con luma arriba y luna abajo. Me regocijo pensando en mis acelgas y lechugas y sobre todo en mis zanahorias y remolachas que sacaré en toda su ternura. No cabe en mí el gozo pensando en las chauchas mezcladas en una comida con los huevos y la salsa blanca de nuestra leche ¡Esto es el cielo anticipado! ¿Qué otro objetivo más valioso debe alcanzar un hombre? Y no me quiero imaginar el embasado posterior de los tomates y los espárragos o alcauciles. No puedo imaginar tanta felicidad".
En tanto Florencia se refería a sus arbolitos con sus brotes henchidos como un milagro que nunca hubiera visto: "es que ahora son míos, son hijos y yo los he plantado y regado por mis acequias ¡y hoy se riegan desde el cielo! Los almendros ya florecieron y algunos durzanos", les decía entusiasmada a Mateo y Tobías que se admiraban de su ingenuidad
¿Y cómo estan la yegua con su potrillito? preguntó Tobías
"Muy bien, las atendemos como reinas" contestaba Florencia, "es extraordinario poder participar en algo tan natural e insuflarle espíritu. Es una gracia poder hacerlo ¿Cómo, si no estuviera aquí?".
El entusiasmo de sus hijos espirituales le dio pie a Mateo para decir: "¡Ah hijos míos cómo es verdad que si se quitan los impedimentos el mundo se transforman con la caridad en un paraíso! Así lo dice la célebre novela con el testamento del hermano de Zósimo, el eremita. Es una gracia el verlo pero mayor será el mantenerlo. Para ello, para mantener el gozo y la paz de la caridad hay que no sólo trabajar en las virtudes cardinales sino en mantener la gracia con una prolijidad en el empleo de los sacramentos. Porque casos hay que empezaron muchos en gran abundancia de consuelos espirituales y terminaron como pirámide en punta ¡Cuántos jóvenes poseen el amor y los dones conexos y no se sabe cómo ni cuando los pierden! Y cuantos, no teniendo ni una cosa ni otra llevan la vida en una rutinaria continuidad donde un día es tan mediocre como el otro!  Y sin embargo el cielo y la tierra es el mismo y las estaciones y las semillas. Que los árboles broten y crezcan no parece hacer crecer el alma de nadie. Se ignora o se pierde el sentido del milagro. Hay que considerar aquí el "fuera del paraíso" donde la condición del hombre se vuelve prosaica cuando no amenazada de colapasar. Es cierto lo que sentís, jóvenes míos, acerca de tal maravilla pero no es menos milagroso experimentarla como tal. Dando gracias y protegiendo la gracia se podrá mantener...."
Entonces el paraíso, añadió Tobías, es una labor artesanal es decir espiritual: hay que elaborarla sin falta día a día con la oración, meditación, alabanza, adoración y contemplación que conocieron los padres de la Iglesia. Parece que la vida es algo espontáneo y que va sola."
"Lo que va siendo más y más grave, por lo que se tiene noticia en las grandes ciudades, es el poder omnipresente de la técnica que hechiza a los hombres. Primero la radio y ahora la televisión sustituirán el interior de los hombres amenazando seriamente sus personas. Esto proyectado tiene proporciones incalculables. Pocos podrán sobreponerse a ella", dijo Mateo con aire de gravedad.
"Pero los pocos recibirán de los campos lo que nosotros hoy  tenemos ante las manos", añadió Tobías
"Los medios que Dios nos da en los sacramentos para arrostrar tal inundación utilitaria son para que lo recibamos a Él mismo en la Eucaristía y así se despeje el paraíso mencionado. Venga a nosotros tu reino, decimos, y aquí está. Por eso no habéis de preocuparos por su asistencia pero sí temer el hecho de hay quien quiere arruinar tal habitación de Dios en el misterio", decía Mateo.
"Parece exagerado repetirlo una y otra vez pero sin ejercicio diario de meditación y petición  u oración en tanto elevación de la mente se va borrando del horizonte hijos, lo dice un viejo" añadía amistosamente Tobías.
Ellos hablaban como se habla de política o de deportes o de mecánica con la certeza de cuánto más importante es el alma que las cosas que atañen al hombre en su materialidad. Y los jóvenes eíanen todo esto un camino que estaba lenos de acciones y emprendimientos como los que tenían en marcha y sobre todo vivir creciendo hacia su origen ¿Hacia adónde sino?
La tarde pronto se transformó en noche porque las nubes no cedieron y Mateo reveló la intención e quedarse en la ermita de Tobías en la cual protagonizarían una fiesta de oración, es decir de apertura al cielo, de respiración en el más puro oxígeno. Pero entonces debían comer una comidita liviana, un puchuerito que siempre estaba a mano con la sopa correspondiente en el campo.
Florencia a los postres dio el concierto final al gozoso encuentro: tocó de Nicolás Antoine Lèbegue: Reudi en modo frigio, versillo sobre el Magnificat y Posludium en so mayor. No hay que decircómo sonaba tal sencillez en aquel ambiente de simple intimidad.
El cura los bendijo y se fue con el más viejo a su ermita, remontando el sendero entre espinillos,talas y algarrobos que goteaban trayendo el viento la densidad inaudita de los campos entre algunos balidos del ganado que era vivo y participante de su espíritu. El tiempo había hecho de todo esto un acontecer que se atesoraba para mayor gloria de Dios.

