domingo, 7 de octubre de 2012

FLORENCIA Y LOS ÁRBOLES

La primavera entraba y los árboles estaban listos en sus tazas comunicadas con las acequias. Los árboles del huerto a cargo de la novísima cooperativa de la Bendición trazaban un dibujo estudiado y los inmediatos a su casa estaban a su cuidado junto con las flores elegidas. Nunca  había tenido una tal expectativa ante la llegada de una primavera: esta vezaguardaba que broten centenares de árboles en los cuales había participado tanto en su elección como en su plantación y junto a los cuales había elegido vivir. Esto se denomina habitar o vivir con raíces. Las suyas se expandían  en un ámbito amplio donde había espacio para ser y estar de las personas. Su esposo trabajando a su lado. Los demás unidos en una cooperativa por encima de su condición de empleados. El horizonte de autoabastecimiento que ello implicaba y del crecimiento de un "capital social" como ideal realizado y concreto. La vida latiendo al ritmo de antaño con nueva expansión bajo la verdad de la doctrina de la Iglesia aplicada en esta dimensión en la Encíclica Rerum Novarum y la reciente Quadregessimo Anno. La ayuda inestimable del padre Mateo en la parroquia serrana que los amparó espiritualmente y sacramentalmente...Todas estas cosas y cada una de por sí explican suficientemente el porqué de la bienaventuranza de estos jóvenes que aprovechaban lo que está a la mano en mayor o men or medida de los hombres, comenzando por la clave de todos los elementos necesarios: la fe en los medios de santificación o simplemente de vida, que son los sacramentos por los cuales ha tenido que morir Dios hecho hombre. Quienes no quieran o no puedan ver y experimentar este hecho definitivo en la historia del ser ni comprenderán a Flora y Florencio ni aceptarán la posibilidad de esta vida ideal de cuento de hadas. Porque aquí no hay una quimera, aquí hay una realidad cimentada por dos mil años (por no dcir cuatro mil empezando en Abraham) en la Encarnación de Dios habitando treinta años en Nazaret que desde su paz hogareña y trabajadora aguardó el momento de ser levantado en la cruz para que nadie pudiera ignorar su Pascua.
Así fue recibida por los esposos que aguardaban ansiosamente el brote que ya se insinuaba en los árboles de su granja.

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