domingo, 14 de julio de 2013

CERCANÍA PERFECTA

"¡Que cosa amigo que puedas ver el camino del campo, tú en Friburgo y yo en el mismo campo! Por lo que a nosotros hace querido compañero la luz del claro da sobre nuestra casita tal como la dibujábamos cuando éramos niños. Parece que tuvimos la dichosa ventura de vivir en un cuento. Primero cuando éramos niños y te conocí en nuestro barrio natal. Tú con tus padres, hermanos y tías. Yo lo mismo. Las navidades plenas de ellos en tu casa y en la mía. Pura luz no sé si era para nosotros o todas la gozaban. Muy simple luz. Los juegos, luego nuestros campamentos a la montaña, nuestros maestros humanistas, luego esos viajes de estudio por el mar de Homero...
Yo vi esa luz en unos ojos un día y con la dote del ermitaño americano llegué a un espacio amplio y despejado donde no veo meramente como allá las montañas: se me vienen encima ellas mismas y me envuelven en medio de mis trabajos sobre mi alazán, en la huerta, en la galería de mi casa, en las noches cuando salgo a poner leña en el calefón, en este mi primer verano cuando bajo las estrellas forman un muro de indecible vida concentrada. Y me quedo ensimismado al verlas en cada ocasión que abro los ojos.
Ahora tú con tu nuevo maestro pareces tener lo mismo: una fuente interminable de riqueza fértil. Enhorabuena. Ojalá yo pueda compensarte con la misma riqueza que tú me das con tus cartas"
Tal fue la respuesta de Florencio en la mejor vía de comunicación que pueda pensarse: la carta escrita.

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