sábado, 13 de octubre de 2012

LLEGÓ LA LLUVIA DE PRIMAVERA

Las horas resbalaban frente a aquellas sierras como las gotas de la lluvia en el ventanal de la cocina de Florencia. Ese día se inauguraron las lluvias, bien que en una medida pequeña. Pero llovió pausadamente, más bien lloviznó durante dos días. La alegría de ellos era enorme. Miraban sus minúsculos despuntes de lechugas y los brotes de los árboles con dulce expectativa. Se iban comunicando los avances en uno u otro cantero. Florencio se levantaba y los revisaba como un oficial a su tropa formada. Estos dos días prometían el surgimiento, la aparición del verdor divino. Todo estaba lleno de dioses a su alrededor. La primavera los encontró como cazadores de la belleza. Ellos habían nacido enfrente del mar mediterráneo y sabían de la Nereidas. Su adolescencia había sido helénica sin duda, vivían a vuelo de pájaro de la Magna Grecia. Mallorca era además como una Grecia y estaban cubiertos y acaparados por Roma, lo cual para muchos era una pesada carga de la historia pero no para ellos, porque no todos somos unos, los que consumen el pan y habitan sobre la tierra ni tampoco los escritores que aceptamos el magisterio de la fe y de ciertos maestros que no admiten comparación.
Las sierras se descubrían por momentos de los grisáceos mantos que caían sobre sus cumbres y laderas y dejaban ver alguna loma latiendo en su intimidad sutil. Los azules se expandían en esa masa gris como surgidos de la paleta de Tiziano. Ellos hacían sus labores desde la gran mesa de la cocina. Florencia ya había tocado el armonio dos veces aquel día ¡Cómo sonaba en ese ámbito! Practicaba música litúrgica de la escuela francesa de los siglos XVI al XVIII. En es momento se hallaba practicando la Pequeña fuga a cuatro voces sobre el himno “Ave Maris Stella” de Jean François Dandrieu. Iba a venir el padre Mateo y le tenía preparada esa sorpresa. En el horno de la cocina económica ya daban olor unos panecillos y unos bizcochos de manteca que servidos con la ricota que se hacía en la Bendición vendrían muy bien a la hora del té.
Florencio estaba enfrascado en un relevamiento de los animales anotados en un cuaderno. En ese momento se vio en la tranquera el auto del taxi del irlandés que traía al cura. Avanzó derramando azules por la atmósfera saturada de humedad ¡Hay que ver la emoción que se tiene en un campo al recibir una visita! Parece que la densidad interior se vaporiza y resuena algo así como lo que verificamos en una pava cuando rompe el hervor. En ese momento comenzó a llover. Las gotas daban en el techo como notas de un clavecín. Las sierras se velaron y en la galería sonó la voz vigorosa del padre. Florencio salió a recibirlo y dejó abierta la puerta.
-Adelante padre, pase confiado a la cocina- dijo estirando su mano abierta.
La respuesta del padre no se hizo esperar mientras lo abrazaba con su rostro que daba hacia adentro: ¿qué escucho y además qué huelo? En efecto habían llegado a sus oídos las notas de la pequeña fuga y a su olfato los panecillos. No se puede recibir un mejor incentivo para entrar en una casa a la hora del té un día de lluvia. Así ingresó para ver por vez primera el armonio de Florencia. ¡Santa María! exclamó admirado y se precipitó para tomar entre sus brazos a su hija predilecta.
Florencia se puso de pie y recibió el saludo de su nuevo padre no sin emoción. “Bienvenido, padre, en buena hora ha llegado” y después se fue a abrir su horno para vigilar el dorado de sus panecillos. El agua estaba colocada y las tazas del té preparadas.
El padre se sentó al armonio y dibujó algunos arpegios que llenaron la casa. Allí se puso a alabar el instrumento y luego ya sentado a la mesa se puso a hablar del canto llano en la Iglesia y de la evolución de la música litúrgica como buen habitante de la ciudad de Colonia. En aquel momento se siente la sacudida de los pies en la galería y aparece Tobías quitándose el gabán y colgándolo en el perchero.
-“Bueno valió la pena mojarse un poco ¡Además los espinillos y talas despedían tal aroma bajo la llovizna benefactora que querría seguir caminando en el monte! Se ve que habéis pescado al pez gordo que bajaba por el torrente serrano” dijo sonriendo y estrechando entre sus brazos al cura.
La vida parece sublimarse en aquellos momentos en que Dios reparte sus dones prometidos. El gusto de la amistad y de la comunión desbordaba en aquella cocina esa tarde del anuncio primaveral. Hay que decir que la lluvia en el campo es una bendición cabal y jamás podría calificarse de mal tiempo como en las ciudades siempre de espaldas a la realidad real.
Las tazas preparadas y la tetera ya llena de agua sobre las hojas del verdadero té inició el encuentro con el descubrimiento de los panecillos dulces que se untaban con ricota fresca. Toda la luz azulada de los campos se entraba en la cocina  resaltando aquellos rostros beatificados por el tiempo pleno. Los jóvenes con su tío paradigmático benefactor y el sacerdote que halló los hijos que con el celibato se había privado. La tarde inusual cubierta de nubarrones que se desgajaban en las sierras y la profundidad espesa del monte los incluía y pacificaba de tal manera que la conversación se encendió animada en la cocina:

