Dos meses y medio y la actividad de Florencio, profesor de ciencias agrarias en la antigua Barcelona, tenía alcanzado un resultado: huerta, plantación de frutales, alfalfar, regadío dependiente de una generosa acequia que pasaba burbujeando desde la sierra. Mucho abono de los corrales y brazos que ejecutaban como artesanos calificados su idea de la granja.
Los animales en el campo eran celosamente vigilados y movidos de un cuadro a otros si faltaba pasto, cosa que ya se experimentaba en la temporada seca y fría. Las vacas con todo estaban sanas en ese clima y podríamos decir que felices en esos montes que las protegían. La cría de ganado no tenía dificultad mayor ya que cuando los terneros se destetaban crecían en los veranos y se vendían en los otoños como invernada. Y eso era todo. Claro está: en el verano había que trabajar por las enfermedades posibles y había que vacunar y marcar. Todo trabajo gozoso.
Los animales en el campo eran celosamente vigilados y movidos de un cuadro a otros si faltaba pasto, cosa que ya se experimentaba en la temporada seca y fría. Las vacas con todo estaban sanas en ese clima y podríamos decir que felices en esos montes que las protegían. La cría de ganado no tenía dificultad mayor ya que cuando los terneros se destetaban crecían en los veranos y se vendían en los otoños como invernada. Y eso era todo. Claro está: en el verano había que trabajar por las enfermedades posibles y había que vacunar y marcar. Todo trabajo gozoso.
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