miércoles, 17 de octubre de 2012

Mientras los mayores rezaban ya en la ermita los jóvenes pletóricos se preguntaban qué sería aquello del peligro de perder lo que actualmente los embargaba. Pero como nadie puede vivir lo que no experimenta ellos de momento pensaban en sus plantas y en la población de animales que dependían de ellos, por cierto no sometidos a pecado original alguno, más que el derivado de la enfermedad que azota la creación de los vivientes. Pero nada semejante a la tortuosidad de las almas que se apartan de la gracia por propia voluntad.
Dando vuelta las páginas de esta rara historia nosotros hacemos votos para que nunca se dejen apartar de la gracia dejando flojas las riendas del sacramento de la penitencia para que pueda lucir el sol del pan de vida. Apostamos a ellos para hacer verdadero a quien amamos: el Verbo de la Vida. Tal es nuestra esperanza: que alguien casado realice en el universo lo que tantos santos ya cumplieron.
Nuestros jóvenes ajenos a tamaña responsabilidad simplemente habitaban expandiendo su hogar en medio de la simplicidad de las cosas dadas por Dios en el paraíso. Claro, los embates de los que habla Teresa en su Vida acerca del alma y su enemigo todavía no los habían leído ni menos experimentado. Cómo jóvenes tenían una comprensión estética de la Pasión de Cristo, "ellos se ceñían e iban donde querían". Por fortuna para nosotros, escritores y lectores, quisieron ir a lo que podemos llamar un laboratorio sapiencial: el hogar de Homero, el hogar de Nazaret, el hogar de la naturaleza.
Los seguimos entonces en su enjundia cuando llenos de gozo por haber estado con el cura en su propio hogar (cosa era usual que el sacerdote compartiera con sus fieles momentos y atendiera de cerca a sus ovejas en los tiempos de antaño) y bajo ese amparo se retiraron a su habitación, que como hemos dicho creían que era una barquilla que navega en la profundidad del universo. Les ayudaba el hecho que sacando sus cabezas por su ventana veían el torrente de las estrellas que lo llevaba consigo en la inmensidad impensable. Mérito tenian en pensar que ello eran una estrella más en la cuenta qe ios le presentó a Abraham como parte de su herencia bendita. Saberse bendecidos en sus noches sobre la tierra comenzó a ser cotidiano y materia del Padrenuestro que rezaban despacio y con hambre y sed de justicia. Esa noche no fue la excepción. Creo que eran óptimas sus noches porque se dejaban llevar por las palabras de a promesa y sentrgban en sus manos y buenos sus días en que se ocupaban de las tareas que muchos tendrían por serviles y tediosas.
Pero ellos esperaban las hojas que saldrían de los brotes de sus árboles como un milagro sin par. En esa esperanza se durmieron en la cercanía total de cuerpo y alma. El aroma del campo en su totalidad lo envolvía en entera soledad fecunda.

2 comentarios:

  1. ERRATAS:POR LAS PALABRAS DE LA PROMESA Y SE ENTREGABAN EN SUS MANOS Y ERAN BUENOS SUS DÍAS PORQUE SE OCUPABAN DE LAS TAREAS.
    Mas arriba: Mérito tenían en pensar que ellos eran una estrella más en la cuenta que Dios le presentó a Abraham como parte de su herencia de bendición.

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