lunes, 8 de octubre de 2012

Dos meses y medio y la actividad de Florencio, profesor de ciencias agrarias en la antigua Barcelona, tenía alcanzado un resultado: huerta, plantación de frutales, alfalfar, regadío dependiente de una generosa acequia que pasaba burbujeando desde la sierra. Mucho abono de los corrales y brazos que ejecutaban como artesanos calificados su idea de la granja.
Los animales en el campo eran celosamente vigilados y movidos de un cuadro a otros si faltaba pasto, cosa que ya se experimentaba en la temporada seca y fría. Las vacas con todo estaban sanas en ese clima y podríamos decir que felices en esos montes que las protegían. La cría de ganado no tenía dificultad mayor ya que cuando los terneros se destetaban crecían en los veranos y se vendían en los otoños como invernada. Y eso era todo. Claro está: en el verano había que trabajar por las enfermedades posibles y había que vacunar y marcar. Todo trabajo gozoso.

domingo, 7 de octubre de 2012

FLORENCIA Y LOS ÁRBOLES

La primavera entraba y los árboles estaban listos en sus tazas comunicadas con las acequias. Los árboles del huerto a cargo de la novísima cooperativa de la Bendición trazaban un dibujo estudiado y los inmediatos a su casa estaban a su cuidado junto con las flores elegidas. Nunca  había tenido una tal expectativa ante la llegada de una primavera: esta vezaguardaba que broten centenares de árboles en los cuales había participado tanto en su elección como en su plantación y junto a los cuales había elegido vivir. Esto se denomina habitar o vivir con raíces. Las suyas se expandían  en un ámbito amplio donde había espacio para ser y estar de las personas. Su esposo trabajando a su lado. Los demás unidos en una cooperativa por encima de su condición de empleados. El horizonte de autoabastecimiento que ello implicaba y del crecimiento de un "capital social" como ideal realizado y concreto. La vida latiendo al ritmo de antaño con nueva expansión bajo la verdad de la doctrina de la Iglesia aplicada en esta dimensión en la Encíclica Rerum Novarum y la reciente Quadregessimo Anno. La ayuda inestimable del padre Mateo en la parroquia serrana que los amparó espiritualmente y sacramentalmente...Todas estas cosas y cada una de por sí explican suficientemente el porqué de la bienaventuranza de estos jóvenes que aprovechaban lo que está a la mano en mayor o men or medida de los hombres, comenzando por la clave de todos los elementos necesarios: la fe en los medios de santificación o simplemente de vida, que son los sacramentos por los cuales ha tenido que morir Dios hecho hombre. Quienes no quieran o no puedan ver y experimentar este hecho definitivo en la historia del ser ni comprenderán a Flora y Florencio ni aceptarán la posibilidad de esta vida ideal de cuento de hadas. Porque aquí no hay una quimera, aquí hay una realidad cimentada por dos mil años (por no dcir cuatro mil empezando en Abraham) en la Encarnación de Dios habitando treinta años en Nazaret que desde su paz hogareña y trabajadora aguardó el momento de ser levantado en la cruz para que nadie pudiera ignorar su Pascua.
Así fue recibida por los esposos que aguardaban ansiosamente el brote que ya se insinuaba en los árboles de su granja.